Comer por menos de 15 €
Menú del día: K. 520, ¿quién dijo que los restaurantes de carretera ya no molaban?
Este establecimiento de Cervera al lado de la N-II es el paradigma de restaurante de carretera
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Churrasco del restaurante K. 520. / Alberto García Moyano

Decíamos en la anterior entrega que el orden de los menús que aquí se explican tiene vocación de ser cronológico pero también que, por motivos distintos, en ocasiones ese orden se altera. Unas veces porque creo que cuadra más hablar de un menú en concreto y otras porque vengo tan embelesado de un reciente ágape que no puedo sino escribirlo rápido para no dejarlo enfriar. Me pasa que estos cambios de criterio traen verdaderas satisfacciones pero, lamentablemente, no todo son rosas.
Ha sucedido algo que no quería que pasase: postergué demasiado la crónica de una visita pasada a Ca La Flor y, aunque me prometí repetir pronto para actualizarla, tanto la he mantenido en la nevera que ahora es tarde. El próximo 26 de julio será el último servicio en este magnífico restaurante de Gràcia. Flor y Pedro se jubilan, muy merecidamente, y me he pasado de frenada. Se me queda la espinita clavada de no poder reconocerles, con la propiedad que se merecen, su enorme labor gastronómica y social, así que todo lo mejor para esta nueva etapa que les viene.
Restaurant K. 520
Avenida de Tàrrega, 1471. Cervera
Tf: 973.531.491
Precio: 14,5 €
Pero, por suerte, no todo son despedidas. De hecho, escribo estas líneas (al menos, a partir de este párrafo) con el corazón contento y lleno de alegría. Hoy mismo escribo tras haber experimentado algo que pensaba prácticamente desaparecido. No sé bien-bien qué es una oda ni mis aptitudes literarias me permiten escribir una (no hay más que leerme), pero sirvan estas líneas para transmitir mi admiración para el lugar del que va la crónica de hoy. Y es que las circunstancias me han llevado hoy a pasar por la N-II a la altura de Cervera. Y si ese es el camino, pisar el K. 520 es de obligado cumplimiento.
El K. 520 es el paradigma del restaurante de carretera. Sí, de esos en los que se solía decir que paraban transportistas varios y que, por ende, eran sinónimo del buen yantar. Que ya sabemos que de ese aserto hay mucho -muchísimo- que discutir, pero es que lo de este lugar es la situación ideal.

El exterior del restaurante K. 520. / Alberto García Moyano
Situémonos: lunes 14.15 horas. Comedor para 50 personas. Lleno hasta la bandera. Y, tirando bajo, con 10-12 personas esperando continuamente. ¿He dicho lunes? ¿En la N-II a la altura de Cervera? Efectivamente, así es. Un oasis en la carretera donde propios y extraños se juntan para ‘esmorzar’ y para, en lo que a esta crónica atañe, degustar un menú que es un imán para todo aquel que se acerca al lugar.

El ambiente del restaurante K. 520. / Alberto García Moyano
Un lugar en el que te ofrecen, en pleno 2025, entremeses de primero merece que los pidas porque, como me ha pasado, si este -socialmente denostado- plato se hace bien, surge mágicamente la nostalgia. Y, como ocurre con el colesterol, la que surge es la nostalgia buena, aquella que te trae buenos recuerdos, la que te recuerda lo bueno vivido. El encargado de servirme el plato debe haber pensado que no estaba muy fino al verme tan feliz, pero es algo que orgullosamente llevo a cuestas.
Macarrones gratinados, judías verdes con patata...
Podía haberme decantado por los macarrones gratinados, las judías verdes con patata (que estaban ciertamente apetecibles) o cualquiera del resto de opciones de primero, sí, pero, ay, los entremeses, qué tontería más placentera.

Entremeses del restaurante K. 520. / Alberto García Moyano
Otra de las cuestiones a resaltar en esta casa es que son de la brasa. Hasta aquí, nada que no se lleve en la zona, donde la brasa es religión. Pero es que, además, la hacen en la barra, cual chimenea, a la vista, donde miman todo lo que se pide. Y, claro, con este panorama, mal hubiera sido por mi parte no haber pedido el churrasco. Que lo sirven en plato ovalado, con su guarnición de papas fritas y pimientos verdes asados. Que el segundo plato es casi un plato combinado si me apuras. Es que no quepo en mí. El remate: natillas. Un postre que habla por sí solo. Más confort.

Natillas del restaurante K. 520. / Alberto García Moyano
¿Quién decía que los restaurantes de carretera ya no molaban? ¿No será que, con tanto anuncio del apocalipsis (del que reconozco participar a menudo), nos hemos olvidado de que sitios como el K. 520 existen? ¿Cómo podemos tirar la toalla en la defensa de los bares viendo la salud de hierro de esta casa, que en lunes tiene cola continua?
Sí al restaurante de carretera; sí al cobijo del viajante; sí al disfrute del vecino; y sí a los muchos K. 520 que existen a lo largo y ancho de la geografía. Agradecimiento infinito.
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