Bodega histórica
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Pere Monje, director del restaurante Via Veneto, examina con una lupa una botella de Marqués de Riscal de 1880 que sostiene el sumiller de la casa, José Martínez, en la bodega del establecimiento, Panot / Ferran Imedio

Via Veneto es una institución gastronómica en Barcelona, en Catalunya y en España. Desde hace unos días, también es un museo porque ha abierto a las visitas su impresionante bodega, que ha sido reformada para tal fin. Así que, desde ya mismo, los clientes amantes de los vinos pueden solicitar que les enseñen ese búnquer ubicado en los bajos del restaurante, junto a la cocina, donde se esconden joyas como su botella más antigua (un Castillo de Ygay de 1877) u 80 añadas de Vega Sicilia.
"El restaurante tuvo sumiller desde el primer día porque siempre creímos en la importancia del vino, porque siempre hemos tenido un compromiso muy fuerte de cuidarlo, de mimarlo, de invertir en él", recuerda el director del establecimiento, Pere Monje. Y aquel primer día del que habla, que fue en 1967, igual que tantos días y años posteriores, la figura del sumiller era ciertamente una rareza en los restaurantes de la época. Gracias a ese bagaje, resultado de un afinado trabajo de selección de tanto tiempo, fueron acumulando piezas únicas hasta conformar una de las colecciones de vinos españoles (del siglo XIX hasta hoy) más importantes del mundo, aunque también hay muchas otras maravillas de otros países, especialmente francesas.
Un trabajo de casi seis décadas
"No hay otra bodega en Barcelona con esta profundidad", asegura Monje sin atisbo de duda. A su lado, José Martínez, el sumiller de la casa desde el 2000, asiente. "Es que son casi seis décadas, así que es imposible que un restaurante más o menos nuevo tenga algo así".

La bodega de Via Veneto, con joyas históricas en las estanterías. / Ferran Imedio
La bodega, que antes "estaba pensada para guardar botellas, pero no para mostrarlas", cuenta con tres pisos, aunque solo es visitable uno, que es el más interesante. "Es una cosa muy especial. No será visitable a diario porque es un espacio de trabajo, con unas condiciones de almacenaje muy controladas (la temperatura ronda los 15 grados centígrados) y unas medidas de seguridad muy importantes", subraya Monje. "Por eso la idea es enseñarla solo a los verdaderos apasionados del vino que nos lo pidan".
Algunas botellas no se venden
Muchas de ellas se pueden beber, aunque no todas porque algunas son piezas únicas que no quieren vender a pesar de que hay quienes estarían dispuestos a pagar auténticas fortunas por ellas. Ese Marqués de Riscal de 1880 sería uno de tantos ejemplos. "Es que son historia del vino catalán y español y nos sabría muy mal desprendernos de ellas", dice Monje.

Vinos franceses de la bodega del restaurante Via Veneto. / Ferran Imedio
Los vinos que se pueden comprar pueden costar a partir de unos 150 euros, aunque los más caros alcanzan precios de cuatro cifras y no aparecen en la carta: "No diremos el máximo". En Via Veneto siempre han hecho de la discreción un arte... "Pero tenemos botellas de los años 20, 30, 40, 50 y 60 en unas condiciones extraordinarias y a unos precios muy interesantes que nos ayudan a difundir la cultura de este tipo de vinos. Es como quien le gustan los coches antiguos, cuando lo has probado todo, a veces encuentras la magia en ellos".
"Un estado de coma eterno"
La lista de maravillas pone la piel de gallina. Lo mejorcito de cada casa está en esas estanterías. Hay botellas de Cvne, Viña Tondonia, Rioja Alta, Vega Sicilia, López Heredia, Bodegas Santiago (ya no existe pero fue muy prestigiosa hace un siglo), Petrus, Château Margaux, Château Mouton-Rothschild... Algunas etiquetas son casi ilegibles por el paso del tiempo, y por eso usan una lupa con luz que les ayuda descubrir todos los detalles sobre el vino en cuestión.
Martínez explica que están "aprendiendo mucho" con los vinos más antiguos. La principal lección es que, si se elaboraron bien en su momento, aguantan el paso del tiempo de manera sorprendente, incluso con un corcho "muerto", un color "un poco roto" o una merma de dos, tres o cuatro dedos (tanto oxígeno, en teoría, deteriora la bebida). "Parece que hayan entrado en un estado de coma eterno, y no sabemos si pueden durar 50 años más o se van a caer dentro de cinco días. Y eso solo lo descubres cuando los abres y los pruebas". Por suerte, la mayoría se mantienen en perfecto estado.
Decantaciones sutiles
Para sacarles el máximo partido después de tanto tiempo hacen decantaciones sutiles, dejando la botella abierta durante unas horas. "Continúan vivos, y no lo dirías nunca viendo lo maltrechas que están algunas botellas", afirman.
Hay muchos clientes que piden un vino de la añada en el que nacieron. "Eso es muy bonito. ¿Qué precio tiene abrirlo para quien celebra su aniversario? Estas botellas tienen este plus: abres historia y abres recuerdos".
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