Nuevo 'place-to-be'
Bocadillos japoneses y vinos naturales, el 'match' perfecto de Kome
Este bar-cafetería en la zona de El Putxet i el Farró triunfa al poco de abrir con su original propuesta
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Marc Brunet, con un bocadillo japonés y varios vinos naturales, en Kome. / Jordi Otix

Explica Marc Brunet que escogió el nombre de Kome "porque suena a palabra japonesa y suena a comer". Se refiere este empresario de 35 años a su bar-cafetería japonés en la zona de El Putxet i el Farró, que ha abierto recientemente y ya se está convirtiendo en epicentro 'foodie'. Es su primer proyecto de restauración en solitario. Un establecimiento que precisamente fusiona dos culturas culinarias que apasionan a este joven emprendedor originario de Manresa al que nada ni nadie presagiaba un destino gurmet.
“En casa tienen un negocio familiar propio en otro sector, nada que ver. Vine a Barcelona a estudiar una carrera en marketing y gestión empresarial. Enseguida sentí que no era lo mío. Lo que sí me apasionaba ya entonces, y sorprendentemente dada mi juventud, era el vino”. Por eso al acabar la carrera se apuntó a un curso de sumiller en ESHOB (Escuela de Hostelería de Barcelona) y no le quedó ninguna duda de que eso era lo suyo.
Kome
Ronda del general Mitre, 152
Tf: 676.83.16.26
Precio medio (sin bebida): 10 €
Instagram: @kome_deli
“Era un niño de 20 años rodeado de gente más mayor, casi todos profesionales que ya trabajaban en la hostelería. Pero allí tuve claro que quería seguir, que este era mi propósito”, relata Marc. Al finalizar esta formación, entró a trabajar en Vinos y Brindis y luego en una bodega del Penedés, Loxarel, conocida por su variedad de pagos, tanto naturales como biodinámicos, tintos, blancos y espumosos.

Uno de los bocadillos japoneses de Kome. / Jordi Otix
Aquí es cuando aparece esta frase ya tan común entre quienes se dedican (y quienes no, en realidad) al sector de la restauración: “Y llegó la pandemia…”. Pero lejos de abatirse o quedarse de brazos cruzados, en aquellos meses de parón gestó junto a su pareja de aquel entonces, apasionada de la cocina japonesa, OMU. Un establecimiento que a día de hoy sigue en actividad. “Lo abrimos nada más acabar el cierre de la pandemia. Fue el primer 'take away' de Barcelona especializado en 'onigiri'. Un local muy pequeño del barrio de Gràcia”.

La barra de Kome. / Jordi Otix
Tuvo una gran acogida entre los vecinos y rápidamente pudieron desarrollar un obrador más grande y abrir un segundo local. Al separarse, Marc renunció a su parte del negocio, y partió a descubrir Japón. “Fue maravilloso. Me recorrí el país y fui a probarlo todo. Allí se despertó mi pasión por la cocina y por esta cocina. Se convirtió en mi vida queriendo o sin querer. Así fue como me hice restaurador”, explica.
También cafés de especialidad
Este bagaje se lo trajo de vuelta a Barcelona, precisamente en Kome. “Quería algo que fuese japonés, pero que a la vez que llevará mi sello, que fuese mío. Así llegó la idea del negocio: buenos vinos naturales de proximidad, café de especialidad y bocadillos inspirados en el recetario japonés”. Un 'mix' que sorprende, pero que hace 'match'. “Me encanta ver cómo la gente se pilla un botella de vino natural ancestral espumoso para cenar bocadillos, cuando siempre presuponemos que funcionaría mejor la cerveza”, analiza divertido.
La carta es escueta, pero chula. No se echa en falta nada: está el famoso bocadillo de huevo nipón; hay un 'fried chicken nanban' (un muslo de pollo frito en aceite y con tempura servido con una salsa tártara de rábano picante); hay 'katsu sando' (una lonza de cerdo duroc frito con 'panko', col y salsa 'tonkastu'). También un buen 'tuna melt' (un sándwich de queso fundido y atún) y una hamburguesa que de Japón tiene la carne 'wagyu' (eso sí, criada en España). Para acompañar: bravas y patatas fritas. En resumen, un local de carta canalla, pero sin que lo sea. Y mola.

Las mesas y los vinos de Kome. / Jordi Otix
Del desayuno a la cena
La carta irá cambiando para dar a conocer más recetas japonesas, en especial a la hora del desayuno. Porque un punto muy a favor de Kome es que está abierto de 9.00 a 16.00 y de 19.30 a 23.00 horas. Es decir, que lo mismo se va a comenzar el día con un buen café y un espléndido bocata de huevo que a comer rapidito al mediodía o a cenar con un buen vino. La noche es la franja horaria más concurrida, cosa que apunta a que se convertirá en local de moda del barrio.
Eso sí, moderno y exótico, aunque quienes no han faltado para apoyar el proyecto de Marc son sus abuelas, ambas grandes cocineras domésticas. Al parecer, al sentarse en Kome se sorprendieron. “Miraban la carta y decían: ‘No entiendo nada’, bromea Marc. Eso sí, estaban muy orgullosas”. Con razón.
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