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Sueño americano

Sacred Slice Pizza: Barcelona ya tiene la pizzería estilo Nueva York que le faltaba

Una familia estadounidense abre un establecimiento que sirve elaboraciones como las que se pueden probar en la ciudad de los rascacielos

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Alex y Mark Hernández, en el confesionario de Sacred Slice Pizza.

Alex y Mark Hernández, en el confesionario de Sacred Slice Pizza. / Belén González

Laia Zieger

Laia Zieger

Barcelona
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Hay modas que llegan, se multiplican y acaban cansando. La pizza, por suerte, parece inmune a las idas y venidas. Barcelona lleva años viviendo una auténtica edad de oro pizzera, pero entre tanta masa napolitana, bordes inflados y fermentaciones infinitas, seguía faltando una gran clásica internacional: la auténtica pizza estilo Nueva York. No una reinterpretación. No una versión de autor. La de verdad.

La que se vende por porciones gigantes, se dobla con la mano antes de darle el primer mordisco y tiene un queso que se estira hasta el infinito. Masa fina pero flexible, ligeramente gomosa, con esa textura casi adictiva que convierte cualquier paseo por Manhattan en una sucesión de paradas improvisadas frente a un escaparate. Ahora ya está aquí. Se llama Sacred Slice Pizza (Roger de Llúria, 155) y abrió este junio. Pero detrás de sus pizzas hay una historia mucho más interesante que la de otra nueva apertura.

Sacred Slice Pizza

Roger de Llúria, 155. Barcelona

Tf.: 683.665.107

sacredslicepizza.com

Precio medio (sin bebidas): 20 €

Mark y Alex Hernández, de Washington DC, nunca imaginaron que acabarían montando una pizzería en Barcelona. Hace apenas tres años vivían en Oregón con su hija adolescente. Hoy hablan de Barcelona como si llevaran aquí media vida. "La decisión fue muy sencilla. En el colegio enseñaban a nuestra hija cómo actuar en caso de un tiroteo. Ese fue el momento en el que pensamos: no queremos que crezca así".

No hablan desde el resentimiento, sino desde el cansancio. Describen un ambiente político cada vez más crispado, una sociedad donde la violencia con armas se ha normalizado y una forma de vivir demasiado acelerada. "En Estados Unidos todo gira alrededor del trabajo. Productividad, productividad y más productividad. Aquí descubrimos otra forma de vivir. Nos enamoramos del ritmo mediterráneo. Barcelona es, sin duda, nuestro hogar".

La acogida del barrio les marcó desde el primer día y ahora quieren devolver ese cariño. "Somos extranjeros y queremos integrarnos de verdad. Nos esforzamos para que todo esté también en catalán, participamos en actividades del barrio y queremos que este sea un sitio donde entren familias, vecinos, trabajadores... Una pizzería de toda la vida". Y eso se nota nada más cruzar la puerta.

"Invertimos aproximadamente 400.000 euros para poner en marcha el restaurante. Esto incluye el traspaso, la construcción, el diseño, los aspectos legales, el equipamiento y el coste de los materiales necesarios para empezar. Empezamos de cero, así que hubo muchos gastos iniciales para abrir las puertas", comentan sobre su apuesta empresarial. "Diríamos que este proyecto habría costado un poco más en Estados Unidos. La economía de abrir un restaurante varía mucho de un país a otro. Fue una experiencia de aprendizaje increíble. Disfrutamos mucho del proceso".

La decoración mezcla neones rojos, madera oscura, rock and roll y decenas de vírgenes reinterpretadas por el artista local Ramon Maiden con su estilo 'tattoo art'. "Venimos de familias católicas, aunque no somos practicantes. Nos fascina toda esa estética de iconografía religiosa... pero llevada a nuestro universo". El resultado tiene algo entre un bar del Lower East Side y un templo pagano dedicado al queso fundido.

La pizza que echaban de menos

Lo que empezó siendo nostalgia acabó convirtiéndose en un proyecto de vida. Mark llevaba años preparando pizzas para amigos en casa. "Siempre nos ha encantado la pizza estilo Nueva York y, cuando llegamos a Barcelona, Mark empezó a prepararla en casa para nuestras cenas con amigos. Compramos un pequeño horno doméstico... Luego uno más grande... y de repente aquello dejó de ser un hobby". Durante dos años investigó, viajó varias veces a Nueva York, perfeccionó recetas y acabó encontrando el local perfecto en Barcelona. "Sacred Slice Pizza es nuestro futuro. Más que un trabajo a tiempo completo... es un trabajo a más que tiempo completo", dice entre risas.

Su obsesión era reproducir exactamente el estilo neoyorquino. La masa fermenta durante 48 horas, utiliza una harina de mayor fuerza y se hornea entre siete y ocho minutos en un horno eléctrico a unos 300 grados. "No queremos una pizza cualquiera. En Nueva York muchas están ya preparadas y se recalientan. Nosotros preferimos hacerlas al momento. Queremos que cada una salga perfecta."

Se pueden pedir por porciones -como manda la tradición-, enteras de 30 centímetros o en formato XXL de 46 centímetros para compartir. Las favoritas del público ya tienen nombre propio. La Pepperoni Hot Honey, con la miel picante que el propio Mark prepara cada dos días; la Forbidden Fruit, donde ricota, gorgonzola y pera asada forman una combinación sorprendentemente equilibrada; y la Sacred, que mezcla 'pepperoni', salchicha española, jamón serrano, cebolla caramelizada, pimiento rojo, pecorino romano y un toque final de miel picante.

Alex y Mark Hernández, en el confesionario de Sacred Slice Pizza.

Alex y Mark Hernández, en el confesionario de Sacred Slice Pizza. / Belén González

La carta apenas se desvía del guion: algunas ensaladas, cerveza, vino, cócteles -como el Mezcal Old Fashioned, el Pistachio Martini o la Margarita- y un postre que ha empezado a tener auténticos seguidores. "La gente se enfada cuando se acaba", bromea Alex sobre su Midnight Mass Chocolate, una monumental tarta de chocolate que tarda cinco horas en preparar. "Hasta quienes dicen que no les gusta el chocolate acaban enamorados de ella".

Aquí nadie pretende reinventar la pizza. Simplemente hacer la que Mark siempre ha amado. "Ya estaba cansado de ir a sitios donde me servían la pizza en un plato con cuchillo y tenedor. ¿Qué es eso?", ríe. En Sacred Slice se sirve sobre una bandeja metálica, con papel, exactamente igual que en Nueva York. Y sí. Se come con las manos.

Antes de marcharse conviene asomarse al fondo del local. Allí espera un confesionario auténtico que esconde una pequeña sorpresa. No vamos a estropearla. Solo diremos una cosa: después de probar esta pizza, uno sale con muy pocos pecados... y muchas ganas de volver.

Ubicación de Sacred Slice Pizza en Google Maps.

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