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Cata Menor

Restaurante Bacaro o dónde descansar del monstruo naranja con buenas pastas

El 'espigall' estuvo a punto de desaparecer y no sabría citar ni un restaurante de ‘cuina catalana’ en Barcelona que lo promocione en la carta: alegría que un restaurante italiano verdee con esos brotes

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Los ‘gnocchetti’ con ‘espigalls’ y aceite picante de Bacaro.

Los ‘gnocchetti’ con ‘espigalls’ y aceite picante de Bacaro. / Pau Arenós

Pau Arenós

Pau Arenós

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Bacaro es un restaurante con solera que no necesita recomendación porque los llenos son habituales. Regresé a ese italiano enganchado a la Boqueria un día tormentoso: dos semanas sin parar de llover habían propiciado que hongos y humedades nacieran en nuestro ánimo.

Vagabundear por la Boqueria fue una opción indeseada: la homogeneización había secuestrado el mercado, que invitaba a la huida. Era el equivalente comestible a un museo de cera, una burda interpretación de la realidad. 

Los ‘pappardelle’ con ragú de ternera y cerdo de Bacaro.

Los ‘pappardelle’ con ragú de ternera y cerdo de Bacaro. / Pau Arenós

Llegamos a Bacaro con la persiana aún bajada y ya había clientes y paraguas a la espera. Levantaron con chirrido y entró una pareja y cerraron la puerta de madera. Al volver a abrir, Alfredo Rodolfi, uno de los dueños, se disculpó por la brusquedad y fue el comienzo de un servicio explicativo y amable. Al repasar mi crónica de hace diez años leo palabras similares.

Bacaro

Jerusalem, 6, Barcelona

Tf: 931.156.679

Precio medio (sin vino): 35 €

El precio fue adecuado (40 € por persona con el syrah siciliano Coccinella 2022) y los platos, ricos sin sobresaltos, con los representativos bacalao ‘mantecato’ y las sardinas en ‘saor’, con unos piñones chinos que deslucían.

El bacalao, denso y elástico a la vez, llegó entre panes finos (‘carasau’) como un mini sándwich y encadenó con una comida unos días antes en la Bodega Amposta, con una ensaladilla sujetada con esas fragilidades.

El bacalao ‘mantecato’ con pan 'carasau' de Bacaro.

El bacalao ‘mantecato’ con pan 'carasau' de Bacaro. / Pau Arenós

Son importantes los platos que identifican un sitio porque transmiten solidez y permanencia: en Amposta, por ejemplo, los garbanzos con carabineros y en Bacaro, los ya citados.

En el tartar de ternera, el contraste de la carne con la caballa ahumada y la salicornia, el ‘raifort’ y los ‘enokis’ confitados y la grasa y grata sorpresa de la panceta de la casa Capitelli, bautizada como Giovanna y que era una lujuria rosa que se deshacía en la boca.

Los ñoquis con crema de calabaza y ‘nduja’ de Bacaro.

Los ñoquis con crema de calabaza y ‘nduja’ de Bacaro. / Pau Arenós

Las pastas son un refugio para estos tiempos a la intemperie, con el monstruo naranja queriendo conquistar la isla de hielo.

Los ‘pappardelle’ con ragú de ternera y cerdo, los ñoquis con crema de calabaza y ‘nduja’, como una sobrasada picante, y los ‘gnocchetti’ con ‘espigalls’, aceite picante y ‘panure’ de almendras. 

La entrada del restaurante Bacaro.

La entrada del restaurante Bacaro. / Pau Arenós

El 'espigall' estuvo a punto de desaparecer y no sabría citar ni un restaurante de ‘cuina catalana’ en Barcelona que lo promocione en la carta. Alegría que un restaurante italiano verdee con esos brotes. Llegan del Baix Llobregat y seguirá hasta finales de febrero.

Nos sentimos bien en la mesa familiar, con Alfredo y la sonrisa franca y algunas breves explicaciones sobre la Giovanna y los ‘gnocchetti’ sardos, con la lluvia afuera y los monstruos al acecho, modelando el mundo a su capricho.

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