Relevo generacional en la alta cocina
La mochila, a veces ligera, a veces pesada, de los hijos de Joan y Josep Roca, y Fina Puigdevall
Marc y Martí Roca (El Celler de Can Roca) y Carlota Puigvert (Les Cols) comentan en el Gastronomic Forum Barcelona su experiencia como descendientes de 'cracks' de la cocina
Menú familiar: sagas de padres e hijos que cocinan juntos
Lo mejor del Gastronomic Forum Barcelona 2024

Marc y Martí Roca (hijos de Joan y Josep Roca, respectivamente), Carlota Puigvert (hija de Fina Puigdevall) y Pol Ruiz y Marc Cano ('hijos' de Artur Martínez), esta tarde en el Gastronomic Forum Barcelona. / Ferran Imedio

Podría decirse que Marc y Martí Roca, Carlota Puigvert, Pol Ruiz y Marc Cano han ido con humos al Gastronomic Forum Barcelona a charlar sobre el relevo generacional en la alta cocina, en su caso, con el morbo de explicar sus experiencias como 'hijos de'. Pero no hay que confundirse: esos humos procedían de las demostraciones culinarias que se estaban llevando a cabo en el recinto de Montjuïc (¿esa bruma?, ¿hay extractores?). Ellos, en realidad, han exhibido una sencillez y una naturalidad que desarman, y eso que llevan ya unos añitos en los restaurantes de sus padres, El Celler de Can Roca y Les Cols en el caso de los tres primeros, y Aürt, en el de los dos últimos, que tienen como jefe y casi padre a Artur Martínez.
Y no, no han explicado los típicos choques de trenes que suelen producirse entre representantes de diferentes generaciones, entre el padre que levantó un restaurante y triunfó por todo lo alto y el hijo en modo Edipo que quiere 'matar' al padre cambiándolo todo para dejar su huella. Al contrario, por lo que cuentan, en esas cocinas y en esas casas reina la armonía, según han explicado cada uno de ellos. Eso sí, "la confianza da asco", como ha ironizado Marc, y en la relación familiar el trabajo es un componente más. "Todo se mezcla. Pero es nuestro estilo de vida", se justifican.
No hay, por tanto, peleas entre los progenitores y sus descendientes. "Su punto de vista es parecido al nuestro porque tenemos la misma base, aunque deberemos afrontar nuevos retos a nuestra manera: el cuidado del medio ambiente, el producto de kilómetro cero, la gestión del personal...", comenta Martí Roca, de 24 años, que antes de meterse como jefe de partida de aperitivos en El Celler de Can Roca había estudiado Dirección y Administración de Empresas. Un camino similar al de Marc, que no acabó Ciencias Políticas y Gestión Pública y que ahora, con 27 años, ejerce de jefe de partida de carnes del templo gastronómico familiar.

Marc y Martí Roca (hijos de Joan y Josep Roca, respectivamente), el periodista Marc Casanovas, Carlota Puigvert (hija de Fina Puigdevall) y Pol Ruiz y Marc Cano ('hijos' de Artur Martínez), esta tarde en el Gastronomic Forum Barcelona. / Ferran Imedio
Estos veinteañeros, algunos más tímidos que otros, están súperconvencidos de que este es su trabajo, su pasión. Por eso tomaron "libremente" la decisión de meterse en esta profesión sin que sus progenitores les hubieran pedido o insinuado que lo hicieran ("la gente de la calle, en cambio, sí", recuerda Marc). Precisamente él tardó en decidirse, precisamente porque veía de primera mano los "sacrificios" que conllevaba ser hostelero: "Y como adolescente no quieres ese estilo de vida". Pero le entró el gusanillo por la cocina y al final decidió dedicarse a la restauración. Puigvert piensa igual: "Si no tienes vocación es imposible dedicarse a esto porque es muy duro".
Obsesión por la sostenibilidad
Están especialmente sensibilizados con la gestión del personal, al que consideran que hay que mimar para que esté motivado, porque tienen "otras inquietudes" en comparación a generaciones anteriores. Y también les obsesiona la sostenibilidad, de ahí que valoren tanto al pequeño productor de proximidad. "Si no lo hacemos, si no los cuidamos, dejarán de trabajar u acabaremos comiendo todos lo mismo".
No debe de resultar fácil acarrear la mochila de las expectativas, ese peso extra por ser descendientes de Joan y Josep Roca, de Fina Puigdevall, por ser el ojito derecho de Artur Martínez, auténticos 'cracks' de la gastronomía catalana y mundial. Pero ellos la llevan con una naturalidad pasmosa: no van sobrados ni tampoco acomplejados. "El legado pesa, pero la presión es buena si sirve para mantener y mejorar lo que han hecho mis padres", admite Puigvert, de 25 años. "La mochila pesará demasiado si perdemos los reconocimientos que han cosechado", añade Martí Roca con una sonrisa de lo más seria.
A su lado, su primo admite que esa mochila ha tenido sus ventajas ("ha sido de gran ayuda para ir a hacer prácticas a los mejores restaurantes") pero también el inconveniente de tener un listón muy alto: "Sabes que, como mínimo, tienes que mantenerlo y, si puedes, mejorarlo".
Les queda tiempo por delante para conseguirlo. En 10 años se ven en sus restaurantes, quizá con sus padres en segunda línea, aunque eso ya no lo tienen muy claro. Los Roca toman como referencia a su abuelo Josep, el 'jefe, el hombre que creó Can Roca, la cuna donde se criaron Joan, Josep y Jordi Roca': "Ahí sigue. Así que no creo que la de nuestros padres vaya a ser una jubilación de facto. ¡Pero es que tampoco queremos jubilarlos!". Queda claro que el mito de Edipo no va con ellos.
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