Relevo generacional
La Taronja: la clienta de 28 años que salvó el bar de toda la vida (de la suya, también)
Amelia Platón tomó las riendas de una de las casas de comidas más queridas del barrio de Galvany cuando sus dueños se jubilaban y ha mantenido su esencia
Una nueva generación rescata bares y restaurantes históricos con mínimos cambios y máximo respeto
Los mejores restaurantes de Sant Gervasi-Galvany para dejarse caer por la zona alta (1)

Amelia Platón, con varias tortillas en Bar La Taronja. / El Periódico

Hay bares que sirven desayunos. Y luego están los que sirven recuerdos. Lugares donde varias generaciones han compartido cafés, almuerzos antes del trabajo, comidas familiares o el bocadillo de media mañana. En Sant Gervasi, uno de esos establecimientos es La Taronja.
Desde 1975, esta casa de comidas ha sido un punto de encuentro para los vecinos del barrio de Galvany. Durante décadas, la pareja formada por Alberto y María Rosa estuvieron al frente del negocio junto a sus hijos, convirtiéndolo en una auténtica institución de barrio. Cuando decidieron jubilarse, en septiembre de 2024, ni siquiera se planteaban traspasarlo. Pensaban bajar definitivamente la persiana. Hasta que miraron al otro lado de la barra y encontraron a la persona adecuada.
Bar La Taronja
Madrazo, 119. Barcelona
Tf.: 93.200.06.76
Instagram: @lataronja_barcelona
Precio medio (sin bebida): 15-20 €
Amelia Platón tiene 28 años y es difícil encasillarla en una sola profesión. Farmacéutica de formación, también especializada en Nutrición, tras estudiar creó su propio proyecto, fusionando ambas disciplinas a través de recetas y planes de alimentación saludables que reparte a domicilio. En 2021 participó en la novena edición de 'Masterchef', consolidó después su faceta como creadora de contenidos gastronómicos -hoy reúne más de 150.000 seguidores en Instagram bajo el perfil @ameliciousmchef9- y ahora suma una nueva etapa: dirigir una casa de comidas con cinco décadas de historia. Lo curioso es que nunca había sido su plan. "Jamás había pensado tener un restaurante", reconoce.
La explicación hay que buscarla muchos años atrás. "Mi recuerdo de pequeña es venir aquí con mi madre y mis abuelos a desayunar una tortilla de berenjena. Era nuestro sitio." Los antiguos propietarios conocían bien a aquella niña que había crecido entre aquellas mesas. Sabían que disfrutaba cocinando y que había pasado por 'Masterchef'. Cuando decidieron retirarse, le propusieron continuar con el negocio. "Lo que me movió fue que no quería que cerrara el bar donde había venido toda la vida con mi familia". Más que una oportunidad empresarial, fue una decisión sentimental.
Quien entra hoy en La Taronja apenas percibe cambios. La inmensa barra de madera sigue ocupando el centro del local. Permanecen las mesas y los bancos de siempre. El nombre tampoco se ha tocado. Todo parece detenido en el tiempo. "Yo quería mantener la esencia", explica Amelia.

Amelia Platón, con un tortilla en Bar La Taronja. / El Periódico
Y esa voluntad también se trasladó a la cocina. Antes del relevo, Alberto regresó unos días al restaurante para enseñar personalmente a las cocineras cómo elaborar algunas de las recetas que habían dado fama a la casa. "La tortilla tenía que seguir siendo la misma, porque es riquísima".
8 variedades de tortillas
Las tortillas continúan siendo el gran reclamo del establecimiento. Cada día preparan alrededor de ocho variedades distintas, adaptándose al mercado y a la temporada. La clásica de patata con cebolla sigue siendo la más solicitada, seguida por las de berenjena o calabacín. "Me encanta que la gente también pida opciones con verduras, como las tortillas, y percibir que los vegetales no son aburridos", comenta esta nutricionista convencida de que comer bien no está reñido con disfrutar.
Junto a las tortillas conviven los desayunos de siempre: bocadillos, flautas, bikinis y embutidos que llenan el local desde primera hora de la mañana. Pero al mediodía la propuesta cambia por completo. Aquí no hay carta ni menú de mediodía. "Cada día compramos en el mercado de Galvany y decidimos qué cocinar". En la pizarra pueden aparecer un gazpacho de cerezas, una ensaladilla rusa, una 'parmigiana', unas albóndigas con arroz o cualquier otro plato elaborado con producto fresco del día.
"Esto es una casa de comidas"
"Más que un restaurante, esto es una casa de comidas. Quiero que quien venga coma como en casa. Platos sencillos, bien preparados, con buen producto y cuidando mucho la relación con los proveedores y el origen de los ingredientes. También me gusta que siempre haya propuestas saludables, algo muy ligado a mi formación."
La filosofía también permanece intacta. "Quería que la gente siguiera sintiendo este lugar como suyo. Que el equipo conozca a los clientes por su nombre, que sepa cómo toman el café. Aquí hay muchísimo cliente fijo y quería que eso no cambiara". Y no ha cambiado. Los antiguos propietarios siguen viviendo en el barrio y también continúan entrando con frecuencia. "Prueban los platos, me aconsejan... Me encanta que entren y se sientan como en casa".
Al mismo tiempo, las redes sociales de Amelia han acercado La Taronja a una clientela más joven que hoy comparte barra con los vecinos de toda la vida. bEn una Barcelona donde cada vez más jóvenes optan por recuperar negocios históricos en lugar de transformarlos radicalmente, este establecimiento representa esa nueva corriente que apuesta por preservar la identidad de los comercios de barrio. No busca reinventar un clásico, sino darle continuidad.
"Es muy emocionante haber seguido con La Taronja. Aquí he venido toda la vida con mis abuelos y con mis padres, y ahora es mío. Se iba a perder porque ni siquiera pensaban en traspasarlo. Sentí que mi casa de comidas de siempre no podía desaparecer. Lo que más ilusión me hace es haber mantenido este lugar familiar y que aquí se sigan creando nuevos recuerdos".
El local abre de lunes a viernes de 8.00 a 16.00 horas y los sábados hasta las 13.00, y el precio medio de cualquier comida rara vez supera los 20 euros. Pero quizá su mayor valor sea otro: seguir siendo ese lugar donde el camarero conoce tu nombre y recuerda cómo te gusta el café antes incluso de que lo pidas.
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