Comer por menos de 15 €
Menú del día: Bar restaurante Fandi, alimentando bien en Can Cuiàs
Este establecimiento de Montcada i Reixac, a solo 105 metros del término municipal de Barcelona, es físicamente pequeño pero grande, muy grande
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Panceta a la plancha con patatas fritas del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano

Desconocedor de la zona a la que pertenece el bar restaurante de esta entrega, emprendí la marcha hacia allá convencido de que visitaba los confines de Barcelona, que iba a cumplir con mi promesa de hablar de menús del día de barrios de los que aún no he hablado hasta completarlos todos. Pero, cegado por la emoción de ir a donde iba, en el tránsito hacia allá me topé con la realidad: por tan solo 105 metros (es decir, una manzana de distancia) iba a comer en Can Cuiàs, es decir, en Montcada i Reixac.
Bar Restaurante Fandi
Ctra. Antiga a Sabadell, 9. Montcada i Reixac.
Tf: 654.800.130
restaurante-fandi.eatbu.com
Precio: 11,50 €
¿Decepción? Ni media, porque una cosa es no cumplir con lo prometido (pero que tenga remedio en sucesivas entregas) y otra es haber conocido este lugar y que esta sección ponga un pie en Montcada. De hecho, acabo este párrafo mucho más contento que triste. Ahora vamos a ver si sé explicar el porqué.

La entrada del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano
El Fandi se encuentra en pleno polígono industrial de Can Cuiàs. Con la mastodóntica confluencia de la C-58, la C-33 y la C-17 a las espaldas, se hace hueco un sitio físicamente pequeño pero grande, muy grande. Da de comer a buena parte de los muchos trabajadores que frecuentan el polígono, quienes se relajan mientras comparten confidencias, risas y anécdotas con las señoras que andan al frente del lugar. Luego me latigaré fuerte por el topicazo que voy a soltar, pero puede decirse que estamos ante el clásico ejemplo de oasis urbano.

La barra del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano
Culo en asiento y listo para ir pidiendo, el mantel es de papel (hasta aquí nada nuevo) pero vuelve a darse el caso de que este lleva publicidad de una famosa carpintería de aluminio y otra compañía de chatarras. Mis nada rigurosas estadísticas me indican que cuando se da este elemento, las probabilidades de éxito son elevadas.

La ensalada del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano
La estadística se confirma cuando te anuncian que, al margen del primero, el segundo y el postre, debes ir escogiendo de inicio el entrante. Ese lunes hubo sopa de tomate o ensalada. Me decanté por la última y me pareció un detalle estupendo. Me acordé del Bar Morrysom o del Restaurante Cabañeros, primeros lugares en los que me encontré que aún daban este entrante desde siempre (y ojalá para siempre).

'Empedrat' de garbanzos del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano
Vamos con el primero: descarté un arroz a la cubana de los que tenían verdadera buena pinta, de los que jugaban a la altura del que servían en el desaparecido Becerrea. Pero no me arrepentí tampoco, porque el 'empedrat' de garbanzos fue, de largo, el mejor 'empedrat' que me he comido en un menú. Sin medias tintas lo digo. Porque la cantidad del plato iba de la mano con su sabor: abundante pimiento verde y rojo, cebolla bien picada, mucho y muy bonito con el remate del huevo duro. Una lástima que no me pille más a mano, así que tendré que cocinarlo en casa (¡cocinad más y comed más garbanzos, caray!).
Unas patatas fritas que merecen peregrinación expresa
Ay el segundo, otro cruce de caminos en el que había que decidir. Me había saltado el arroz a la cubana en el primer 'round', pero había salchichas en tomate, por lo que deduje que ese era el momento de probar esa atractiva salsa de tomate. De pronto vi pasar la panceta a la plancha con patatas fritas y hacia allí que me fui. Un lunes como ese se merecía guerra, así que guerra.
Y acompañando a unas patatas fritas que merecen peregrinación expresa, dos buenos trozos de panceta fresca, ni 'blandurrios' ni suela de zapato sino bien hechos. Lo que pensaba que era escoger por capricho se tornó en acierto. Pero no me olvido de esa salsa de tomate, ya volveré, ya.

La crema catalana del bar restaurante Fandi. / Alberto García Moyano
Acabamos con la guinda, que mucha guinda es. De las cosas que no me imaginaba encontrarme en un sitio como este es un postre clásico y, además, casero. Crema catalana bien parida y bien quemada, de las que te pinchan y no sangras (de la grata sorpresa).
Todo lo anterior en un menú de 11,50 €. Porque en esta sección se van a ver excepciones, cada vez más por desgracia, pero mientras se pueda abogar por que la gente corriente pueda aspirar a un menú ajustado a su bolsillo, aquí no vamos a cejar en el empeño. Va por vosotros.
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