Los restaurantes de Pau Arenós
Restaurante Sol Blanc: producto rico en un 'mas' de Pals cerca de los arrozales
En un edificio del XIX, Jordi Ribas y Sonia Labrador ponen en la mesa arroces elaborados con distintas variedades procedentes de los alrededores
Los mejores restaurantes del Baix Empordà
Los mejores restaurantes de la provincia de Girona (sin contar la capital)

Sonia Labrador y Jordi Ribas, en el restaurante Sol Blanc. / Pau Arenós

Jordi Ribas y Sonia Labrador encontraron este refugio de piedra en Pals en el 2013, tras salir de Girona y de otra referencia sólida, Cal Ros.
Sol Blanc es una masía del XIX, con uno de los comedores instalados en el pajar, que podría ser confundido, por forma y altura, con una capilla. Es posible que la cocina sea hoy el nuevo sacerdocio, con lujuria y sin celibato. Vocaciones no faltan.
Jordi (Sant Feliu de Codines, 1976) tiene un criterio personal a la hora de exprimir la cocina catalana y debilidad por los arroces, con las plantaciones a escasos metros de su residencia. El proveedor es Albert Grassot, de L’Estany de Pals, con quien tiene un vínculo espigado.
Sol Blanc
Barri Molinet, 14, Pals
Tf: 972.667.365
Menú degustación: 85 €
Precio medio (sin vino): 70 €
Bahía para el seco de gambas. Bomba para el seco de 'espardenyes'. Carnaroli para el meloso de pulpo. Espurna para el seco de pato y setas. Baronet para el seco de calamar y picantón.
A la pregunta de por qué no emplea la misma variedad para todos los secos, la respuesta es que quiere probar lo que Grassot le proporciona. También le da al Akita Komachi y al Koshihikari, que no son naves imperiales ni maniobras tácticas.

El arroz de calamares y picantón de Sol Blanc. / Pau Arenós
El cocinero comenzó a bregar muy joven para pagar los estudios de hostelería: pizzerías, 'caterings', cámping… «No podía ir a un gastronómico y hacer prácticas sin cobrar», así que buscó sitios con paga, como el Duran de Figueres y el Miryam de L’Escala.
Fue fundamental el paso por el Hostal Jaumet, en Torà, donde trabajó con la señora Ramona: «Todavía uso las bases que me enseñó».
Atrevido, con 22 años, se hizo cargo de un bar-restaurante en Begur, el Darnés, donde conoció a Sonia (1975), camarera que llegaba de Alcalá de Henares: «Soy un tío lanzado. Fui precoz».
El bar tiraba, el restaurante, no, y lo dejó. Pregunto por platos de entonces: «'Bacallà amb samfaina' y bogavante con trompetas de la muerte y guacamole». Con el segundo, lo entiendo.

El fiambre de pulpo y panceta de Sol Blanc. / Pau Arenós
Trotamundos por establecimientos de la Cerdanya y del Baix Empordà, al mismo tiempo que Sonia aprendía en la Torre del Remei, en Josep Maria Masó, en Can Ventura y en Sa Punta. Jordi viene a decir que su pareja y socia tiene una formación más exquisita como 'maître' que él como chef.
En Sol Blanc alumbran «la cocina de proximidad y de buen producto» que siempre persiguieron. Cultivan un huerto que en verano les provee de entre 2.500 y 3.000 kilos de tomates.
Restaurante con precios altos, manejan una materia prima consecuente: venden los 100 gramos de pulpitos enanos a la brasa a 135 euros, adquirido el kilo a 900 euros. Los agotan. Hay un público.

El 'xuixo' hecho al momento de Sol Blanc. / Pau Arenós
La entrada de mi comanda es una alfombra que envuelve: el fiambre de pulpo y panceta, un mosaico que une cerdo y molusco, enganchados en posiciones de Kamasutra.
El tartar de atún de la Costa Brava es un crudo-cocinado: carnes horneadas de la cabeza y convertidas en 'rillettes' y mezcladas con ventresca, una vinagreta de mostaza y brotes.
Decepción con los caracoles 'bovers' a la manera de Can Gall, con sofrito y un 'allioli' gratinado que… no está.

Uno de los comedores del restaurante Sol Blanc. / Pau Arenós
El pato, de 5 Aglans, deshuesado y rellenado con carne de cerdo y pistachos, cocinado a baja temperatura unas 20 horas con el caldo de los huesos y servido con la salsa reducida: más platazos así.
Ah, el vino, qué gran botella: Casa Castillo Las Gravas 2021.
De postre, el 'xuixo' al momento, una hoja de cruasán de mantequilla relleno de crema pastelera. Fue un 'hitazo' en Cal Ros, que trasladaron a Pals: «Fuimos los precursores de que haya 'xuixos' en los restaurantes».

El edificio que acoge el restaurante Sol Blanc. / Pau Arenós
El arroz que pido es la evolución del primero que hicieron en Sol Blanc.
El calamar, la picada de ajo, el picantón a baja temperatura, marcado y retirado; sofrito 'empordanès' («80% cebolla, 10% tomate, 10% aceite»), la variedad baronet, el 'fumet' suave y al horno durante 14 minutos, y el ave devuelta al ruedo.
Sabor disperso y con el grano estresado por nacararlo y hornearlo: comprendo que son operaciones de logística para liberar fuegos.
Del Sol amarillo y desbordante del verano al Sol blanco y pausado del otoño, tiempo en el que la siega del arroz ha terminado.
Pronto se comercializará la cosecha, y vuelta a empezar el ciclo.
El equipo
Georgina Valentina, Marcos Labrador, Ducelene de Miranda, Magdalena Gallego, Rafael García y Diego Gabriel Meza.
Suscríbete para seguir leyendo