Gastronomía asequible
Barcelona buena y barata: Txibirita, 'pintxos' a la brasa en Sants
Este local pasan todo tipo de piezas por la parrilla para darles un adictivo toque ahumado
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'Pintxos' a la brasa de solomillo y de morcilla de Txibirita. / Òscar Gómez

Son las siete de la tarde y hay un poco de cola ante la puerta porque el Txibirita no admite reservas. Abrieron hace un par de meses y triunfan en el barrio de Sants. Habita el local donde estuvo el singularísimo Sants es crema y ha heredado una de las parrillas más icónicas de la Barcelona gastronómica: donde antes se braseaba para bocadillear, ahora se brasea para 'pintxear'.
Esta es una de las características más interesantes del Txibirita: que te puedes enganchar -porque cuidado que enganchan- a sus 'pintxos' de aroma ahumado, hechos 'à la minute', en el momento de la comanda: solomillo de ternera de Girona, morcilla de arroz de Burgos, 'txistorra' o hamburgesa cubierta de crema de Idiazábal. 'Drogaína' del paladar cabalgando sobre rebanadas de pan.
Txiribita
Comtes de Bell-Lloc, 118. Barcelona
Instagram: @txibiritabcn
'Pintxos' calientes: 2,80 €
'Pintxos' fríos: 2,5 €
Albóndigas con salsa vizcaína: 11 €
Flan casero: 4,5 €
El 'pintxo' de solomillo vale un potosí de ternura y un 'kilotón' de fragancia ahumada. Tras salir de la sauna de brasa, al jugoso bocado lo riegan con un chorrete de aceite y lo nievan con un poquito de pimienta y sal. No necesita nada más. Es un acierto que te pregunten el punto al que lo deseas, y, por cierto, maravillosa simpatía la del equipo capitaneado por Irene Asunción. Viene pinchado en una brocheta larga de madera, acostado y luciendo el bronceado de brasa. Ya lo he dicho: 'drogaína'. Precaución.
El 'pintxo' de morcilla arrocera con pimientos asados es un bocado goloso que no sorprende mucho pero que gustará a los amantes del embutido vampírico, 'nigra sum' de sangre, arroz y comino, mordisco jugoso y elástico. Aunque no tan intenso y vibrante como el 'pintxo' de hamburguesita de ternera (siempre 'gironina') que se da besitos en la boca con la salsa -intensa y cremosa- de queso Idiazabal. La blancura láctica se desparrama sobre la carne y juntos forman el bocadito carnívoro. Muchos decibelios de sabor.

La barra de Txibirita con los 'pintxos' fríos. / Òscar Gómez
También tienen 'pintxos' fríos y resultó fascinante el fuet convertido en tartar, sorpresa en Las Gaunas, un goce inesperado. A menudo los tartares de fuet son clichés de lo moderno mal ejecutado. No es el caso. Corte tan menudo que parece pasado por la máquina y mezclado con yema de huevo, aceite, mostaza y un toque de salsa picante. Rodajita de piparra envinagrada y a disfrutar. También ofrecen los clásicos 'pintxos' de 'txangurro', las gildas, los piquillos con brandada y la ensaladilla. Estos son los de toda la vida, pero la compulsión la sentí con la brasa. Esa es la verdad.

La tortilla sideral de Txibirita. / Òscar Gómez
La tortilla
Otro 'hit' del Txibirita es su tortilla. Reina esplendorosa en su trono, el más alto de la barra, es una emperatriz dorada que cuando se porciona descubre su cremosidad interior. Elaborada con patata variedad monalisa y cantidades cósmicas de cebolla pochada hasta casi caramelizar. La patata está cortada en grueso, así que, aunque su textura es amable y tierna, la encuentras en el mordisco, bañadita en huevo a punto de cuajar. Hacen las que hacen, cada día unas cuantas, y cuando se acaban se terminan, así que es buena idea pedirla en cuanto llegues, para asegurar.

Albóndigas a la vizcaína con patatas fritas de Txibirita. / Òscar Gómez
Los guisos
Es también razonable y conveniente aprovechar para sacar a pasear la cuchara. Salseo del bueno en forma de albóndigas napadas de cremosa salsa vizcaína (cebolla blanca y morada, ajo, tomate, pimiento choricero y -nos chiva la casa- algo de saborcito de jamón). El resultado es cárnico, elástico y jugoso. Y la salsa es un regalo en el cielo del paladar. Las acompañan de patatas fritas caseras, pero aquí tienen aún algo de margen para mejorar.
Canelones de tres carnes y rabo de toro guisado, son otras opciones para cucharear. Los primeros vienen con una bechamel no especialmente fluida y una generosa cantidad de fondo de carne reducido que aporta matices y complejidad. Para el final dulce, flan de la casa y tarta de queso. El primero, de estilo contemporáneo y moderno: muy cremoso, se funde en cuanto toca el paladar. El segundo, al estilo donostiarra clásico, es cremoso y cuajado. Excelente manera de terminar.
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