Los restaurantes de Pau Arenós
Restaurante Atipical: precio bajo y cocina alta y creativa
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El cocinero Matteo Bertozzi, en el restaurante Atipical. / Manu Mitru

Matteo Bertozzi vuelve a la carga con Atipical, después de traspasar My Fucking Restaurant y dejar el Bar Assalto. Se ha mudado de barrio profesional, del Raval a Poblenou, de donde es vecino hace casi una década.
Esta crónica renueva el voto de confianza, pese a las deserciones, porque es un buen cocinero, con personalidad, con sello, con temperamento y porque en el renacimiento sujeta los precios, con un menú de mediodía de 18,90 € y una media de carta de 30 €, lo que es un compromiso entre tanta factura desatada.
Atipical
Llull, 259. Barcelona
Tf: 615.669.783
Menú de mediodía: 18,90 €
Precio medio (sin vino): 30 €
La alta cocina pequeña puede tener precios de 'prêt à manger'. «Pienso en el barrio y sus trabajadores», dice. Pues piensa bien.

La panceta picante con lechuga de Atipical. / Manu Mitru
Atipical fue estrenado en junio del 2025, tras ocupar el bar El Tipical, y de ahí el nombre.
Matteo es un 'atipical'. Lo veo con una faja en las lumbares, lesión laboral que le impide hacer ejercicio: «El médico me ha prohibido el deporte duro». Necesita tener la cabeza en otro sitio porque la cocina lo absorbe, mastica y escupe.
Atipical era también un intento de trabajar menos. No lo ha conseguido. La ventaja es que habita el barrio y puede salir a pasear a la perra, Sombra. En un brazo, el «tatuaje de la familia»: su mujer, Míriam, Sombra y Amrita, la gata. En las paredes de Atipical, los cuadros de la tatuadora, Karen Klink.

La versión de la 'tatin' de Atipical, con cebolla a la brasa y 'crumble' de avellana. / Manu Mitru
Local pequeño y largo, las mesas sin mantel (algunas altas) y con servilleta buena, la cocina a la vista y al fondo.
No tiene espacio para las botellas, que guarda en casa, selección a conciencia de los vinos, escorando a lo natural. De los cinco que pruebo, me quedo con la garnacha de Lo Barbut y el merlot –más otras uvas– de Novemberlot.
Matteo es un italiano de Rímini que no hace cocina italiana, sino que practica el estilo libre, más liberado aún, 'atipical'.
Sigue prefiriendo lo vegetal, pero sin que lo condicione, así como los platos ya no son todos sin gluten, como sucedía en My Fucking: «Aunque mimamos a quien no puede tomarlo».

El rape con 'nduja' y 'bagna cauda' de Atipical. / Manu Mitru
Hay una no-'tatin' de cebolla y un no-'vitello tonnato' y un no-tiramisú. Sin embargo, lo son en la cabeza de túrmix del cocinero. A los tres digo ¡sí!, como digo que sí a otros tres y un ni-sí-ni-no a la berenjena china asada con crema de 'tahini' y 'dükkah' esparcido.
Sí a la papada marinada con 'gochujang' y con lechuga y 'sisho' para envolver y comer como un 'ssam' coreano. Y es tan sí que la papada merece ir sola, sin disimulos.
Sí al rape con 'pak choi', ‘nduja' (como una sobrasada picante) y 'bagna cauda' (ajo, nata, anchoa) y las grasas le sientan bien al pescado de prietas carnes. «Me gustan los sabores fuertes, los que resaltan», dice el chef.

El comedor, con la cocina al fondo, de Atipical. / Manu Mitru
Sí al cuello de cordero con 'gremolata', zanahorias especiadas y humus. Y sí al pan plano, como un 'naan', hecho en la casa.
La no-'tatin' es un desparrame: cebolla tierna ahumada en la brasa japonesa ('hibachi'), un 'toffe' salado, 'crumble' de avellana, queso salva cremasco y trufa.
El no-'vitello tonnato' es una presa ibérica laminada, mayonesa de atún y un no-chimichurri de algas.
El no-tiramisú es una gelatina de café con miso de arroz, crema de mascarpone y un pastelito de chocolate.

La entrada del restaurante Atipical. / Manu Mitru
«Esto es un 'gastro' divertido de barrio, un 'gastro' de nivel medio que la gente puede pagar», razona Matteo.
Ajustar precios es sacrificarse: «Abrir un restaurante cuesta mucho dinero. Aquí no hay nadie detrás que empuje con dinero, ni nadie que me diga: ‘Matteo, no estás ganando lo suficiente’. Aquí hemos venido a cocinar».
De acuerdo, a cocinar, pero también a ganarse la vida: «Yo no he cobrado todavía un sueldo. Vivo de los ahorros. Porque hay que pagar la obra y al personal y proveedores y... En marzo espero cobrar mi primer sueldo». Que tomen nota quienes se acercan al oficio desde un desfasado y peligroso romanticismo.
Matteo comenzó como friegaplatos a temprana edad y ha cerrado y abierto negocios y conoce las noches en blanco y los días negros. Un nuevo comienzo, un 'reset', una renovación. Y una faja en las lumbares para aguantar. Aguanta, y con buen ánimo.
El subtítulo es inapelable: 'Casa de menjars'. Una 'atipical casa de menjars'.
El equipo
Álex Reyes, Aníbal Moragas y Marcelo Céspedes.
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