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'El lobby feroz' o el poder detrás del poder

Évole muestra cómo los grupos de presión actúan dentro del Congreso de los Diputados y del Parlamento Europeo

LAURA ESTIRADO / Barcelona

Se sabe que exiten, la influencia que tienen en la vida pública, la presión que ejercen en los políticos, pero sin una regulación clara poco se conoce de su funcionamiento y sus normas. El programa 'Salvados' (La Sexta) ha tratado de arrojar luz este domingo sobre la 'mano que mece la cuna' en los parlamentos, 'El lobby feroz', ya sea el Congreso de los Diputados o el Parlamento Europeo. La fuerza de los lobbys.

Para ello, el periodista Jordi Évole se ha entrevistado, primero con Pere Rusiñol, de la revista 'Alternativas económicas', que ha empezado por admitir que él mismo ha viajado a Israel, pagado por el Gobierno de Israel, lo cual ya es una presión. Como también lo son las ruedas de prensa a las que acuden los periodistas y reciben un regalo por ello. También ha explicado Rusiñol lo sospechoso que es un ministro del Gobierno, Arias Cañete, esté relacionado con tres potentes lobbys: el petrolero, el automovilístico y el de la construcción. De ahí que Rusiñol vincule su ministerio y su figura con con las prisas que se ha dado el PP en ampliar la moratoria de la ley de costas (ley que ni siquiera llevaba en su programa electoral).

La fuerza del lobby de caza

Una ley que, por otro lado, se encargó de impulsar la exministra socialista Cristina Narbona, calificada por la revista 'Time' como "heroína medioambiental". Narbona le ha desvelado a Évole que las mayores presiones que recibió ella de los lobbys fue a través de los propios compañeros de partido. Y, en concreto, el que más la presionó a ella fue el de la Federación Española de Caza, que se negaron a aceptar una normativa para la eliminación del plomo en la cacería. Ante la incredulidad de Évole, Narbona le ha explicado que el lobby de caza sigue teniendo muchísima influencia ya que, ha recordado, el jefe del Estado es un gran aficionado a la caza. Y ahí lo ha dejado. Narbona no ha querido ahondar más en el tema, puesto que, a su juicio, "ya hay suficiente ruido entorno a la Casa Real".

Évole también ha querido saber cómo funciona un lobbista profesional. Y para ello se ha entrevistado con Agustí Uribe, consultor en RRPP especializado en resolución de conflictos. Uribe ha explicado su experiencia y cómo su grupo actuó para convencer a toda una población, a sus políticos e incluso a los grupos ecologistas de la zona para implantar un parque eólico en la Terra Alta. Ni los verdes, ni los pueblos de la comarca, ni sus políticos querían o se habían planteado la infraestructura. Sin embargo la empresa de Uribe rebatió a los ecologistas todas la pegas que ponían, mostró a los vecinos el proyecto y llevó a los políticos de la zona a visitar un parque eólico. En un año y a cambio de 90.000 euros, objetivo resuelto: molinos gigantes en la Terra Alta.

Actuación muy habitual

Uribe ha explicado que este tipo de actuaciones son muy habituales en España, lo que pasa que es una actividad que no está regularda. Quizá, sostiene, porque es un lobby el que no quiere que se regule y siga en la sombra. A su parecer, activistas como Ada Colau, también son un lobby. 

Sin embargo, Colau, la portavoz de la Plataforma de la PAH (Plataforma Afectados por la Hipoteca), siguiente entrevistada de Évole, le ha contestado que no, que ella es una ciudadana que defiende los intereses de los ciudadanos [en contraposición a los de las empresas]. Colau, ha explicado cómo llegaron a ejercer su influencia: primero se pusieron en contacto con los medios de comunicación, y luego con los partidos políticos, pero los minoritarios, "porque cuanta más representación tienen los partidos, menos te oyen", ha resumido.

Para Colau, el verdadero lobby, el más poderoso, son las entidades financieras.

La capital de los grupos de presión

Évole también ha viajado hasta Bruselas, la capital del lobby, para comprender mejor el fenómeno. Allí se ha entrevistado con Belén Balanyà, fundadora de CEO (Corporate Europe Observatory). Y ella le ha aportado cifras. Como por ejemplo, que en Bruselas están censados entre 15.000 y 30.000 lobbistas. Que allí se registran, aunque este registro es voluntario (y porque lo pidió la sociedad civil, después de comprobar que algunas medidas o leyes se hacían a medida de determinados grupos).

Balanyà le ha mostrado a Évole una ruta por los edificios que acogen las grandes empresas lobistas, que no tienen carteles con sus nombres en sus fachadas. Por ejemplo, le ha llevado hasta la sede de BASF, uno de los lobbys químicos más agresivos. Esta empresa se opuso a una legislación que preveía catalogar las cerca de 100.000 sustancias químicas que circulan en la UE. Con una campaña en los medios de comunicación alemanes en la que hicieron correr la idea de que la ley acabaría con cerca de tres millones de puestos de trabajo logró que Merkel frenara la norma, que no vio la luz.

Recomendaciones de voto

Por último, Évole ha visitado el Parlamento Europeo y el despacho de un eurodiputado, el socialista Andrés Perelló, que en su puerta ha puesto un cartel:  "Estamos dispuestos a escuchar pero no a soportar presiones". Lo ha colocad porque muchas empresas vienen a verle no solo para informarle, sino para presionarle. Por eso él, como el resto de eurodiputados, tienen un asistente (o testigo) que siempre está presente en esas reuniones. La industria, como Johnson&Johnson, o las organizaciones, como la CEOE, le envían informes que incluyen "recomendaciones de voto" para que los eurodiputados les sean favorables a la hora de votar una normativa.

Para Perelló, "legislar es complicado porque es una colisión de intereses. Y el concepto de bien común cambia según se mire".

Temas: Lobbies

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