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Viaje 'gastrofutbolístico'

Número Diez: el restaurante napolitano que ha unido a un 'tiffoso' del Milan con un devoto de Maradona

El establecimiento propone vivir la experiencia de comer como en las calles de la popular ciudad italiana que adoptó al 'crack' argentino

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Armando Camerlingo y Emmanuele Stevanato, ante el mural de Diego Armando Maradona en el restaurante Número Diez.

Armando Camerlingo y Emmanuele Stevanato, ante el mural de Diego Armando Maradona en el restaurante Número Diez. / Sandra Román

Ferran Imedio

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Lo que podría haber separado el fútbol lo ha unido 'dios'. La rivalidad que podría haber habido entre dos 'tiffosi' del Milan y el Nápoles, Emmanuele Stevanato y Armando Camerlingo, respectivamente, nunca ha llegado a manifestarse por obra y gracia de Diego Armando Maradona. Porque ambos están ahora en el mismo 'equipo', el restaurante Número Diez. El primero, dirigiendo desde el 'banquillo' (porque es el dueño), y el otro, 'capitaneando' el establecimiento de la zona alta de Barcelona.

¿Y qué pinta el mito argentino en todo esto? Faltaban pocos días para la apertura del local y Stevanato andaba supervisando los últimos detalles de una obra cuya decoración, igual que la carta, pretende transportarte a las calles de Nápoles, donde la imagen del futbolista es omnipresente. Como no podía ser de otra manera, una de las paredes de Número Diez reproduce el célebre y enorme mural del 'crack' vestido con los colores del equipo italiano en la Via Emanuele de Deo, en los 'quartieri spagnoli'; es lugar de peregrinación para turistas y aficionados al fútbol.

Número Diez

Capità Arenas, 62. Barcelona

Tf.: 617.348.450

Instagram: @numerodiezpizza

Precio medio (sin vino): 25 €

Por ahí pasaba Camerlingo, que al descubrir el mural de Maradona se puso de rodillas, algo que llamó la atención al empresario. "Es que es dios", respondió aquel hombre, que apenas llevaba un mes en Barcelona y se había instalado a pocos metros del restaurante. "No sé si aún buscáis trabajadores pero para mí sería increíble trabajar en este local, aunque sea de lavaplatos".

Armando Camerlingo y Emmanuele Stevanato, en la puerta del restaurante Número Diez, consagrado a la cocina de Nápoles a través de la figura de Maradona.

Armando Camerlingo y Emmanuele Stevanato, en la puerta del restaurante Número Diez, consagrado a la cocina de Nápoles a través de la figura de Maradona. / Sandra Román

Stevanato, impresionado, aceptó el ofrecimiento y al cabo de unos días no lo dudó: Camerlingo era su hombre. Napolitano hasta la médula, fanático del equipo de su ciudad, devoto de un Maradona que llegó a su equipo cuando él era un adolescente ("es más que Dios para nosotros", proclama) y gran anfitrión para quienes visitan Número Diez (aunque solo tuerce el gesto cuando algún chaval graciosete le suelta 'forza Juve!').

La sala del restaurante Número Diez: a la izquierda, ropa tendida; en el centro, un altar de Maradona y, a la derecha, una camiseta enmarcada del argentino cuando jugaba en el Nápoles.

La sala del restaurante Número Diez: a la izquierda, ropa tendida; en el centro, un altar de Maradona y, a la derecha, una camiseta enmarcada del argentino cuando jugaba en el Nápoles. / Sandra Román

Y lo cierto es que, más allá del mural del argentino (y la camiseta y el altar en su honor) y la presencia del jefe de sala, el restaurante consigue el objetivo de meterte en el corazón del Nápoles (y alrededores) de los años 80: la ropa tendida, el teléfono público, la foto panorámica de Positano (perla de la costa amalfitana), la representación del cuerno rojo contra la mala suerte, el dibujo de los 'quartieri spagnoli', las fotos de actores, músicos y artistas napolitanos como Eduardo de Filippo, Pino Daniele, Massimo Troisi, Totò y Nino d'Angelo... e incluso un Vesubio de cartón piedra del que sale humo y que se ilumina como si estuviera en plena erupción.

Dos viajes memorables

Stevanato es un empresario veneciano que triunfaba en Italia con sus varios restaurantes hasta que, tras la pandemia, vendió todos sus establecimientos salvo los dos que mejor funcionaban y le permitían vivir cómodamente. Pero un día sintió que necesitaba nuevos retos. Y recordó los dos viajes que marcaron su vida cuando apenas tenía 19 años. Uno a Barcelona, su primera salida fuera de Italia. Tanto le gustó que se dijo que, si algún día tuviera que vivir en otro país, su destino sería la ciudad catalana.

El mural de Maradona (derecha), la foto panorámica de Positano (centro) y el Vesubio de cartón piedra (izquierda) del restaurante Número Diez.

El mural de Maradona (derecha), la foto panorámica de Positano (centro) y el Vesubio de cartón piedra (izquierda) del restaurante Número Diez. / Sandra Román

El otro fue a Nápoles: "Viajamos en coche con unos amigos que tenían familia allí y durante tres días vivimos una experiencia súper auténtica, visitando los barrios más napolitanos y más difíciles, durmiendo en la casa de la abuela de uno ellos... Regresé cambiado y enamorado de la ciudad porque fue una experiencia totalmente distinta a lo que vivía en Vicenza (al lado de Venecia), que es ordenada, limpia y segura".

Así que, en 2023, este treintañero que dice "dibujar conceptos de hostelería" se plantó en Barcelona con la idea de abrir una cafetería italiana con pastelería y repostería de su país, pero el local que encontró en Les Corts no era compatible con esa idea y "en dos días" concibió otro proyecto: Dolce Vita, una 'trattoria' "moderna y joven" donde propone "cocina verdadera de la 'mamma' y la 'nonna'" con productos y recetas de allí.

Varios platos del restaurante Número Diez.

Varios platos del restaurante Número Diez. / El Periódico

Tras un inicio titubeante, el negocio funciona (viral como pocos es su tiramisú humeante servido en una cafetera) y decide abrir otro junto al mercado de la Boqueria, que también va bien. Dos restaurantes que le dan la fuerza para cumplir con Número Diez el viejo sueño que tuvo tras aquel viaje a Nápoles: abrir un local temático con el que los clientes vivieran la misma experiencia que él tuvo en la ciudad adoptiva de Maradona. No se queda ahí la cosa pues acaba de inaugurar Bedda Madre en Castelldefels, consagrado a la cocina tradicional siciliana.

En Número Diez, los platos son "100% napolitanos", que maridan con una carta de vinos 100% italiana. "Es la cocina de barrio, la de la abuela, la del centro histórico de los 80, donde apenas había restaurantes y cuando salías a comer fuera ibas a casas particulares", recuerda Stevanato, que pretende ser fiel a una de las frases que cuelgan del techo: "Nápoles no es una ciudad, es un sentimiento".

Embutidos de la Campania del restaurante Número Diez en un plato que quiere recordar el Vesubio humeante.

Embutidos de la Campania del restaurante Número Diez en un plato que quiere recordar el Vesubio humeante. / Ferran Imedio

Hay entrantes "para compartir o morir" como bien avisan desde la carta porque son cantidades exageradas (la croqueta de patata con provola ahumada tiene el tamaño de un puño y pesa unos 230 gramos); quesos y embutidos de la Campania que reposan en el plato bajo un volcán humeante; pizzas típicas pero también con un toque innovador (ahí está la Barrilete Cósmico, en honor a Maradona, con tomates rojos y amarillos, 'mozzarela' fresca de búfala, pesto de 'mozzarella' y salsa de albahaca); unos picantes ñoquis a la sorrentina; tiramisú con 'limoncello' de Sorrento IGP...

Hablando de sentimientos... Stevanato guarda una 'joya' por la que Camerlingo pagaría con su propia vida: una bufanda del Nápoles firmada por Maradona. Se la había regalado su padre, que fue uno de los policías que escoltaron al jugador cuando fue juzgado por dopaje. Aunque no sea muy fan del argentino, nada parece indicar que el empresario se la vaya a regalar a su jefe de sala, por muy bien que se lleven, precisamente, por obra y gracia de 'dios'.

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