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Referente del Baix Llobregat

Cheche: el restaurante gastronómico de Castelldefels que abrió en 2014 pero tiene 50 años de historia

El único establecimiento de la localidad costera recomendado por la guía Michelin 2026 está dirigido por los hermanos Pedro y María Moya, tercera generación de una familia que comenzó en la restauración con Olave (1976)

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Los hermanos María y Pedro Moya, en el restaurante Cheche (Castelldefels).

Los hermanos María y Pedro Moya, en el restaurante Cheche (Castelldefels). / El Periódico

Ferran Imedio

Ferran Imedio

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En 1976, Pedro Moya abrió Olave, una marisquería popular de Castelldefels donde la gente igual comía marisco, zampaba alguna tapa marinera o le daba al carajillo. Más o menos como ahora, con la diferencia de que solo lo frecuentaba la gente del pueblo y, en verano, los barceloneses que tenían alllí su segunda residencia.

En 1995, otro Pedro Moya llegó al mundo. Es el nieto de aquel Pedro que montó aquel bar en lo que tiempo después fue el paseo Marítim y que se hizo célebre por esas tallarinas que pescaban en la playa que tenían a dos pasos. Hoy en día dirige el restaurante gastronómico Cheche con su hermana, María. Está casi enfrente de Olave y, pese a haber abierto en 2014, tiene medio siglo de historia: la que había iniciado el abuelo en aquel lejano año 76.

Cheche

Paseo Marítim, 280. Castelldefels

Tf: 93.665.18.87

Precio medio: 75 €

checherestaurant.es

Entre Pedro y Pedro, Ángel, que es hijo del primero y padre del segundo. Hace 32 años, inauguró Can Moyas. Él había ayudado desde pequeño a su progenitor en Olave, cuando la mayoría de las calles de Playafels no estaban asfaltadas. Tras estudiar cocina, quiso ir por su cuenta con este restaurante que tanto le costó llenar en los primeros tiempos con menús de mediodía baratos y tostadas hasta que lo convirtió en una casa de comidas familiar que se erigió en uno de los referentes arroceros de la zona.

En el local que ocupaba Can Rita

Pedro júnior hacía los deberes y los cafés en Can Moyas, y le gustaba más lo segundo que lo primero porque estudiar no era lo suyo. Por eso se formó en hostelería y, al acabar, con 19 añitos, entró en Cheche, recién abierto en marzo de 2014 con ese nombre porque todo el mundo llamaba así a su padre. Ocupaba el lugar del histórico Can Rita, que en sus primeros años tenía el mar a sus pies. Había abierto en 1952 y hoy en día es el local de Castelldefels que más tiempo lleva albergando un restaurante.

La cocina abierta del restaurante Cheche (Castelldefels).

La cocina abierta del restaurante Cheche (Castelldefels). / El Periódico

Pedro comenzó haciendo postres y platos fríos en un establecimiento que quería ser una versión más elegante de Can Moyas. "Ensaladas contundentes, frituras de calidad, arroces... Un chiringuito un poco pijo", recuerda el cocinero. Pero muy exitoso. "Los sábados al mediodía hacíamos 300 personas, una locura", resopla.

Un infarto que aceleró el relevo

Pero el infarto de Ángel aceleró el relevo. "Yo tenía 22 años entonces. Pasé a llevar la cocina y empecé a dirigir el restaurante porque mi padre ya no podía con todo. Luego se incorporó mi hermana ayudando a mi madre [Emi] con la contabilidad, las reservas y la sala. Ella solo quería ganar dinero para salir el fin de semana y estudiar Psicología", relata. Pero acabó estudiando sumillería. "Se enganchó", se ríe Pedro. Tanto que María, que acaba de ser madre de un niño hace apenas dos semanas, estuvo trabajando en Cheche dos días antes de dar a luz.

Carpacho de presa ibérica con yema curada y parmesano, un plato de Cheche (Castelldefels) que aparece fuera de carta de vez en cuando.

Carpacho de presa ibérica con yema curada y parmesano, un plato de Cheche (Castelldefels) que aparece fuera de carta de vez en cuando. / El Periódico

Como Pedro siempre tuvo "inquietudes" ("quería aparecer en la guía Michelin, soy un friqui de las críticas gastronómicas y viajo para comer"), convenció a su padre para elevar el nivel y el concepto del restaurante. En 2023 obró el cambio. "Quería ver si era capaz. Quitamos sillas, estrenamos mesas e iluminación, redujimos referencias en la carta...". El aforo de este local sobrio, cálido y elegante pasó de 150 a 80 personas; los platos, de 50 a 28; los días de apertura a la semana, de 7 a 5 (cierra lunes y martes sin excepciones)... El salto ha tenido recompensa: Cheche es el único restaurante de Castelldefels recomendado por la guía Michelin 2026.

Conciliación familiar

Con el plus de la conciliación familiar. "Sacrificamos la facturación para que el personal pueda tener vida personal y esté a gusto, hay que adaptarse a los tiempos actuales", señala. En la decisión de cambiar el modelo también sobrevuela el recuerdo del infarto de su padre, que no paraba nunca y hacía 14 horas diarias siempre; él tiene su mismo carácter, fuerte y demasiado responsable y exigente: "Sí, aquello me acojonó". Por eso ahora conduce "un 'ferrari' que podría ir a 500 por hora" pero que maneja a 200 "para mantener controlada la bestia".

Una bestia que sirve un menú degustación de nueve pases y unos platos fijos más sugerencias fuera de carta en los que la calidad del producto manda por encima de todo. Moya es "radical" hasta el punto de no ganar lo que debería con ciertos platos porque el coste de compra es muy elevado. "Es que soy incapaz de usar productos correctos. Es una 'enfermedad': quiero tener lo mejor".

La ostra con vinagreta de ajo, perejil y salsa 'ponzu' del restaurante Cheche (Castelldefels).

La ostra con vinagreta de ajo, perejil y salsa 'ponzu' del restaurante Cheche (Castelldefels). / El Periódico

Su cocina mediterránea, acompañada por vinos de bodegas familiares y valores seguros conocidos seleccionados por María, tiene propuestas muy destacables: la ostra con vinagreta de ajo, perejil y salsa 'ponzu' que preparan frente al comensal, el carpacho de atún con escabeche japonés y encurtido de vinagre, los guisantes con espuma de carbonara y panceta ibérica, los ñoquis con salsa de mantequilla y trufa, el rape a la brasa con alcachofa y piparra...

El final no puede ser mejor gracias a la excelente selección de quesos de postre y el café de Hidden Coffee, que certifican esa obsesión de los Moya por los mejores productos.

¿Habrá cuarta generación al frente de un restaurante? "Mi padre me decía que no fuera cocinero, que es muy duro, pero me encanta el oficio y trabajar los fines de semana me parece bien, así que si mis dos hijas quieren seguir mi camino, las animaré y las ayudaré". A la historia que comenzó el abuelo Pedro en 1976 tiene le quedan muchos capítulos (y restaurantes) por escribir...

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