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Cata Menor

"Cómo odio la 'pilota', cómo odio los macarrones"

Nuestra capacidad de fastidio es infinita y el nacimiento de las tendencias, un misterio, a veces, organizado

La carne con patatas al estilo bistró quiere convertirse en el nuevo plato de moda

Vinilos, vinos y viandas: la (buena) música ya no solo suena de fondo en bares y restaurantes

La 'pilota' Strogonoff de la Bodega Josefa.

La 'pilota' Strogonoff de la Bodega Josefa. / Pau Gracià

Pau Arenós

Pau Arenós

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Nuestra capacidad de fastidio es infinita y el nacimiento de las tendencias, un misterio, a veces, organizado. Parece que las dos partes de la oración estén desconectadas, con una relación que resuelvo en los siguientes párrafos.

A menudo, las modas se deciden de forma artificiosa, por interés económico de un colectivo que lanza un anzuelo con carnada, y otras, nacen de la observación y la copia. Las modas gastro arrastran la modestia, muy eficaz, de la imitación. De reojo se mira al pionero para incorporar, si gusta, lo ajeno. Con abuso, con jeta, silbando.

Los macarrones de la Fonda de Pirenaicas.

Los macarrones de la Fonda de Pirenaicas. / Pau Arenós

Pongamos el ejemplo de los macarrones, pasta que hasta tres lustros era un jugador fijo en menús escolares y de mediodía, raramente agraciados por el cariño de quien los cocinaba. Hoy se han generalizado, sinopsis de una rara modernidad que bebe de lo antiguo, con una buena confección y un precio más elevado. Indudablemente mejores, son más caros, lejos de la pasta blancuzca, deshecha y con un manchurrón de tomate medio crudo encima.

Parece que lo popular está condenado a ser mísero, discreto, despreciable. ¿Acaso la macarronada no debería alcanzar la excelencia y el artífice, recompensado en justicia? En el súper, el kilo de macarrones de un obrador artesanal catalán cuesta 6,60 € y el de una multinacional italiana, 3,38. ¿A quién queremos apoyar?

La 'pilota' rectangular del restaurante Trü.

La 'pilota' rectangular del restaurante Trü. / Marc Asensio Clupes

¿Lo tolerable ha sido sobrepasado y el macarronismo ya molesta? No a mí, porque los macarrones, como las patatas fritas, son el contador Geiger para detectar la radioactividad de un establecimiento. Lo que agota es la repetición porque sí, porque toca, porque mola: se sirven paladas de macarrones de cardenal sin que el restaurador se haya preocupado por la receta del siglo XIX. ¿Quién reproduce la fórmula original de 'La cuynera catalana'

Con alegría, la 'pilota' ha salido a jugar más allá de la escudella, que también ha sido sometida a la óptica revisionista con gracia, como en el caso de Franca, Arraval o Barra Oso, los tres, en Barcelona.

Pronto, alguien dirá sentirse harto de una escudella desacomplejada que no ha probado. Cabreados y picajosos, mejor no hacer nada. Que se sequen todas las fuentes de escudella por no desviarnos de una tradición que tampoco seguimos.

Los macarrones con guiso de pollo de Fragments.

Los macarrones con guiso de pollo de Fragments. / Elisenda Pons

Respecto de la 'pilota', el goce de disfrutarla fuera de contexto y como protagonista. Con salsa Strogonoff en la Bodega Josefa, con patatas especiadas en Arraval, en un ‘farcellet’ en La Sosenga, en una brocheta y rectangular en Trü. Se pondrá de moda, lo sé, y luego, nos aburriremos. “Nye”, diremos, “cómo odio la ‘pilota’, cómo odio los macarrones”. 

Como odiaremos la omnipresencia del fricandó, como odiaremos el flan (ah, ¿no lo odiamos ya?), como odiaremos los puerros confitados y con avellanas encima, como odiaremos los huevos mimosa, como odiaremos las múltiples vidas del bikini, como odiaremos el filete con salsa Café de París, como odiaremos el ‘vitello tonnato’, como odiaremos la sopa de cebolla versionada (¡y el bikini de cebolla!), como odiaremos las flores abiertas de alcachofa, como odiaremos las albóndigas Strogonoff, como odiaremos el cóctel de gambas, como odiaremos la decoración de velas derretidas y la recuperación de los vinilos y los tocadiscosNuestra capacidad de fastidio es infinita. 

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