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Gastronomía asequible

Barcelona buena y barata: pollo con salsa de granada en el restaurante Fenicia

Este establecimiento ofrece una cocina libanesa que atrae cada día a los vecinos del barrio de Sants

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Charbel Yamine, con una ensalada y el pollo especial del restaurante Fenicia.

Charbel Yamine, con una ensalada y el pollo especial del restaurante Fenicia. / Òscar Gómez

Òscar Gómez

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Pides el pollo especial y te traen a la mesa un hermoso plato de cerámica vidriada lleno de jugosos muslos sumergidos en salsa de textura rústica y personalidad fragante. Platazo. Los acompañan con otro plato con una cúpula de arroz y con una cesta que contiene varios pedazos de pan de pita. Pasas uno de los muslos a tu plato y, mientras ves cómo la salsa de nueces resbala cremosamente por la superficie, lo vas deshuesando. Sin prisa, pero con ganas.

La promesa es evidente: un asalto perfumado a la pituitaria y una ternura que hipnotiza la mirada. Coges la pita con la mano y separas las dos láminas para formar un hueco central, una cavidad que rellenas sin prisa -¡pero con ganas!- de carne desmigada. Completas con un poco de arroz, y finalmente bañas con más salsa el conjunto del bocado.

Fenicia

Paseo de Sant Antoni, 9. Barcelona

Tf: 93.330.01.46 

Hummus: 6,95 €

'Baba ganoush': 7,50 €

Pollo especial Fenicia 15,50 €.

El resultado es un mordisco de nueces cálidas y el ligero dulzor de la granada bañando el pollo, muy tierno. El resultado es espectacular. El resultado es un plato sencillo convertido en memorable. Estás en el Fenicia (Sants) y estás disfrutando del pollo especial de la casa. Información de servicio: el Fenicia no cierra nunca en días festivos, está siempre abierto, incluso en Navidad. 

Charbel Yamine es un libanés que llegó a Barcelona siendo un crío, de eso hace ya casi 30 años. Llego desde Suecia porque a su padre, Naaman Yammine, se le quedó enamorada esta ciudad en una visita y decidió cambiar el frío nórdico por la calidez mediterránea. Naaman abrió un restaurante bien cerca del actual Fenicia y ahí empezó esta aventura gastronómica de cocina libanesa, porque con el tiempo Charbel ha terminado abriendo su propio negocio, un local esquinero, espacioso y triunfante que cada día se llena con vecinos del barrio de Sants.

Lleno a menudo

La libanesa es una cocina que sentimos próxima, y es una de las que más exitosamente se puede encontrar en nuestra ciudad. Un equilibrio de exotismo combinatorio realizado con los mismos ingredientes que podemos encontrar en la despensa catalana tradicional. Al final estamos hablando de cocina mediterránea, somos primos hermanos del paladar. La sala del Fenicia es amplia y está recién reformada, con bancos para sentarse que separan las mesas formando pequeños espacios de intimidad. Tienen enormes ventanales y una terraza enorme en pleno paseo de Sant Antoni. Y es un éxito, está lleno a menudo y a pesar de estar muy cerca de la estación de Sants, casi todos los clientes son vecinos del barrio. Por algo será. 

El 'pack' completo de pollo, arroz y pita en la mesa.

El 'pack' completo de pollo, arroz y pita en la mesa. / Òscar Gómez

“La receta es muy sencilla, es una salsa sencilla”, cuenta Charbel. “Se mezcla todo y luego va al horno. Las nueces, el zumo de la granada, el limón, el comino, las especias…”. Tiene razón, sencillamente espectacular. Además, su textura rústica, donde se adivinan las nueces que no están completamente picadas, conecta con esa sensación de calidez que transmite la cocina casera y popular. No tendría sentido triturar más y convertir en crema esta salsa, es como tiene que ser y está genial.

Tienen una carta enorme con muchísimas opciones, una docena de ensaladas como por ejemplo el picado de tomate, cebolla, menta, pepinillos y vinagreta de aceite con limón. Es la ensalada Fenicia, que se puede degustar también rellenando pan de pita ya que al estar completamente picada tiene una textura que puede sorprender a nuestro paladar occidental. El toque de la menta con el limón es fantástico, un matrimonio perfecto. Esta ensalada acompaña y aligera la potencia especiada que tanto abunda en el resto de platos. 

El hummus del restaurante Fenicia.

El hummus del restaurante Fenicia. / Òscar Gómez

Por supuesto tienen hummus, casero -la duda ofende-. Lo sirven con semillas de tomate y chorretazo de aceite de oliva virgen extra por encima. Y aún mejor el 'baba ghanoush', berenjenas escalibadas y asadas que se trituran formando una crema untuosa. Acompañan con pimientos y con menta. Otro plato fantástico para untar en la pita, relamerse los bigotes, pasar el dedo por el plato para rebañar lo que queda y llevárselo a la boca. ¿Te parece un gesto grosero? Pues unta con la pita y ya está. 

Para terminar, 'baklava', claro. Este dulce dulcísimo que a base de miel, hojaldre y frutos secos acumula suficientes calorías como para iluminar entero un municipio medianito durante una semana. Qué barbaridad. Están crujientes, están golosos, empachan como campeones y el que más me gustó fue el de nueces. Buen café para acompañar.