Insólitos casos de éxito
Locura, pasión, obstinación... La receta de cuatro 'outsiders' para montar una bodega viniendo de otros ámbitos
La Barcelona Wine Week da voz a cuatro 'cracks' que, antes de elaborar vino, se habían dedicado a trabajos muy alejados de este mundo
Así se vive en las bodegas familiares: del conflicto intergeneracional al peso del apellido
Trivial: ¿cuánto sabes de vinos?

Los bodegueros Jorge Olivera, Jesús Barquín, Daniel Landi y Fernando Mora, en la Barcelona Wine Week. / Ferran Imedio

Para montar una bodega sin más currículo que tus ganas de liarte la manta a la cabeza, da igual si eres profesor de Derecho Penal y Criminología, si has estudiado Filosofía, si ha currado como ingeniero mecánico o te has te has dedicado a la estampación metálica de alta velocidad y alta precisión para motores elétricos. Lo importante creer en tu proyecto, vivirlo con pasión, tener un punto de locura, ser obstinado y trabajar mucho, mucho, mucho. Y si la suerte llama a tu puerta, podrás vivir del vino pese a no tener pedigrí familiar. Pero con el orgullo de triunfar como un 'outsider', lo que les ha pasado a los cuatro chalados que este miércoles han compartido sus experiencias en la Barcelona Wine Week.
Son Jorge Olivera (Jorge Olivera), Jesús Barquín (Equipo Navazos), Daniel Landi (Comando G) y Fernando Mora (Bodegas Frontonio y Arom Caves), cuatro tipos que habrán escuchado más de una vez eso de 'quién dijo miedo habiendo hospitales'. Porque hay que tener valor para meterse en un terreno tan complicado pero a la vez tan apasionante como el de elaborar vinos.
Jesús Barquín (Equipo Navazos), el profesor de Derecho Penal y Criminología
Quizás el que más tranquilo podía estar en los inicios era Barquín, que tuvo la fortuna desde el inicio de no tener que depender de una cuenta de resultados y no tener que pagar las facturas con lo que sacara de Equipo Navazos. Así que, con su socio Eduardo Ojeda, "uno de los mejores enólogos de España", decidieron hacer lo que les daba la gana desde el minuto 1, aunque en algunos casos fueran vinos "estrambóticos".
¿La razón? "La necesidad y el placer de hacer algo diferente. Repetir algo no te da esa excitación e ilusión", sostiene este profesor de Derecho Penal y Criminología en la Universidad de Granada que, en sus ratos libres, escribe en publicaciones especializadas sobre vinos del Marco de Jerez, un ámbito que conoce a niveles casi de catedrático.

Vinos de las bodegas de 'outsiders' Equipo Navazos, Comando G, Jorge Olivera y Bodegas Frontonio. / Ferran Imedio
Cuando salió la oportunidad de montar una pequeña bodega, no lo dudó. "Queríamos mostrar que los grandes vinos tradicionales andaluces no solo son grandes por la crianza sino sobre todo por el origen. Queríamos apostar por las singularidades, por la viña, el 'terroir', por la añada". El tiempo les ha dado la razón y aquel convencimiento de que abrirían camino renovando la propuesta del Marco de Jerez se ha hecho realidad 15 años después. "Estamos contentos de haber demostrado a la gente joven que con poca inversión se puede hacer".
Jorge Olivera (Jorge Olivera), el ingeniero mecánico
En cambio, Jorge Olivera sí que ha cambiado por completo de vida. Estudió Informática pero solo duró un año; se puso a estudiar ingeniería mecánica industrial y trabajó más de una década en una planta química diseñando estructuras y tuberías. Hasta que creó un grupo de cata con unos amigos y comenzó a viajar para conocer bodegas. El virus se le había metido tan adentro que en 2009 plantó una pequeña viña en el pueblo de sus padres, Coscojuela del Sobrarbe (en el Prepirineo de Huesca), que décadas atrás había vivido de la viticultura pero la construcción de dos pantanos acabó con el abandono del viñedo.
"Eran para autoconsumo", apunta Olivera. Luego alquiló unas cuantas viñas más. "La película se fue haciendo más y más grande, y poner en el mercado las 1.500 botellas que estaba produciendo me obligaba a regularizar el negocio creando una pequeña bodega en 2022". Lanzó la primera añada 'oficial' en 2022 y al año siguiente pidió la excedencia para dedicarse a "un hobby, una pasión" que, confiesa, le hace currar más que en su anterior trabajo. "Es una forma de vida", resume este hombre que apuesta por variedades locales como la moristel, que produce vinos con graduación alcohólica más baja.
Daniel Landi (Comando G), el estudiante de Filosofía
Daniel Landi es acaso el 'outsider' más conocido gracias a su bodega, Comando G, cuyos vinos están en los mejores restaurantes del mundo. Había estudiado Filosofía y se nota, porque ha leído mucho y ha reflexionado aún más. Se nota en su discurso, en el que se presenta como "hijo de la vergüenza". "En aquella época, cualquier empleo parecía más digno que ser viticultor". Normal que así fuera, porque el kilo de uva se pagaba a 20 céntimos. "De la vergüenza se pasa al abandono", sentencia.
Pero él, a pesar de todo, siempre quiso dedicarse al vino porque su familia había tenido viñas en Méntrida (Toledo), pero dejaron de trabajarlas en 1983, como tantos otros en la sierra de Gredos. Y pese a no tener formación técnica. "Cuanto más te pasas en la universidad del vino, menos vinos con alma haces. Allí te dicen que no se pueden hacer vinos con raspón, sin sulfuroso… Y los vinos no se hacen desde el miedo. Mirar de manera no técnica te da una visión con más perspectiva".
Por ejemplo, apostó por la garnacha a principios de este siglo cuando nadie la apreciaba porque tiene poco color, porque decían que no valía para envejecer y que solo servía para mezclas. Landi, en definitiva, defiende que debes tocar creer en lo que haces hasta las últimas consecuencias: "Tienes que tocar tu propia música, hacer el libro que quieres escribir, no el que quieren leer". Él lo ha hecho, y el resultado es que de la vergüenza y el abandono se ha pasado al orgullo, se vuelven a celebrar fiestas de vendimia y, ahora, el kilo de uva se vende a dos euros.
Fernando Mora (Bodegas Frontonio y Arom Caves), el ingeniero electromecánico
El zaragozano Fernando Mora también habla de orgullo los abuelos que han visto como ha vuelto a trabajarse la viña en sus pueblos. También habla del quinto elemento de la naturaleza (agua, tierra, fuego y aire): la sensibilidad de humana. La que reivindica para hacer grandes vinos este Master of Wine desde 2017, que está detrás de Bodegas Frontonio y Arom Caves, proyectos que puso en marcha después de haber dejado su trabajo: estampación mecánica de alta velocidad y alta precisión para motores eléctricos. "Me enamoré de este mundo visitando bodegas y probando vinos viajando por el mundo con un jefe al que le encantaba beber el vino del sitio donde íbamos". Aquel trabajo le llevó a este trabajo.
Mora empezó haciendo vinos de garaje y encontró viñas viejas de montaña en Alpartir, un pequeño pueblo zaragozano, con cuyas uvas elabora vinos que luego guarda en antiguas cuevas subterráneas. Vinos finos, frescos, finos, frescos, con una graduación baja... que le han convertido en una referencia indiscutible en el panorama vitivinícola. Lo que nadie se espera de un 'outsider'.
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