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Despedidas amargas

Lista actualizada de los últimos cierres de buenos restaurantes de BCN

La lista de abandonos aumenta semana a semana. Aquí repasamos algunos de los más sonados

Plaga de cierres de restaurantes en Barcelona: ¿una burbuja culinaria que amenaza con estallar?

La barra de Tamae, con la cocina abierta al fondo.

La barra de Tamae, con la cocina abierta al fondo. / Joan Mateu Parra

Ferran Imedio

Ferran Imedio

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Las aperturas de restaurantes en Barcelona son un continuo goteo, a veces, chorro de novedades anunciadas a bombo y platillo. Pero el goteo de despedidas, de restaurantes que desaparecen por el desagüe sin que nadie o casi nadie se entere, también es incesante. Los últimos meses han sido un constante réquiem.

Últimos restaurantes cerrados en Barcelona

Adobo. Enrique Valentí había iniciado una nueva aventura gastronómica tras trabajar para otros (Casa PalomaChez CocóBarBas, Marea Alta/Baroz). En este negocio lo hacía con sofritos y cazuelas, tiempo y fuego bajo.

El buñuelo gigante relleno de crema de Adobo.

El buñuelo gigante relleno de crema de Adobo. / Ricard Cugat

Mano Rota. "Ni un bar ni una barra. Restaurante con barra", así definían sus dueños el concepto de este establecimiento que, en realidad, tenía dos barras, la de la entrada, para aperitivos y cócteles, y la del fondo, con mesas en medio.

Tramonti 1980. Situado en el número 501 de la Diagonal, abrió sus puertas en 1980, y se convirtió en una referencia culinaria para Barcelona. Pero la muerte del carismático Franco Lombardo, primero, y de su hermano Giuliano, ocho meses después, acabó con el cierre definitivo del negocio el 31 de diciembre de 2025.

Teatro. El restaurante del Paral·lel baja para dar paso a una propuesta del grupo Orobianco, bajo la batuta gastronómica de Paolo Casagrande, chef de Lasarte.

Sifó. Tras 23 años de vida, este establecimiento del Raval (Espalter, 4) con menús asequibles y especializado en carne argentina ha vivido una muerte lenta debido a las deudas acumuladas para sobrevivir al covid, a la subida del alquiler del local, al cambio del consumo y a la degradación del barrio.

El calamar con sobrasada de Xeixa.

El calamar con sobrasada de Xeixa. / Jordi Otix

Xeixa. Una cocina que buscaba la personalidad en el mismo edificio en el que Picasso encontró inspiración para el influyente cuadro ‘Las señoritas de Avignon’. Lo que fue Hidden Boqueria se había convertido en una casa de comidas que sirve platos mediterráneos que recorrían Catalunya, Baleares y el País Valencià.

Oria. Una reforma del Hotel Monument ha obligado al cierre de este restaurante de cocina vasca y, de rebote, la pérdida de la estrella Michelin que ostentaba este comedor regentado en el día a día por el chef Xabi Goikoetxea a las órdenes de Martín Berasategui.

Kuzu. Kiku Quer: madre japonesa, padre catalán. Denís Guder: padre alemán, madre ecuatoriana. Ambos dirigían este restaurante japonés sin la ortodoxia japonesa en pleno barrio del Raval.

La hamburguesa con pollo rebozado de Mirch.

La hamburguesa con pollo rebozado de Mirch. / Maite Cruz

Mirch. Ivan Surinder, chef y propietario de Tandoor, se desmelenaba y se sentía más libre que un personaje de Salman Rushdie en este chiringuito ravalero que tenía en la carta dos hamburguesas.

Dr. Zhang (local de la calle de Aribau). Elia Caral, que triunfaba y sigue triunfando con el local de la calle de Sepúlveda, había abierto este nuevo establecimiento dedicado a los ‘dumplings’, con Giulia Campazzi en la cocina, y con un repertorio de tapas asiáticas.

Croma by Flash. El Flash Flash del siglo XXI, titulamos en nuestra visita inaugural, porque este restaurante ubicado en un luminoso local de la Diagonal era 'hijo' de la icónica tortillería pero marcaba perfil propio.

Palo Verde. El cocinero Ludwig Amiable y el diseñador Andrés Bluth reivindicaban una «cocina esencial, primitiva y básica» basada en la parrilla. Un restaurante capaz de hacer magia con tan solo un pimiento a la brasa o con la morcilla de pato.

Platos de Chez Cocó.

Platos de Chez Cocó. / Chez Cocó

Chez Cocó. La lujosa 'rôtisserie' de la Diagonal, que había abierto en 2012, baja la persiana al no poder asumir el precio del nuevo alquiler ni encontrar personal solvente. Había convertido el pollo a l'ast en bocado gurmet.

Camarasa Fruits. Era un espectacular y suntuoso espacio de aire ‘retro’ en la plaza de Francesc Macià en el que igual podías comprar productos gurmet y platos preparados que comer o cenar platos de cocina de mercado o llevarte un pollo asado en horno de leña.

Gegant. Joan Vallès, Iván Fernández y Jordi Mestre gestionaban una casa de comidas en Poblenou a buen precio para atraer al público joven.

Bajarí. Bajarí significa Barcelona en caló y aquí homenajeaban el nomadismo, con platos del Mediterráneo servidos en una vajilla artesanal hermosa. El espacio era luminoso y agradable, algo ruidoso, y había que compartir mesa.

El tartar de calamar integral del restaurante Aürt.

El tartar de calamar integral del restaurante Aürt. / Pau Arenós

Aürt. Ya no está en el Hotel Hilton Diagonal Mar. El nuevo Aürt, cuya ubicación en Barcelona se mantiene en secreto como si fueran los planos de una central atómica iraní, retomará la actividad hacia marzo del 2026.

Per Feina. Rafa Zafra, el chef del caviar, se acercaba a nuevos públicos en el 22@ con un establecimiento de guisos que daba desayunos y comidas en días laborables.

Blau. Marc Roca emplataba lo popular con una mirada particular en su restaurante del Eixample. Qué bien hacía el bacalao con garbanzos, demostración de su maestría para lo hondo y la sustancia.

Roger González y la empanadilla de conejo a la cazadora de Bar Torrente.

Roger González y la empanadilla de conejo a la cazadora de Bar Torrente. / Òscar Gómez

Bar Torrente. La empanadilla de conejo a la cazadora era el emblema de este local de Sant Andreu que proponía platos muy elaborados pero asequibles y de calidad.

Il Birrino. Emanuele de Angelis combinaba en su restaurante de la calle de Alí Bei la pasta recién hecha (en una micrococina de ¡dos metros cuadrados o menos!) con la cerveza artesana.

El cebiche caliente de corvina de Passeig Escribà Nikkei.

El cebiche caliente de corvina de Passeig Escribà Nikkei. / Elisenda Pons

Passeig Escribà Nikkei. Roberto Sihuay había regresado a Barcelona vía Londres para dirigir el restaurante ‘nikkei’ de Joan Escribà a muy pocos metros del paseo de Gràcia. Había decidido una mixtura: «Cocina 'nikkei' con producto local». Lo 'nikkei', lo japoperuano. «Producto peruano y mediterráneo y técnica japonesa». 

El Boulevard. El establecimiento que ocupaba el espacio del desaparecido centro comercial Bulevard Rosa era un ‘lounge restaurant’ donde igual podías practicar el postureo que disfrutar de ‘sushi’ creativo.

Infomal. Marc Gascons, el patrón de Els Tinars (una estrella Michelin en Llagostera), hacía maravillas en la parrilla de este restaurante ubicado en las bajos del hotel The Serras.

Mucho. La pizzería de autor de Jordi Vilà, que contaba con el apoyo de Xevi Ramon (panadero de Triticum), servía propuestas elaboradas con ingredientes de calidad sobre masas fermentadas durante 72 horas. Y siempre buscando la originalidad: la Tropical Com Cal llevaba mango, aguacate, jalapeño y cítricos, y también destacaba la inspirada en la gilda del vermut.

Banquet. Este establecimiento cercano a la Rambla quería ser un bastión en defensa de la cocina catalana, con platos poco habituales en el panorama gastronómico de la ciudad como los caracoles, el conejo y el arroz a la milanesa.

Taco Méndez. Tras el cierre de Niño Viejo, Paco Méndez, en alianza con Albert Adrià, regresó a la vía popular con masas recién hechas en lo que fue la Bodega 1900 y después Bodega Lito. Paredes de colores, platos de plástico de colores, ningún cubierto: los dedos eran aquí los actores principales.

Ekaterina. En este modesto local de la calle de Borrell, 129, Genya Petrova elaboraba y servía una cocina sencilla, casera, tradicional, que seducía tanto a sus compatriotas rusos como a los barceloneses, ya que las recetas se habían adaptado un poco (sin pervertirlas) a nuestros gustos.

Fabienne Suc y Franck Belly, de The Pan's Club, con La Verde, ganadora del Mundial de quiches de 2022.

Fabienne Suc y Franck Belly, de The Pan's Club, con La Verde, ganadora del Mundial de quiches de 2022. / Ferran Imedio

The Pan's Club. Era una 'quicherie', algo inaudito incluso en su país de origen. Franck Belly y Fabienne Suc tenían en carta más de una quincena de propuestas y una de ellas, La Verde (con espinacas y queso de cabra) ganó el título de mejor quiche del mundo en 2022.

Espai Sucre. Desapare no solo la escuela que ha formado a tantos futuros magos del azúcar sino también el primer restaurante de postres del mundo, homónimo cuando abrió en 2000 y después renacido y rebautizado como Espai Essence a partir de 2017. La de este año será la última promoción. El chef, que inicialmente tuvo como socio a Xano Saguer, ahora en México, ha confesado que baja la persiana de su emblemático negocio porque sus problemas de salud "desaconsejan la gestión del día a día" del establecimiento.

La cocinera Yoaké San, en el comedor azul de Yubi.

La cocinera Yoaké San, en el comedor azul de Yubi. / Ricard Cugat

Yubi. La cocinera Yoaké San está hecha de dualidades: la madre nació en Hiroshima y el padre, en la Bretaña; se siente medio japonesa y medio francesa; con Ben Weiss, 'dj' y copropietario, tiene dos hijas; sus dedos están hechos tanto a los palillos como al tenedor. Por eso era así su restaurante de la calle de Muntaner, 185.

Terra d'Escudella. En este restaurante se propusieron cumplir con el destino que da nombre al restaurante y servir a diario este símbolo de la cocina catalana tradicional. "El paso de los años, el desgaste físico y mental, el covid, la inflación, la gentrificación y la falta de relevo", según sus responsables, provocaron el cierre.

Tokyo Sushi. Un histórico que desaparece del mapa por su antigüedad (fue fundado en 1978) y por su singularidad: fue el primer japonés que se abrió en Barcelona. El derribo del edificio donde está ubicado, en la calle Comtal, en el Gòtic, ha provocado el adiós del negocio que inauguró Minoru Nishiyama, que a sus 74 años no se ve con fuerzas de esperar los dos años que durará la reforma para reabrir.

Abasolo Etxea. Los más viejos del lugar, es decir, de la zona cercana al Turó Park, conocían de sobra Abasolo Etxea. Ha sido un referente de la cocina vasca por aquellos lares desde hace décadas. Aquel portón de madera a la entrada del local era icónica... En 2023 cambió de manos pero no de filosofía culinaria, y fue renovado de arriba a abajo de tal manera que solo conservó, además de la citada puerta, los ladrillos de algunas paredes y la ubicación de la barra de 'pintxos'.

Goliard. Este acogedor y tranquilo restaurante situado en el número 6 de la calle del Progrés se despide el 21 de junio tras 23 años de actividad. Su carta se basaba en una cocina informal de mercado con raíces catalanas. De martes a viernes, el restaurante ofrecía un menú de mediodía (dos platos, postre, bebida y pan) por 19,80 euros.

David Muñoz, en el restaurante Goxo, en Barcelona.

David Muñoz, en el restaurante Goxo, en Barcelona. / Ferran Nadeu

Goxo. El Goxo de Barcelona, el primer restaurante de David Muñoz fuera de Madrid, ha cerrado sus acristaladas puertas en el Hotel NH Collection Constanza después de dos años. Pero no es un adiós a la ciudad, en palabras del cocinero, sino un ‘hasta luego’. “No cerramos Goxo, lo trasladamos”, explica de forma tan breve como contundente. “Goxo seguirá en Barcelona, con ‘delivery’ y local fijo”, asegura.

Fragments. Una plaza de Les Corts rodeada de calles peatonales y cerca de L’Illa acogía este restaurante con terraza interior y platos con carácter. Explicaban sus responsables que querían ser "un bistró de calidad de Barcelona, un lugar de confianza". Y nuestro cronista gastronómico, Pau Arenós, aseguraba que se la merecían tras visitarlo.

Ipar Txoko. Miguel Real de Asúa tenía 57 años y había pasado casi la mitad de la vida en su restaurante, en el número 22 de la calle de Mozart, que ha sido una especie de embajada culinaria de Euskadi en el barrio de Gràcia. Un establecimiento marcado por el estilo personal de su propietario que ahora cerrará sus puertas por causa mayor. Miguel falleció repentinamente el pasado 26 de marzo de un infarto.

Mitja Galta. Este restaurante hacía una cocina de barrio deliciosa, con uno de los menús de mediodía más ricos y con mejor relación calidad-precio de la ciudad.

Casa Darío. Después de 56 años, la marisquería gallega que abrieron en el Eixample, cerca de la universidad, Darío Duro y Manolita Arias en 1968 se ha traspasado para convertirse en un restaurante japonés del grupo Nomo. Allí se podían degustar delicias como ostras de Arcade, cigalas de Marín, almejas de Boiro, berberechos de A Guarda o percebes de Cedeira.

Walló. Una 'paninoteca' o bocadillería diseñada por pizzeros, con 'focaccias' y bocatas que desbordan 'porchettas', atunes, 'burgers' y carnes crudas. Qué buenos eran los bocadillos de Walló...

Sants es crema. El 9 de marzo baja la persiana la icónica bocadillería que abrió en 2017 el chef Jordi Bernús después de trabajar en lugares tan reconocidos como El Bulli, la Enoteca Pinchiorri o el Ritz Cartlon de Jakarta. "Han sido unos años con muchas cosas buenas y otras no tanto. Nos llevaremos un máster en gestión y supervivencia, pero ahora mismo falta motivación para continuar con este proyecto. Hasta pronto", reza el mensaje publicado en las redes sociales, que concluye con un: "Sants es crema sempre!".

El Tros-Vall Llach. El músico Lluís Llach y los periodistas Antoni Bassas y Mariona Anglès abrieron este bar de vinos en 2017 en Barcelona. Allí servían vinos del Priorat y el Montsant a granel, a copas (de todas las referencias que había en la carta) o por botellas. Para comer, sencillez: embutidos, quesos y platos fríos y semifríos como ensaladas, brandada de bacalao, con productos de proximidad e inspirados en la cocina del Priorat. En 2021, tomaron las riendas del negocio Raimon Bassas, hijo de los periodistas, y el sumiller Mauri Gall, que han decidido que a partir de marzo será un espacio para eventos privados. En 2025 ha bajado la persiana definitivamente.

Colella. Hay vida más allá de la pasta, y este restaurante del Eixample huía de los estereotipos asociados a la cocina italiana con platos del sur tradicionales.

Frankurt Rita. Los fans de los frankfurts tenían apuntado en sus agendas este refugio del Poblenou que servía bocadillos con muy buen producto y divertidas combinaciones a precios populares: 12 bocatas en los que se podía escoger el tipo de salchicha (tradicional, artesana con la firma del prestigioso carnicero mallorquín Xesc Reina y vegetal con un toque ahumado) a precios que oscilaban entre 3,50 € (con kétchup y mostaza a placer) y 8,90 €.

Celler Jordana. Este local encajaba a la perfección con el concepto 'no iba a salir pero me lié' en versión gastronómica. Porque te dejabas caer por este bar de vinos del barrio de Sant Antoni para tomarte una copa, solo una, acaso bien acompañada de una tapa (solo una), y acababas probando el fantástico cava de la casa, aquel vino tinto de Alella que no tenías controlado pero que te flipa y un 'riojita' baratito y resultón, todo ello mientras los combinabas con el queso cremoso Finca Pascualete, el picantísimo tartar de alcachofa, el bikini trufado...

Pirineus 1975. Este restaurante, ubicado a escasos metros de un epicentro tan turístico y comercial como el Portal de l’Àngel, proponía tablas de quesos y embutidos para vermutear a cualquier hora y platos de toda la vida.

Cal Bonete. Levantaron la persiana per primera vez el 14 de noviembre de 1973 y el 17 de noviembre de 2023 la bajaron para siempre por la jubilación de su dueña, Carmen Monfort. Adiós a un local que se mantuvo exactamente igual durante los 50 años que estuvo en funcionamiento. Adiós a su menú de mediodía tan asequible y sabroso.

Pla de la Garsa. En el número 13 de una estrecha callejuela de Ciutat Vella estaba este histórico local cuyo reclamo eran las setas con bacalao. Un maridaje perfecto. La familia Solé, dueña del restaurante, decidió hace unos años traer de Els Hostalets de Balenyà unas excelentes setas y con ellas crearon «un plato innovador sustituyendo la butifarra negra por el bacalao», contaban sus dueños.

La tortilla de patatas del Bar Monterolas.

La tortilla de patatas del Bar Monterolas. / JOAN CORTADELLAS

Bar Monterolas. Peppe Palo había conseguido que en un pequeño bar con dos fuegos, una plancha y una freidora, se preparara una tortilla de patata, hecha al momento, que subía al podio de las mejores que hay. En este local, que combinabab la cocina mediterránea con la italiana, cuando no entraba se preguntaba: ¿qué pido: tortilla de patata o ñoquis? Lamentablemente, ya no habrá motivo para dudar.

Tamae. Tamae era, sobre todo, comida-para-llevar ('take away') y comida-sobre-ruedas ('delivery') pero era también una barra con ocho asientos y otros dos en la entrada. Tamae era Tamae Imachi y Albert Raurich (Dos Palillos) y Eugeni de Diego y Ana Alvarado (A Pluma), los cuatro con pátina bulliniana además de una amistad que incluye vacaciones compartidas.

Bistrot Bilou. El francés Eric Basset recuperaba los contundentes sabores de su niñez y platos más difíciles de encontrar que un 'heavy' sin melena. Su 'pâté en croûte' era me-mo-ra-ble.

Las albóndigas con patatas y pimientos del Bar Yeti.

Las albóndigas con patatas y pimientos del Bar Yeti. / Jordi Cotrina

Bar Yeti. El cocinero Carlos Herrero, del histórico Bonanova, quería un bar y convenció a sus hermanos para comprar uno fundado en los 60. Allí servían unas albóndigas más que buenas: "Son esferas de cerdo y ternera al 50%, 'panko', leche y un huevo por kilo de carne, tiernas, sabrosas", escribió sobre ellas Pau Arenós. Pero este local de la zona alta de Barcelona ha tenido que bajar la persiana. Una lástima.

Granja Vendrell. En 2019 cerró cuando el propietario, Demetri Vendrell, tercera generación del negocio centenario, se jubiló. En 2021, Anna Grau, retomó las riendas del local hasta la fecha para volver a convertirlo en una de las cafeterías más icónicas del barrio de la Eixample. El 19 de julio de 2023, con una publicación de Instagram, la titular del bar se despidió de la restauración, su legendaria nata montada y crema catalana para dedicarse a eventos privados. El negocio no había funcionado como tenía previsto y ha tenido que abandonar el local. Ahora la propiedad busca nuevos 'granjeros'.

Granja Bruselas. La falta de vida de barrio en la Dreta de d'Eixample, la nueva propiedad del edificio y el precio de las materias primas, son los prinicipales motivos del fin de la actividad de este templo de la merienda en Barcelona.

La merluza al vapor con puerros a la brasa del restaurante Craun.

La merluza al vapor con puerros a la brasa del restaurante Craun. / Ferran Nadeu

Craun. Una mezcla de mundos, estilos y cocinas: Diego Gámez pinchó en Caracas y Barcelona y durante unos cuantos meses estuvo seduciendo con un pescado perfecto y una col de aúpa. En su carta podías encontrar lo reconocible desde otro punto de vista.

Brusi. El bar, conocido por su cocina tradicional, echó el cierre el 17 de abril de 2023. Local añejo de dos pisos, con barra de zinc y una decoración que parecía extraída de un hogar de los años de la Transición, estaba en la calle de la Llibreteria, entre las plazas de l'Àngel y Sant Jaume, y era popular por sus callos, de los mejores de Barcelona.

Pinotxo. El emblemático restaurante de la Boqueria ha desaparecido. Deja un recuerdo maravilloso entre quienes allí comieron sus platillos de mercado y conocieron a Juanito Bayén, su carismático camarero, que falleció poco después de dejar el trabajo y meterse en una batalla legal con los familiares que también trabajaban allí. Un mal final para una dirección imprescindible, fueras o no turista.

Urgell Londres. Esquinero como señala el nombre, el Urgell Londres era propiedad de Santi Olivella, veterano de la restauración barcelonesa, que defendió a principios de siglo el Cata 1.81, plaza que ocupa hoy el restaurante Haddock, y donde hicieron famosos los macarrones con chocolate blanco y sobrasada. Un plato que había actualizado el chef Moussa el Yamlahi, nacido en Tánger, que nunca ha probado el cerdo. 

La Milpa. Nicolás de la Vega y Frank Beltri, de Slow & Low, lanzaron un restaurante mexicano (que no taquería) en Baixada de Sant Miquel, 6. Servían platos que nacían de recuerdos. Duró casi, casi, lo que se tarda en preparar un guacamole sin tomate (porque ellos lo preparaban así). El proyecto no funcionó como hubieran deseado y lo finiquitaron; temían, eso dijeron, que pusiera en peligro Slow & Low.

Pappa Sven. La chef y propietaria, Nina Olsson, bajó en noviembre la persiana del exitoso establecimiento que abrió en 2010 y, tras publicar el libro de recetas 'Cocina nórdica' (Planeta Gastro), regresó a su país natal para reencontrarse con su familia y amigos. Era el único restaurante sueco de Barcelona, y dejó a muchos huérfanos de su reno estofado y de su bufet 'smörgosburd' (arenques marinados, salmones ahumado, embutidos, ensaladas, la llamada tentación de Janssons -patatas gratinadas al horno con anchoas-).

El Malparía. Este restaurante era el resultado de la alianza de Ever Cubilla (Claris 118) y Javier Caballero (Bodega Gol), del tiradito y de los callos. No era cocina fusión, sino cocina asociación. Estaba en Blai,2, la calle gobernada por las taperías. En la carta, los mejillones, la ensaladilla con gamba y bonito, la tostadita de anchoa, manchego rallado y pimiento; la ostra natural y otra con salsa 'ponzu', la croqueta de pollo/jamón y la de choco... Hubo desacuerdos entre ambos socios y el restaurante solo estuvo un mes estuvo abierto.

Somodó. El restaurante de alta cocina asequible con "un poco japonés y de mediterráneo" estaba en manos de Shojiro Ochi, que falleció. Su el jefe de cocina, Toshi Suzuki , tomó el relevo, pero en diciembre de 2022 decidió cerrar el restaurante para iniciar un nuevo proyecto.

Sergi de Meià. Sergi de Meià había vuelto a los fuegos en un local diferente (Laforja, 83), compaginando su trabajo como cocinero con la presidencia de una fundación. El lema de la casa era 'cuina catalana desacomplexada' y estaba bien elegido: cocina catalana con personalidad que ejemplifica de maravilla la crema de espinacas y el pichón/tripa de bacalao/'fajol'. "Un camino corto pero intenso", resume el chef, que no era propietario del negocio, sino un inversor que decidió cerrarlo pese a que no funcionaba del todo mal.

Arigato. Sebastián Mazzola y Sussie Villarico solo querían una heladería que se viera bonita y les salió un restaurante con platos hondos y humeantes, y un bar donde comprender el sake. Fueron tres años en Roger de Llúria, 114 hasta que dijeron 'hasta aquí' y lo anunciaron en las redes.

Sta. Fe. Este restaurante junto a la iglesia de Sant Gregori Taumaturg (Santa Fe de Nou Mèxic, 18) tenía una fiel clientela gracias a los 'ssams', 'rolls' y otros platillos más clásicos, bien elaborados y de sabores potentes, como la ensaladilla rusa de langostino, el bikini trufado de mozzarella y jamón ibérico y el 'tartar' de tomate. Tras recibir una suculenta oferta de traspaso, los socios la han aceptado hace unas semanas. Llevaba poco más de un año abierto.

Mattone. La pizzería semiclandestina que había en el sótano acristalado de Bistró Mató  (Bisbe Català, 10) proponía platos sin complicaciones con buen producto italiano. Cerró en primavera de 2022 y ahora es la arrocería de Bistró Mató.

Non solo pizza. Este negocio de Enric Granados, 110), especializado en pastas artesanas y especialidades genovesas (la pizza no entraba en su oferta),y con vinos italianos interesantes y asequibles, ha sido traspasado a unos empresarios rusos.

Manairó. En este restaurante de Diputació, 424, el talentoso (y manitas, porque a veces se hacía sus propios utensilios de cocina) Jordi Herrera llegó a lucir una estrella Michelin... pero se fue apagando hasta que, hace unas semanas, cerró para siempre.

Dumbo Café. Lo que era Café San Telmo tenía una propuesta más 'healthy' en la que mandaban 'bowls', sándwiches y cafés de especialidad, además de huevos, 'burgers' y 'brunchs'. Con el fin de la pandemia, los clientes del barrio (está en Buenos Aires, 60, junto a la Diagonal) reclamaron una vuelta a los orígenes y el negocio cerró hace menos de un año para volver a ser Café San Telmo, una cafetería más clásica, con 'afterwork' para disfrutar de un gintónic.

La excepción: un cierre anunciado

Petit Pau. Con antelación y en redes sociales, Pau Gascó, el chef y propitetario de Petit Pau (Espanya Industrial, 22), anunció que bajaba la persiana de su restaurante, en el que habrá servido su cocina de autor durante más de nueve años. Lo hizo "con la cabeza bien alta y mucho orgullo por el trabajo bien hecho" en su barrio, Sants. Gracias a su excepcional anuncio, aún hay tiempo para saborear sus platos.

Adiós a clásicos de barrio

Can Lluís. Poco le faltó para llegar a ser centenario, ya que abrió en 1929 y cerró en 2021. Pero la pandemia fue fatal, tanto como la batalla judicial que mantuvo con el fondo inmobiliario que adquirió el edificio donde estaba, en el Raval (Cera, 49). Vázquez Montalbán se removería en su tumba al ver desaparecer el lugar donde tanto disfrutaba de sus buñuelos de bacalao.

Granja Montsant. En la esquina de las calles de Urgell con Consell de Cent, se despide de varias generaciones de clientes este viernes, antes de ver terminada la pacificación total de Consell de Cent con la 'superilla' municipal. No cierra por falta de clientes, sino por el agotamiento de la propietaria y la reciente muerte de su madre, que había sido "el alma del local".

Senyor Parellada. Lo que ahora es Carmina fue, durante muchas décadas, Senyor Parellada (Argenteria, 37). Depués de 38 años, echó el cierre víctima, otra más, de la maldita pandemia.

Cierres en la zona del paseo de Sant Joan

Sant Joan. Desde septiembre pasado, ya no se ven colas frente a Sant Joan, en el número 65 del paseo homónimo. Sus platos caseros ejercían de poderoso imán para unos comensales que no podían reservar mesa, y que no podían pedir menú de mediodía porque, simplemente, no lo había. Estuvo abierto 41 años.

Dirty Duck. Un año antes (en septiembre de 2021) y en la misma zona (estaba casi en la esquina de la calle de la Diputació con el paseo de Sant Joan), bajó la persiana. Era un restaurante con nombre bar de copas que hacía comida casera -bordaba los callos y las paellas- pero nunca preparó un plato con pato. Sus propietarios de jubilaban tras 41 años al pie del fogón.

La Llave, A un par de manzanas de allí, otra institución, La Llave, cerraba para siempre. También aquel mes y también tras estar 41 años dando servicio a vecinos y trabajadores de la zona, fieles a su cocina de mercado. Pero la fallida negociación por la renovación del alquiler y una pandemia económicamente devastadora pusieron fin al popular restaurante de la Dreta del Eixample.