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Tendencia

No solo son los extranjeros: cada vez nos animamos más a cenas a las 6 de la tarde

La franja maldita ya no lo es para alegría del hostelero: a los de fuera, los grandes impulsores del cambio, se suman los clientes de aquí

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El restaurante Brutalista (Madrid), uno de los que se ha sumado a crear una carta para la franja de tarde.

El restaurante Brutalista (Madrid), uno de los que se ha sumado a crear una carta para la franja de tarde. / Álex de la Roots

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Javier Sánchez

Javier Sánchez

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Son las seis menos 10 de la tarde y Albert Adrià nos atiende por teléfono con cierta premura. "Perdona que no te pueda dedicar más tiempo: en Enigma arrancamos el servicio a las 18.30". En el restaurante barcelonés con dos estrellas Michelin trabajan solo ese turno, lo que permite que el personal cumpla con sus horas -es más, cierran el fin de semana-, sin que tengan que preocuparse por la falta de clientes. La entrada se produce de forma escalonada, pero los primeros ya están sentados cuando muchos ciudadanos están aún en otros locales cercanos con el café post-almuerzo. Un mismo país, dos velocidades

No es un caso único, en el también biestrellado Mont Bar (Barcelona) se cogen reservas a las 17.30 para probar su menú. Y un día cualquiera a las 7 de la tarde, Disfrutar (Barcelona) es todo un espectáculo de actividad: no es que abran en ese momento, es que ya hay unas cuentas mesas avanzando a buen ritmo por el largo menú degustación del triestrellado

"Esto no es algo nuevo, ya trabajábamos muy bien por la tarde en la época de Tickets, pero es verdad que ahora es cada vez más habitual. También es cierto que es un arma interesante para el hostelero porque, si tienes 40 asientos, te permite dar 80 servicios, si consigues que haya un turno de tarde que funcione", comenta Adrià. 

Albert Adrià, en Enigma.

Albert Adrià, en Enigma. / Jordi Otix

Con los extranjeros llegó el cambio

El hostelero ya no se echa la siesta. Así lo explica Sergio Femosell, del restaurante madrileño Azahara, situado en el barrio de Salamanca: "El cliente nacional cada vez se sale más de los horarios tradicionales de cocina, pero la clave es que se ha sumado mucho cliente internacional. La franja entre comida y cena, que antes era muy relajada, hoy genera una facturación muy interesante y nos permite optimizar mucho la rotación de mesas", cuenta.

Femosell aclara que no habla de picoteo: "Muchos clientes hacen una comida completa, tomando platos principales, como una carne o un pescado. El cliente extranjero está especialmente cómodo reservando a las 18 o las 19 horas". 

El público de fuera también llena las tardes del asador La Cabrera (Madrid), que mantiene una oferta de cocina continua desde las 12 hasta las 23.30, con toda la carta disponible. "Sobre todo, a esas horas llegan familias y grupos grandes. Es habitual que pidan entrantes, pero que luego terminen con algún corte de carne, como un ojo de bife", observa Luz María Nuñez, directora de operaciones del restaurante.

El restaurante Ramón Freixa Tradición ofrece toda su carta a todas horas.

El restaurante Ramón Freixa Tradición ofrece toda su carta a todas horas. / Ramón Freixa Tradición

Ramón Freixa también inauguró su restaurante Ramón Freixa Tradición (Madrid) en verano de 2025 con esa misma visión de "se puede pedir de todo, a todas horas" que ha mantenido y que se alinea con la tendencia de dar de comer por la tarde. "Muchas veces los clientes se sorprenden porque piensan que solo habrá cosas frías o alguna cosa suelta... pero no, aquí tenemos toda la carta disponible", comenta el cocinero. 

El chef catalán puntualiza sobre el público mayoritario que llena las franjas de tarde: extranjeros sí, pero con matices. "Hay turistas que llegan de viaje y que buscan comer bien a las cinco, a las seis o las siete... Pero también estamos hablando de público extranjero que reside en la ciudad y que, sencillamente, tiene otros horarios. Y se suman clientes nacionales que, por ejemplo, cuando hay partido de Champions League, vienen a cenar antes".

La tendencia va más allá de las zonas céntricas. En el barrio de Sarrià barcelonés, Colmado Carpanta ofrece en cualquier momento la posibilidad de tomar un fricandó o unos callos. "Nosotros no tenemos turistas, todo nuestro cliente es local y, aún así, hemos notado que ha crecido mucho la afluencia alrededor de las 19 horas. Cada vez hay más gente que hace una merienda-cena o cena temprana, como queramos llamarlo", cuenta Adrián López, uno de los fundadores del restaurante. "De hecho, aunque ahora mismo solo tenemos abierta la barra por la tarde, no descartamos que en un futuro próximo también se pueda pasar al comedor en esa franja horaria".

Menos mediodías, más tardes

Pablo López, al frente de Brutalista, uno de los restaurantes que más ruido han hecho en Madrid desde su apertura en 2022, decidió hace un par de semanas renunciar al mediodía entre semana ("era una franja que no estaba funcionando", sentencia) para pasar a ofrecer una carta específica desde las 17 a las 20 horas. Cree que hay público para ello -está en una de las zonas que más turistas atrae en el Madrid postpandémico, -las cercanías del Templo de Debod-, alrededor del cual muchos se arremolinan para ver el atardecer. 

La observación de López también tiene que ver con una tendencia en auge: "Hay mucha gente que cada vez come más en cafés de especialidad y similares... toma una ensalada, un sándwichito... Y por otro lado también están los 'wine bars', que no son restaurantes, pero que muchas veces hacen ese papel", observa López.

De momento, sí que nota que al Brutalista vespertino acuden "muchos colegas hosteleros a tomar algo antes del servicio de la noche". Lo que viene siendo una merienda-cena de toda la vida. Para ello, ha introducido en la oferta platos "más de bar" como unas patatas con alioli de aceite de sésamo y caballa escabechada o su versión de unos huevos revueltos

Las patatas alioli con caballa escabechada de Brutalista.

Las patatas alioli con caballa escabechada de Brutalista. / Álex de la Roots

Cada vez menos nocturnos

En lo que sí coinciden muchos hosteleros es en la caída en desgracia de la franja de la noche. Las reservas a partir de las 23, en lo que antes era el turno preferido en aquellos restaurantes que doblaban, ya no seduce a (casi) nadie. También ha caído mucho la sobremesa nocturna: lo de tomarse una copa y acabar saliendo del garito pasada la 1 parece una historia de otro mundo."Los turnos a partir de las 22.30 han dejado de venderse. Es el fin del carro de 'gin tonics", sentencia Adrià. 

Pablo López lo explica desde la óptica madrileña, siempre un poco más noctámbula. "Aquellos turnos de antaño en los que alguien empezaba a cenar a las 23.30 están desapareciendo. Yo cojo las últimas reservas hasta las 22.30". Más europeos que nunca, al menos en las cosas del comer.

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