Comiendo por todo lo alto
Las mejores barras de restaurantes de Barcelona (sin contar los que tienen estrellas)
Te recomendamos unos cuantos sitios donde gozarás sobre un taburete
Las mejores barras con estrellas de Barcelona
12 bodegas de antes y de ahora donde comer bien en Barcelona

El Kiosko Universal, en el mercado de la Boqueria. / MANU MITRU
Hay muchas maneras de comer. Puedes hacerlo de pie, en una mesa o en un taburete, con los brazos apoyados en la barra y la vista distraída con la actividad que se cuece detrás de ella.
Si te gusta esta tercera opción, aquí te recomendamos las mejores barras de restaurantes de Barcelona... sin estrellas Michelin. Son estas.

Las 'faves' con jugo de calamar y el calamar con jugo de 'faves' a la catalana de Direkte. / Jordi Otix
Direkte
Arnau Muñío ha llevado su pequeño restaurante de la Boqueria a la calle de París: dos barras para una oferta excelente de catalanidad viajada. Te contamos aquí lo que hacen en Direkte.

El 'bacallà a la llauna' de Kiosko Universal. / MANU MITRU
Kiosko Universal
La familia Domínguez lleva desde 1973 al frente de esta casa, con Borja como capitán y el deber de fortalecer lo que crearon su abuelo, su padre y sus tíos en el mercado de la Boqueria. Así se come en Kiosko Universal.

El sándwich crujiente de callos y morro de Barra Oso. / JORDI COTRINA
Barra Oso
En este restaurante íntimo, Óscar Álvarez elabora una cocina que engancha, adicta a la mantequilla y con golpes inesperados como el sándwich crujiente de callos y morro. Esta es la crónica de nuestra visita a Barra Oso.

El tartar y la vieira con butifarra del 'perol' de Bisavis. / Macarena Pérez
Bisavis
Eduard Ros era un abogado que se ganaba muy bien la vida pero que se sentía desdichado y que ha encontrado su destino en la cocina. Una barra y algunas mesas altas, muchas botellas, hasta 700, y este pluriempleado, que compra, cocina, abre vinos y limpia, y ciertamente parece dichoso y relajado, comunicativo con las nueve personas que sienta delante. Así se come en Bisavis.

La corvina cortada finamente y bañada en una salsa con rocoto de Akiro. / Pau Arenós
Akiro
El ‘hand roll’, con presencia en otras capitales, se abre paso en Barcelona de la mano de Luis Arévalo, uno de los primeros chefs en darle a lo japoperuano. Esta es su propuesta en Akiro.

Rafa Peña y Mireia Navarro, en la barra de Gresca Bar. / El Periódico
Gresca Bar
Gresca y Gresca Bar son ahora un solo espacio y una misma carta: Rafa Peña se ocupa de platos que ofrecen "comodidad mental" al cliente. "Es un formato ágil, cercano, más amable. Interactúas con la gente, aunque Gresca nunca fue rígido". "Desenfadado", dice el chef. Esta es la crónica de Pau Arenós sobre su última vista a Gresca Bar.

Plato de Xavier Pellicer. / Carles Allende
Xavier Pellicer
El maestro de las verduras y la cocina 'healthy' de altos vuelos, Xavier Pellicer, se autodefine como 'camello' de las verduras. Y ejerce en el establecimiento homónimo que tiene en el Eixample, elegido en su día por la guía belga 'We’re smart green guide' como el mejor restaurante de verduras del mundo. Aquí explicamos el por qué del éxito de Xavier Pellicer.

'Linguine' con erizo del restaurante Coure. / El Periódico
Coure
Albert Ventura es un veterano de la restauración barcelonesa y su casa, garantía de que saldrás feliz. Un 'up & down', una barra y un restaurante, que comenzó con una oferta diferenciada y ahora mezcla taburetes con mantelería buena. Prácticamente se come lo mismo en los dos ambientes, dependiendo de las prisas y el estado de ánimo del cliente. Esta es la propuesta de Coure.
Pur
Nandu Jubany se desnuda para ofrecer la verdad de los productos en un espacio sin ruptura entre la cocina y el comedor. Así se come en Pur.

El cocinero Toni Romero, en la entrada del restaurante Suculent. / JORDI COTRINA
Suculent
La casa de comidas de Toni, 'Tonet', siempre tiene platillos notables, que además de estar buenos, plantan en la cabeza la semilla del regreso. En este lugar hay ideas que hocican en el costumbrismo para alcanzar altura. Esta es la crónica de la última visita de Pau Arenós, donde también probó un arroz sensacional en Suculent.

Merluza en salsa verde, patata asada y escabeche de caballa de Ultramarinos Marín. / Laura Guerrero
Ultramarinos Marín
La (excelente) terrina con cortes de cinco aves (qué alegría, siempre, que los enmoldados sigan existiendo), la (excelente) escalivada a la brasa, los (excelentes) calamarcitos a la plancha, la (excelente) papada cortada fina, la (excelente) salsa verde con merluza (plato mecano: se sumerge en verde el pescado del día)... Hay más, mucho más en este local dividido en dos partes: el alborotado bar con la plancha y el apacible asador con la cocina económica, el horno y las parrillas, espacio de altura que conforma un escenario distinto. Aquí tienes todos los detalles de Ultramarinos Marín.

La tortilla de Taktika Berri. / Pau Arenós
Taktika Berri
Hay restaurantes a los que se acude en busca de la novedad perpetua, del cuádruple mortal tras el triple; y, a otros, por su inmovilismo optimista, esto es, porque están seguros de que el triunfo se basa en no cambiar. Es el caso de este restaurante vasco que, pese a la repentina desaparición del patriarca, Julián Fernández Mendiburu, hace unos meses, sigue siendo un referente de la cocina vasca en Barcelona. Así es Taktika Berri.

El interior de Dos Pebrots, con barra y mesas. / Jordi Cotrina
Dos Pebrots
Después de triunfar con Dos Palillos, Albert Raurich siguió apostando por el Raval. Esta vez, aportando su modernidad al recetario mediterráneo de todas las riberas y épocas, reinterpretando platos como los caracoles con tripa de bacalao y el 'saganaki', una receta típica griega que se parece a una 'fondue'. Así se come en Dos Pebrots.

La pizzeta frita de Bodega Bonay. / Ferran Nadeu
Bodega Bonay
El cocinero Giacomo Hassan y el sumiller David Amat llenan el restaurante del Hotel Casa Bonay con platos con humo y vinos con nervio. "Algo nuevo-que-es-viejo está apareciendo en Barcelona con cocineros nuevos-pero-experimentados y que se fijan en formatos nuevos-que-son-tradicionales", resumió Pau Arenós sobre el concepto del nuevo establecimiento. Aquí tienes su crónica sobre Bodega Bonay.

El montadito como un 'nigiri' de calamar y panceta ibérica de Alapar. / Manu Mitru
Alapar
Jaume Marambio y Victoria Maccarone cruzan la cocina mediterránea con la asiática en el lugar donde estuvo Pakta (Lleida, 5). No es Pakta, claro, pero lo japonés sigue sobre la vajilla, mezclado con lo catalán, con "lo mediterráneo", prefiere el cocinero. Esta es una 'izakaya' o taberna con sabor a fricandó. Esto es lo que comió nuestro cronista gastronómico, Pau Arenós, en Alapar.

Los nigiris de gambas con las cabezas cocinadas de 99 Sushi Bar. / RICARD CUGAT
99 Sushi Bar
Situado en la parte alta de la ciudad -Turó Park- y con precios de acuerdo al PIB de la zona, con el argumento de que la materia prima y la elaboración son de primera. Así es 99 Sushi Bar.

Tres 'nigiris' en la barra de Sensato. / Álvaro Monge
Sensato
Una barra y seis comensales, lo que lo convierte en uno de los comedores de Barcelona donde es más difícil conseguir una reserva: "Entre dos y tres meses de antelación", cuentan Ryuta Sato, que estaba en Sato i Tanaka, y su mujer, Aya Sato, socia y cocinera. Aquí te contamos qué se come en Sensato. Está en Septimània, 36.

El huevo con 'kokotxas' y jugo de 'capipota' del restaurante Mantis. / Joan Cortadellas
Mantis
Los chefs David Romero y Toni Solans y el sumiller Albert Ribas surfean la ola asiática con un restaurante que recibe múltiples influencias. Estas son las que encontró Pau Arenós en su visita a Mantis.

El guiso de sepia con guisantes de Bar Hermós. / Ferran Nadeu
Bar Hermós
Frente a La Pubilla, el Mercat de la Llibertat y, dentro, Alexis Peñalver, que también tiene Extra Bar, se hace cargo de una barra en la que solo sirve animales marinos. Dotado con un equipamiento mínimo (horno, plancha y dos fuegos), se pone la escafandra para la especialidad: solo aquello que descargan los barcos, "producto al que aplicamos las bases de la cocina catalana". Así es Bar Hermós.

El tartar de cuchara (con caldo) de Tangana. / ELISENDA PONS
Tangana
A sus 58 años, Josep Maria Masó regresa como propietario de un restaurante, asociado con Àlex López, después de dos décadas de trabajar para otros, con aperturas con carisma barcelonés como las del Cañete y la terraza Martínez. Las más recientes, Carmina y Gala. Ahora, hace cocina de mercado "sin pretensiones"... pero ¡atención al tartar de cuchara de Tangana!

La papada ibérica con calamarcitos de Bodega Borràs. / Jordi Cotrina
Bodega Borràs
Dicen los hermanos Muñoz Borràs, Roger y Adrià: "Queremos servir la comida que nos gusta, comida de toda la vida, comida y vinos". Esa comida la elabora Álex Clavijo, nacido en Ecuador, con larga experiencia gastro en Catalunya y exconcursante de 'Top Chef'. Su reclamo es la gilda cocinada y emplatada: jurel (curado sal/azúcar), punteado con una emulsión de aceitunas y anchoas cortadas y, en la base, un cremoso de piparras/cilantro, lo que le da un punto acevichado. Es uno de los platos que triunfan en Bodega Borràs.

Los raviolis de comté de Glug. / Manu Mitru
Glug
Su nombre lo sugiere: es un espacio donde los vinos son protagonistas, carta amplia y compleja con 200 referencias y el atractivo de los tiradores conectados a una serie de 'bag in box'. Aquí te contamos qué se come y qué se bebe en Glug.

Gabriel Fort, en uno de los tiradores de El Vaso de Oro. / Elisenda Pons
El Vaso de Oro
Desde hace más de 60 años, este emblema de la Barceloneta sigue su singladura de espuma en la calle de Balboa. La característica de la casa es la inmutabilidad. El nostálgico que regrese a la barra se reencontrará con platillos conocidos y, probablemente, con los mismos camareros. ¿Cuáles? Aquí te explicamos lo que hay en El Vaso de Oro.

En la entrada de la taberna Maitea, los hermanos Nico y Andrés Montaner se saludan. / SERGI CONESA
Maitea
Esta es una taberna vasca de dos hermanos catalanes de madre donostiarra donde ambas patrias se entrelazan. Puedes comer en su sala interior (chistorra, pochas, ajoarriero, tortilla, tarta de queso...) o en su larga barra de pinchos; los días atosigados pueden llegar a servir un millar. Así es Maitea.
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