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Cata Menor

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El 'trikini' de caviar, bogavante y salmón del restaurante Amar.

El 'trikini' de caviar, bogavante y salmón del restaurante Amar.

Pau Arenós

Pau Arenós

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El bikini es una preparación propia de Barcelona, aunque nunca aparezca en las listas de los platos desarrollados en la ciudad –o adaptados/adoptados–, donde sí tienen mención y honores otras vituallas.

El arroz Parellada (y no olvidemos el de pichón), los canelones (distintos a la forma italiana de prepararlos), la zarzuela, la bomba (de La Cova Fumada), el pijama (del 7 Portes), el bacalao a la ‘llauna’ y el ‘llom amb mongetes’ (de las ‘fondes de sisos’)…

Entre los postres, el massini, aunque el nombre de quién lo pasteleó primero es un enigma, y las encasadas.

Señalo que la Barceloneta aporta tres símbolos, la bomba, la zarzuela y el pijama, lo que debería hacernos valorar ese rincón cómo epítome de la barcelonidad. ¡Y qué estrafalarios nombres!

Alguien ha levantado ya el dedo, o la mano para darme en la cara: “Oiga, listillo, el bikini no es más que un sándwich mixto”. Sabemos el origen del bikini (la sala de fiestas con el mismo nombre, abierta en 1953 en la Diagonal) y que es una adaptación de una ‘croque monsieur’ francesa (eso no está tan claro).

El bikini de lomo y comté de Rafa Peña (Gresca).

El bikini de lomo y comté de Rafa Peña (Gresca). / Ferran Nadeu

Para reducir complejidades eliminaron la bechamel. Inteligencia, pues, que también rebajaba pesadez. En aquella mezcla de bolera, minigolf y baile moraba un geniecillo, por desgracia, anónimo. 

¿Y el mixto? El apuntador dice que proviene del sándwich cubano y que de Cuba pasó a Madrid. A La Habana podría haber llegado desde los campos de béisbol norteamericanos (hubo gran afición en Cuba desde finales del siglo XIX), donde los espectadores comían toneladas de emparedados de jamón y queso.

Lo determinante es la plancha, que convierte un blandurrio bocata besisbolero o futbolero en un firme y apetecible artefacto.

El bikini de mozzarella/jamón/trufa de Carles Abellan.

El bikini de mozzarella/jamón/trufa de Carles Abellan. / EP

Pan de molde, mantequilla, queso fundente y jamón de York. A partir de ahí, a volar. Barcelona aporta una diversidad y una creatividad que algún día deberían ser adecuadamente valoradas y promocionadas.

Lo planchado, digo, es lo determinante, así como la grasa en la superficie. El resto, qué cabe y qué no, qué pan sí y cuál no, sería discutible.

Solo recojo tres ejemplos de grandeza y evolución, y exageración de precio el último: jamón ibérico/mozzarella/pasta de trufa de Carles Abellan, comté/lomo/panceta de Rafa Peña y el trikini de Rafa Zafra: bogavante/caviar/salmón ahumado, ¡a 170 €!

Libro, documental, festival, premio… Que alguien dé trascendencia a este himno de lo cotidiano. 

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