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ENTREVISTA CON CARMEN MACHI

"Irse de 'Aída' fue difícil, tardé 2 años"

NURIA NAVARRO

Carmen Machi es la Anna Magnani de Getafe. Una de esas actrices que se abren en canal en cualquier papel que le echen. Ya sea el de la primaria 'Aída' -de la que ella se ha olvidado, pero seis millones de teles-pectadores, no- o el de la indignada Helena de Troya que ahora pone en pie en el Lliure en 'Juicio a una zorra'.

- Le gusta lo que le remueve, dice.
- Son papeles que me hacen estar viva. Y con Helena de Troya me ha pasado lo que nunca en mi vida: se apoderan de mí un dolor y una indignación infinitos. Ella fue la culpable de la guerra de Troya. Pero cuando expone los hechos, paso a paso, te preguntas: "¿Culpable por qué?".

- Por amar hasta el delirio. ¿Le ha pasado?
- Yo soy una mujer bien tratada y muy querida, pero cuando Helena habla del amor a Paris, entiendo ese amor porque yo me he enamorado así, incluso con las palabras que ella dice. "'Y le seguía como si fuera su sombra, me volvía líquida'". ¡Eso de volverse líquida me parece lo más!

- ¿Algún otro dolor la ha disuelto?
- Yo no he perdido a seres muy cercanos. Lo he sentido cuando se murió un perro, que es un dolor que no entiende el que no tiene perro. Tampoco soporto la violencia física. Y tengo horror al fuego.

- Es asmática. Y los asmáticos suelen ser gente hipersensible.
- Soy una asmática chunga. Se me declaró a los 25 años y he tenido crisis jodidas. Cuando hacía 'La tortuga de Darwin', se sentó un ciego con un perro guía en la primera fila y me dio un ataque. El papel me obligaba a una actitud corporal pésima, inclinada hacia abajo. No quería parar y, literalmente, me cagué encima. Pero seguí, con una peste que no vea... Mi médico homeópata dice que el asma viene de un abandono.

- No es su caso. ¿O sí?
- No. Pero viví algo parecido. Yo hacía una gira con 'Bajarse al moro' y tardé un año en volver a casa. Cuando volví, mi casa ya no estaba.

- ¿Cómo que no estaba?
- Mis padres habían tenido un problema económico y habían cambiado de casa y hasta de ciudad. Yo no tenía toda la información y, al llegar, fue muy extraño. Al cabo de poco tiempo tuve una crisis de asma y un brote de acné, cuando yo no había tenido un grano en mi vida. Empecé a tener muchos. Fue horrible. Estuve mucho tiempo tratándome la piel.

- Curioso. Su imagen es la de una mujer de rompe y rasga.
- Igual es que me sale la sangre siciliano-genovesa que me viene por parte de abuelo¿ Quizá tenga que ver con la vehemencia con la que hablo. O porque soy Capricornio. Aunque, la verdad, yo flipo con esa imagen porque soy muy tímida y pudorosa. Siempre temo que me malinterpreten. Por autoprotección, la timidez te lleva a crearte un personaje.

- También puede que la gente siga viendo a la paleta de la tele...
- La paleta de la tele es muy difícil de hacer. Es el papel más difícil que me ha tocado. Hay una tendencia tremenda a creer que la comedia en televisión es fácil, antiartística. Y eso es de una ignorancia total. Pero la gente no piensa en eso cuando viene a pedirme un autógrafo...

- ¿A quién diría que piden el autógrafo, a Aída o a Helena de Troya?
- A Carmen Machi. Y no crea que la gente que se acerca sea gente paleta. Si se pegara un rato a mí, se caería de espaldas. Se ha acercado un presidente del Gobierno ¿no el de ahora¿ y algún banquero. Yo creo que la gente sí sabe desligar. Voy de gira con un drama y los teatros están llenos. Y así llevo toda la vida. Cuando Aída estaba en pleno auge, yo hacía Roberto Zucco con Lluís Pasqual, ¿eh?

- Aída le pesa...
- A mí no me entristece ni siento aversión a que me asocien a Aída. Nada más lejos de la realidad.

- De hecho, podría estar en deuda con ella.
- Por supuesto. Pero estuve 10 años en dos series con el mismo personaje, sentí un clash dentro y dije: "Basta", "ya está". Nunca hago tanto tiempo un papel. A los dos años de hacer 'La tortuga de Darwin', que fue uno de los papeles que me ha dado más éxito, dije: "No más". De todos modos, el éxito no se perdona. Si aguantas en el papel, ¿lo haces por pasta? Y si lo dejas, ¿es porque estás perdiendo protagonismo? Lo dejé porque soy dueña de mis actos.

- Faltaría más.
- Tengo compañeros que llevan tres años sin trabajar, que no tienen para comer -y le daría nombres que fliparía en colores-, así que lo que le diré suena a frívolo: cuando tú entregas tu vida a un personaje te aburres mucho y a mí no me gusta aburrirme, que la vida es corta. Además, no sabe lo difícil que fue irse de Aída.

- ¿Difícil en qué sentido?
- Desde que comuniqué mi decisión hasta mi partida, pasaron dos años. Fue jodido, porque tenía una relación estrecha con la casa y quería hacerlo bien. Y cuando rompí el vínculo con la serie, que no con la tele -volveré dentro de poco, y no con 'Aída'-, tenía tres pelis y dos funciones. No me dio tiempo a echar de menos, metida como estaba en estudiar textos nuevos y en viajar. Esa es mi vida.

- Una vida curiosa. De joven fue mod, de las de ver 20 veces Quadrophenia.
- No me pega nada, ¿eh? Ja, ja. Pues sí, es evidente que Aída marca. Se creen que soy así, con su ordinariez y sus mallas embutidas.

- En vivo, es usted muy delgada, sí.
- ¡Si hasta me apretaba la cintura para regalarle a ella algún michelín! Pero me he despegado de Aída como de mil personajes. Y no me interesa la fama para nada.

- Entonces, ¿por qué meterse en un anuncio de yogur?
- Por dinero. Ahí no interpreto.

- ¿No? ¿Tiene problemas de tránsito intestinal?
- No, no. Tampoco los tiene Jamie Lee Curtis, que lleva haciendo el anuncio en EEUU hace cinco años. Es una publicidad testimonial. Yo lo he consumido. Pero ya he dejado esa publicidad, y si le hablo de la cantidad de dinero que pagaban, se cae de espaldas... Danone hubiera seguido, el trato era exquisito, pero no me interesa más. Ya está.

- Oiga, ¿a usted la pareja le dura?
- Sí.

- Y Almodóvar también. Ha participado en cuatro de sus pelis, incluida 'Los amantes pasajeros'.
- Siempre me tiene en cuenta. Pedro quería que estuviera en esta, pero me dijo: "No puedo creer que haga una comedia y no tenga dónde meterte". En el reparto estaban superamigos míos y al final hago un papel completamente anecdótico.

- No soltará más, ¿no?
- No, no.

- Lo que no es anecdótico es que está al filo de los 50 años.
- Yo tengo un problema muy grande: no me puedo creer la edad que tengo. Con tal de no pasar por ciertas cosas que he pasado -y no diré cuales-,
¡qué bien! A partir de los 40 me fueron llegando papeles que me cambiaron el concepto de cómo interpretaba. Voy cumpliendo y los personajes cada vez tienen más verdad.

- Fuera del teatro, hay otra verdad.
- ¡Desoladora! A veces me avergüenzo del lujo que es trabajar. Y por mucho que salga a gritar, a unirme contra el desastre, no puedo sentir lo que siente una persona a la que han desahuciado, coño. ¡Y lo digo con mucha rabia!

- Aun así, se compromete y grita.
- El personaje público que pega un grito ahora importa un pimiento. Yo ayudo en ciertas causas, y lo hago de corazón, pero el grito más potente es el que está pegando la sociedad.

- Usted firmó el manifiesto antisoberanista. ¿Me cuenta por qué?
- Lo firmé porque a mí me gusta formar parte de este país. Me gusta mucho Barcelona. Siempre me ha tratado muy bien. Suelo pasar aquí cuatro o cinco meses al año.

- Los podría pasar igualmente si fuera un país independiente.
- Supongo que hay mucha gente que no ha viajado fuera y cree que en Madrid se siente una especie de repulsión hacia el catalán, y eso no es mentira, es lo siguiente. En enero voy a trabajar en catalán en el Lliure ['Dispara/Agafa' 'Tresor/ Repeteix', de Mark Ravenhill]. Lo que me parece correctísimo y merecidísimo es un estado federal. Catalunya tiene que defender su cultura y su lengua, por supuesto, y yo estaré ahí, la primera, para apoyar.