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Cata Menor

El búnker con más de un millón de botellas oculto en una viña de Esparreguera

La finca de Ca N'Estruc, que existe desde 1548, acoge una bodega y el almacén subterráneo de vinos de Vila Viniteca

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Siscu Martí y Quim Vila, en el almacén subterráneo de Vila Viniteca, en Esparreguera.

Siscu Martí y Quim Vila, en el almacén subterráneo de Vila Viniteca, en Esparreguera. / Pau Arenós

Pau Arenós

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En Ca N’Estruc, en Esparreguera, a los benefactores pies de la montaña de Montserrat, la vida más importante es la subterránea, donde se entrelazan las diferentes raíces de esta casa fundada en 1548.

Bajo el suelo, el viejo sistema radicular de las viñas de Can Treco, xarel·lo con 80 años; la bodega excavada para respetar el paisaje y el almacén de Vila Viniteca, un búnker donde celebrar el apocalipsis entre las mejores botellas.

El almacén bajo tierra de Vila Viniteca en Esparreguera.

El almacén bajo tierra de Vila Viniteca en Esparreguera. / Pau Arenós

Antes de invitar a pasar a las profundidades, Siscu Martí, socio de Quim Vila, dice zumbón, con la media sonrisa que acompaña los ojos entrecerrados: “En el caso de invasión de Trump, aquí está el refugio”. De poder elegir, el Pingus 2018, que luego aparecerá en la mesa junto a los jarretes de ternera, grandes como columnas, que ha preparado José Luis Paredes, el cocinero de Ca N’Estruc.

En el mismo punto desde el que propone asilo, junto a una nave convencional, Siscu señala el aparcamiento: “Está ahí debajo”. Ahí debajo.

Siscu Martí, en la bodega Ca N'Estruc.

Siscu Martí, en la bodega Ca N'Estruc. / Pau Arenós

Vestidos con chalecos fosforitos, según las normas de seguridad, hay que coger unas escaleras para llegar al mirador o balcón. Delante, ¡un millón de botellas! almacenadas en una caja de hormigón de 13 metros de altura. “La tierra que sacaron fue a la viña”, dice Quim. La tierra vuelve a la tierra. La raíz alimenta la tierra.

En el fondo del fortín, el trasiego de los elevadores, que suben y bajan los palets de las estanterías metálicas. “Cada día entran y salen 55.000 botellas”, cuenta Quim. Las magnitudes son fabulosas. “Esto es como una farmacia. Piden la botella en Madrid y mañana la tienen”, explica Siscu.

Las cajas con la botellería están ordenadas por números, en un sistema racional para que nadie se equivoque, así que todo está mezclado, sin clasismo. Tal vez la Romanée-Conti (36.950 €) duerma junto al Borsao (5,40 €).

Botas de la bodega Ca N'Estruc.

Botas de la bodega Ca N'Estruc. / Pau Arenós

En el mundo hay algunos almacenes vinícolas convencionales de considerable tamaño: probablemente este sea el único de gran magnitud enterrado y, además, en una viña, en coherencia con el objeto tratado. 

El pretexto de la visita es la presentación del cartel del 18º Premi Vila Viniteca de Tast per Parelles, que convoca a los catadores el 22 de febrero en la Casa Llotja de Mar, en Barcelona. Las inscripciones se agotaron a la velocidad del suspiro y colapsaron el deseo de quienes aspiraban. Para esa jornada de cata, Verònica Fuerte, de Hey Studio, ha diseñado el cartel: unos coloridos redondeles con múltiples interpretaciones, del racimo a la competición y a los culos de las botellas.

José Luis Paredes, cocinero de Ca N'Estruc.

José Luis Paredes, cocinero de Ca N'Estruc. / Pau Arenós

Siscu Martí Badia (1956) vive aquí, nació aquí, su madre vive aquí, hace vino aquí, lleva desde aquí la organización de la empresa que comparte con Quim. Desde el aire, la bodega Ca N’Estruc no existe porque está soterrada y es otro secreto en esta propiedad donde lo importante permanece oculto.

Con Pol Urpí, enólogo de Ca N’Estruc, probamos lo que todavía no existe: el próximo Idoia –nombre de una de las hijas de Siscu–, las uvas recolectadas en septiembre del 2025, el xarel·lo, macabeu, chardonnay y garnacha.

Lo embotellarán en primavera y saldrá a la venta en el 2028 y es como leer una bola de cristal: promete las mismas alegrías que el Idoia 2021, que luego beberemos en la correspondiente copa Riedel y como complemento de unos guisantes del Maresme con jamón Maldonado y trufa.

Rodeado de las botas que guardan los vinos del Idoia del mañana, Siscu se ha ido exaltando, revelando su condición de viticultor, con los pies en el suelo aluvial y a escape de los balances: “Hacer vino es mejor que una cuenta de explotación, ¡hacer vino es un placer!, ¡hacer vino es la ostia!”. Hacer vino. Guardar vino. Beber vino. 

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