Gastronomías
Noticia bomba: una variedad de arroz que puede desaparecer y otra que llega para triunfar
En el parque natural de La Albufera se viven días de cambio de un oficio ancestral con incierto futuro: los arroceros, hundidos en el agua, luchan contra las plagas y el exceso de calor que ha maltrecho la cosecha del 2025
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La paella fina-fina-fina (o el arroz de exhibición)

Santos Ruiz, gerente de la DO Arròs de València, a punto de preparar un arroz en La Albufera. / Pau Arenós

La Albufera es una lámina de acero sobre la que transitan las barcas con la carga tranquila de los turistas de noviembre, ese mes en ninguna parte. Un barquero, que cultiva algunas hanegadas, se acerca a Santos Ruiz, gerente de la DO Arròs de València y activista del cultivo esencial. La cosecha del 2025 ha sido mala.
Y es el cántico que horas después repetirán los agricultores en una comida al aire libre y alrededor de una paella en la barraca tradicional que la DO protege en El Palmar. Las cosas importantes se discuten en torno a una paella.

Arroz variedad albufera con sepia y rape cocinado en una barraca de La Albufera. / Pau Arenós
El mundo del arroz no cabe en un paquete. Los paquetes son enigmas que rara vez descubren sus secretos.
Escriben: 'extra'. «Solo se refiere a las características físicas del grano. Es decir, el porcentaje de enteros, picados, manchados, yesosos... De cada defecto, permiten una cantidad máxima, determinada por su tamaño y regularidad», en palabras de Santos.
¿Origen? ¿Variedad? ¿Sabe el comprador que hay envasadoras que meten granos de Sudamérica en envoltorios que lucen una imaginería tradicional que confunde?

Paseo en barca por La Albufera. / Pau Arenós
Si el paquete exhibe el sello DO Arròs de València, están garantizadas la calidad y la procedencia: estos marjales que rodean La Albufera, el parque natural en el que convive un complicado ecosistema de aves protegidas, cazadores de patos y arroceros insumergibles.
En esta época, los campos son inundados con agua del río Xúquer para evitar que la salinidad del cercano mar altere los suelos. Es la sabiduría –suma de tiempo y experiencia– la que facilita que los arrozales salgan adelante y que el oficio acuático tenga, todavía, futuro, aunque hay posibilidad de ahogo.
El arroz es un producto feliz que crece en el barro.

Un 'all i pebre' cocinado en una barraca de La Albufera. / Pau Arenós
Santos explica que aunque es un cultivo antiguo, de los árabes, pongamos que de finales del siglo X, las variedades comerciales son recientes: «Tenemos conocimiento del bomba desde finales del XIX y no ha sufrido ningún proceso de mejora genética».
¿Qué quiere decir? Que es el mismo entonces que ahora. Eso lo hace único, escaso, de cultivo complicado y a merced de un hongo, la 'pyricularia', porque el fungicida triciclazol ha sido prohibido por Europa, y, sin embargo, granos tratados sí llegan de otros países.
¿Seguirá habiendo bomba? Puede que solo foráneo: ya se verá. El titular catastrofista, y probablemente mentiroso, sería: dentro de un lustro, el bomba habrá explotado y desaparecido.
En el cónclave agrícola de esta mañana transparente participan los 'llauraors' Tomàs Vicent y los hermanos Ortega, José y Paco, y los hijos de este, César y David, la nueva generación, y los técnicos Paqui Gilabert y Toni Bonafont, que es también agricultor.

Campos segados y quemados de arroz en La Albufera. / Pau Arenós
La cosecha está en los silos y arde la paja en algunos campos aún por anegar, lo que evitará que la materia vegetal se pudra cuando entre el agua.
«Dos años perdiendo dinero y el tercero no plantaré». «Demasiadas noches tropicales». «Exceso de humedad: si hubiera soplado el poniente se habría secado». «Necesitamos mano de obra profesional». «Estamos en un punto de inflexión». «¿Cómo acabar con la 'pyricularia' sin tratamientos?».
Santos cocina un 'all i pebre' de anguila de campeonato, una sepia bruta y un arroz, variedad albufera, con rape y sepia. El albufera procede del cruce del bomba y sénia. Ah, el sénia, la madre o el padre de tantas otras variedades, lo que complica el asunto y el nomenclátor.
De la genealogía cuelga el J. Sendra, regina, gleva, montsinell… Por eso existe el concepto 'tipo sénia', aunque tampoco arroja claridad.
El sénia fue creado en 1984, resultado de otro matrimonio: sequial y bahía. ¿Cuál es la simiente más antigua, más allá del bomba? No se sabe. No hay manera de desgranar.

La barraca de la DO Arròs de València en La Albufera. / Pau Arenós
Atentos porque llega otro actor, importantísimo, también procedente del sénia, las mismas características, pero con mejoras: Campanar PV.
Si preguntas a la asamblea del fuego qué plantarán en 2026, la respuesta es Campanar y J. Sendra. Eso significa que otras semillas serán abandonadas.
Ningún paquete publicitará que dentro sonará el Campanar, pero es posible que se convierta en el cultivo dominante. ¿Durante cuánto tiempo será el reinado? ¿Tres o cuatro años? Enseguida, otros candidatos competirán por la corona.
Los expertos afirman que el goce en la paella será el mismo, que el paladar no notará diferencias, que el 'tipo sénia' –el 'llauraor' Paco Ortega propone cambiar a 'origen sénia'– une a la larga parentela bajo las mismas virtudes.
A lo lejos, un aguilucho lagunero con una presa se levanta de la hoja de agua. Una garza real despliega unas alas que son banderas grises. El horizonte parece sereno, aunque bajo la superficie hay un bullebulle de inquietud.
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