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Gastronomías

Bodega Rabassaires: el enólogo que hace vino en un barrio de Sabadell

Encontrar una bodega artesanal en medio de una ciudad de 225.000 habitantes es una rareza que ha hecho posible el viticultor Iñigo Haughey, empeñado en recuperar viñedos en el Vallès Occidental

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Iñigo Haughey, con sus vinos en la bodega Rabassaires, en el barrio de Gràcia de Sabadell.

Iñigo Haughey, con sus vinos en la bodega Rabassaires, en el barrio de Gràcia de Sabadell. / Pau Arenós

Pau Arenós

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La circunstancia vitivinícola de Iñigo Haughey Barquín es excepcional: ¿cuántas ciudades del área metropolitana de Barcelona amparan una bodega? No la bodega entendida como espacio en el que despachan vinos, sino como una nave donde fermenta y reposa.

En Sabadell, en el barrio de Gràcia, Rabassaires y los toneles de roble francés y americano y los depósitos de acero inoxidable y las vigas de madera y las paredes y los suelos blancos y ese olor a sustancia sabrosa, densa, invasiva. Rabassaires (Jacint Verdaguer, 108) es una sorpresa en un sitio inesperado.

De padre irlandés y madre vasca y nacido en 1987 en Terrassa y criado en Ullastrell y Sant Cugat, Iñigo intenta una proeza: la recuperación de las viñas del Vallès Occidental, que fue tierra de vinos y hoy es cruce de autopistas.

El nombre de la empresa tiene contenido político. La vid es una planta política.

La bodega Rabassaires en el barrio de Gràcia de Sabadell.

La bodega Rabassaires en el barrio de Gràcia de Sabadell. / Pau Arenós

En la nave, banderas azules con frases: 'transformem el suburbi en vinya' o 'la rabassa morta, més viva que mai'.

La 'rabassa morta': «Era un contrato que el viticultor tenía con la propiedad por las 'rabasses'. Cuando morían dos tercios, finalizaba el contrato». Una 'rabassa' es una cepa. Iñigo se siente vinculado a esa raíz: «No somos propietarios. Nos ha costado dios y ayuda conseguir contratos en el Vallès».

Las botas de la bodega Rabassaires.

Las botas de la bodega Rabassaires. / Pau Arenós

Tiene tierras alquiladas en Sant Cugat, en Terrassa, donde recupera la variedad 'terrassenc' o 'negrelló', y en Cerdanyola y el 'celler' en Sabadell, que inauguró con la sangre de la cosecha del 2025.

Rabassaires brotó en el 2017, al mismo tiempo que Iñigo era responsable de producción de Can Calopa, la única viña de Barcelona, situada en Collserola de Todos los Jabalís y que gestiona la cooperativa L’Olivera.

Y fue en esas instalaciones donde comenzó con sus vinos, desplazada ahora la elaboración a la cocapital vallesana. Rabassaires ha sido singular desde el comienzo.

Iñigo Haughey, con una copa del nuevo vino de Rabassaires.

Iñigo Haughey, con una copa del nuevo vino de Rabassaires. / Pau Arenós

Iñigo, que fue jardinero y estudió paisajismo y enología, la viña como paisaje útil, habla en plural pero está solo –tuvo un socio; su pareja, Jara, estudia enología y se incorporará– y está presente en la totalidad del proceso y en torno a los ocres, de la tierra a la cuba.

Trabaja las fincas, que plantó en el 2023 y que serán productivas entre el 2027 y el 2029, y controla las uvas de los terrenos de unos colegas payeses con las que ha embotellado hasta la fecha: los jóvenes Medir y Cugat; el 'brisat' Orbis, el único natural y en vasija de barro, y los crianza Brea y Suburbial. En total, 14.000 botellas.

Los vinos de Rabassaires, en el restaurante Can Feu, en Sabadell.

Los vinos de Rabassaires, en el restaurante Can Feu, en Sabadell. / Pau Arenós

Véase el alma metropolitana: «Esta es una bodega urbana y una agricultura periurbana». La conciencia de lo verde en lo gris. Fuera de las DO, etiqueta como vino de mesa. Puede que el vino de mesa sea la salvación de los nuevos viticultores: pertenece a la asociación Vinyataires Lliures.

La del 2025 será la primera añada sabadellenca, tras los años de Collserola. «Ni filtramos ni clarificamos, pero sí que añadimos sulfitos, excepto a Orbis. Intentamos hacer las cosas bien, con criterio técnico, conocimiento», dice. «Artesanía», dice.

Prueba, huele, prueba, prueba, prueba. «Sigo mucho el proceso. Me gusta el chup-chup, la fermentación», dice. Saber qué pasa.

Ha «habido fermentación espontánea», dice. No sabe de dónde llegan las levaduras, si del campo o del ambiente. ¿Existirá una levadura de Sabadell? ¿Una levadura de Gràcia? «Me gusta mucho este barrio, la mezcla entre viviendas e industria», dice.

El 'trinxat' del restaurante Can Feu, en Sabadell.

El 'trinxat' del restaurante Can Feu, en Sabadell. / Pau Arenós

Probamos lo inédito, la malvasía y el 'macabeu'-'xarel·lo' (también conocida como 'pansalet') y la garnacha-monastrell (también conocida como 'mataró'), blancos y negros, de los depósitos y exploramos las barricas y los 'rookies' del 2025 y los veteranos del 2024. Van camino de formar un gran equipo. En marzo, Iñigo embotellará unos y a otros.

Quiere que Rabassaires no sea un lugar estático, sino dinámico, con actividad: de momento, abre como bar las tardes-noches de jueves y viernes y sábado y domingo. El cliente elige la terraza o el chateo en el interior entre el acero y la madera.

A la espera de las novedades de marzo, el disfrute de las referencias anteriores, Medir, Cugat y Orbis del 2024 y Suburbial y Brea del 2023, que Iñigo carga en una caja para una degustación en el restaurante Can Feu, a 15 minutos a pie. Es nuevo en estas calles que un día fueron la Manchester catalana, vapores y chimeneas, y quiere dar a conocer sus productos.

Pep Villagrasa, el cocinero y propietario, tiene interés y curiosidad y estupor al saber de la existencia de una bodega cerca de casa. Los barrios de Gràcia y Can Feu son vecinos.

Menú de mediodía con mantel y copas Riedel y 'trinxat' con 'cansalada' y butifarra negra y merluza a la donostiarra y flan delicioso y el recorrido líquido por Rabassaires.

Sí, mira, Pep, es un tío que ha abierto una bodega en Gràcia… Pues qué chaladura.

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