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Carmen Machi: "Que Aída sea un icono gay me da placer"

ELENA HEVIA / BARCELONA

Quien se acerque al Teatre Borràs para ver a Carmen Machi, es decir a Aída, en vivo y en directo corre el riesgo de darse un chasco. Porque la intérprete madrileña está embarcada durante este mes en la representación de Auto, una obra de Ernesto Caballero, que toma su título y estructura de un ¡auto sacramental!, sin dejar por ello de ser una comedia, eso sí fina e irónica.

A Machi, actriz bregada en mil escenarios, solo le gustan los equívocos en la ficción: "Hay gente que cree que los personajes que salen en televisión son así. Creen que Aída es una señora a quien un buen día cogieron por la calle y le dijeron: vamos a hacer una serie". Cargar en el día a día con un personaje tan real como ése podría ser una cruz para cualquiera, pero ella lleva con filosofía eso de que la risa floja acompañe sus paseos por la calle. "Por suerte, en esta Barcelona atestada de guiris me reconocen mucho menos", dice entre compungida y resignada.

Ya puestos, el efecto Aída fue utilizado por Lluís Pasqual en el terrible y muy serio drama Roberto Zucco. "Mi papel era de puro sufrimiento, pero nada más aparecer en escena la gente se partía de risa. Eso le gustaba mucho a Pasqual, era un efecto buscado, pero el trabajo era mío para devolver a los espectadores a la dureza de la obra". Y es que para ella es esencial que haya vida, especialmente teatral, más allá de la televisión: "Aída, la serie, es muy buena, está muy bien hecha y estoy muy agradecida, pero para mí es también esencial hacer otras cosas". Y entre esas cosas se encuentra hacer en el futuro en el madrileño teatro de La Abadía, que es como su segunda casa, La tortuga de Darwin, de Juan Mayorga. "Una obra maravillosa".

Este va a ser un mes intenso para la actriz, que empezó el pasado día 12 a rodar una nueva temporada de la serie. "Hay Aída para rato, para hartame", explica después de calcular que entre Siete vidas y Aída lleva ocho años poniéndose en las medias del personaje. En el recuento de las cosas buenas que le ha traído el rol surge el haberse convertido en un icono gay que le ha llevado a ser pregonera en las fiestas de Chueca y actuar en una serie específicamente gay con destino internet. "Muchos periodistas me preguntan si mis seguidoras son las amas de casa. Y no, yo siempre digo que son los homosexuales, no las marujas. Haberme convertido en un icono gay me da mucho placer. ¿Qué por qué ha sido eso? No lo sé bien. Pero en fín, ella sufre mucho y no tiene pelos en la lengua a la hora de decir las cosas y eso, seguramente, ha provocado la identificación.".

El fenómeno ha hecho que Machi profundice más en un personaje del que hasta ahora creía conocerlo casi todo y que se ha convertido en un fenómeno social. "Me gusta que una mujer que no tiene atractivo físico, que es una desgraciada, que ha sido maltratada por sus parejas, que no le llega el dinero a fin de mes y con unos hijos que no le hacen puñetero caso, provoque tanto cariño y, ojo, tanto respeto. Eso a mí me dice mucho y me da qué pensar".