Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Comer por menos de 15 €

Menú del día: El Rinconcito del Espino, caracoles y brasa

Este restaurante cerca del mercado de Sants anuncia en su mismo rótulo que son especialistas en carne al carbón

Menús de mediodía: los mejores restaurantes de Barcelona para comer por menos de 15 €

Barcelona buena y barata: los mejores restaurantes 'económicos' para disfrutar mucho

Los caracoles del restaurante El Rinconcito del Espino.

Los caracoles del restaurante El Rinconcito del Espino. / Alberto García Moyano

Alberto García Moyano

Alberto García Moyano

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

No hace demasiado tiempo que frecuento este lugar, aunque lo suficiente como para lograr fidelizarme y convertirse en uno de los lugares recurridos para comer un buen menú del día. También es cierto que me cae bastante cerca de casa y del mercado de Sants, lugar de necesaria visita para abastecerse de buenos alimentos que cocinar. Un binomio este, el de ir al mercado primero y cocinar después, en eterna regresión pero que, a pesar de los pesares, sigue siendo sana costumbre de muchos.

Compremos nuestros alimentos y cocinémolos, no le demos nunca la razón a Roig (y acólitos) y a su estúpida predicción de que en unos años no tendremos cocinas en nuestras viviendas porque solamente consumiremos platos precocinados tales como los que vende en sus establecimientos. Quizá tenga razón, quizá cuando todo sean apartamentos turísticos, los ocupantes de esos inmuebles no quieran perder el tiempo en cocinar para ir a vivir la maravillosa experiencia de pasear por una ciudad llena de ‘concept stores’ con todo aquello que no necesitas.

El Rinconcito del Espino

Sant Medir, 15. Barcelona

Tf: 93..490.48.44

Precio: 14,50 €

Bueno, volvamos donde estábamos, el mercado de Sants y sus alrededores. En la calle de Sant Medir, cuando ya se está cerca de darse de morros con el 'calaix de la vergonya', se encuentra El Rinconcito del Espino, lugar que anuncia en su mismo rótulo que son especialistas en carne al carbón. Pues vamos a verlo para creerlo.

La entrada de El Rinconcito del Espino.

La entrada de El Rinconcito del Espino. / Alberto García Moyano

Pero antes de ir a por tan atractivo reclamo, ¿qué se pide de primero? ¿Será ese su talon de Aquiles? ¿Hay riesgo de irse con esa sensación de haber triunfado pero a medias? Bien, en este lugar difícilmente se puede salir con esa sensación de semivictoria (o semiderrota) porque es un menú en el que os podéis encontrar unos sabrosísimos caracoles en salsa de primero; o, cuando comiencen a bajar las temperaturas, una escudella con chicha como para poder levantar piedras en pleno desierto del Kalahari; o canelones con todo el sentido del mundo; e incluso, para los que quieran variar, en esta casa se hace un ceviche nada desdeñable, que me trae recuerdos de mi buen amigo Rubén, quien regenta en el barrio del Raval una bodega que lleva su nombre y que hace ese plato a la perfección (y sin obligarte a pedir una hipoteca para ello).

La entraña hecha a la brasa con patatas fritas de El Rinconcito del Espino.

La entraña hecha a la brasa con patatas fritas de El Rinconcito del Espino. / Alberto García Moyano

Visto el hecho de que estamos en un sitio en el que entrar con mal pie no es un riesgo real, vamos a ver si lo que se propugna de segundo (esa brasa al carbón) es lo que nos prometen. Dicho sea antes que aquí encontraréis también guisos, plancha o rebozados (recuerdo un osobuco ciertamente importante o unas esponjosas albóndigas a la jardinera), pero si queréis brasa en una ciudad en la que cada vez es más complicado encontrarla, no hagáis el bobo y pedid la entraña. Pieza generosa, hecha con mucha mano y acompañada de papas fritas al momento y con la misma mano que la brasa. No perdáis tampoco la oportunidad de hincarle el diente al secreto a la brasa.

La piña de El Rinconcito del Espino.

La piña de El Rinconcito del Espino. / Alberto García Moyano

Puede parecer una tontería (y seguramente lo sea), pero una de las cosas que redondean este menú es que casi siempre tienen piña de postre. Porque los mecanismos compensatorios no deben ser siempre infaustos, una buena tajada de piña es una magnífica forma de coronar la cima.

¿He dicho ya que hay que comprar y cocinar? Cierto, no lo recordaba. Si no os es posible y tenéis la fortuna de andar cerca de un sitio como este, sentaos, relajos y disfrutad. Hasta la próxima.

Suscríbete para seguir leyendo