Otro baja gastronómica en la ciudad
Cierra El Cuiner de Damasc, adiós al mejor 'kebab' de Barcelona
La jubilación del chef y propietario, Salem Kahbbaz, que coincide con el fin del contrato de alquiler del local, pone fin a 15 años del popular restaurante del Gòtic

Salem Kahbbaz, chef y propietario del restaurante El Cuiner de Damasc

Hay que mentalizarse: es época de llorar el cierre de restaurantes populares. Tras haber perdido La Llave, ahora le ha tocado el turno a El Cuiner de Damasc, al que muchos consideraban como el que servía el mejor 'kebab' de Barcelona, amén de un falafel de antología, un humus de vicio y un 'durum' insuperable. Pero así ha sido: su chef y propietario, Salem Kahbbaz, se jubila y coincide con el fin del contrato de alquiler del local.
El portón de madera que daba entrada a una gastronomía de Oriente Medio auténtica y accesible ya no volverá a abrir. Llevaba 15 años en la calle dels Templers, en el Gòtic.
Turistas, vecinos y trabajadores
Prueba de su éxito es que, en sus días de apertura (de martes a sábados), lo frecuentaban los turistas que han desaparecido con la pandemia y que están volviendo con cuentagotas, los vecinos del barrio y los barceloneses que sabían de sus aromáticos platos y querían viajar a aquellas tierras sin salir de la ciudad y los trabajadores de los comercios cercanos y los funcionarios del ayuntamiento, a pocos metros de El Cuiner de Damasc.
Una sala sencilla, una cocina honesta, un servicio amable... Un lugar, en fin, de atmósfera casera (de estilo árabe) y luminosa donde disfrutar de una comida tan agradable como asequible.
La razón que ha llevado al cierre del restaurante es la jubilación del chef y propietario, el sirio Salem Kahbbaz, de 76 años, que ha hecho coincidir su despedida con el fin del alquiler del local. "Me gusta tener la conciencia tranquila y puedo decir que no he engañado a nadie y que he hecho cosas buenas, siempre con corazón", explica a este diario con orgullo. El mismo que sentía cuando ""la gente decía que nunca habían probado un 'kebab' tan bueno", recuerda. "Decían que su carne era buena, tierna, barata, deliciosa".
Y tenían razón. Su 'kebab' ya se echa de menos. Lo elaboraba el propio Kahbbaz: llevaba carne de cordero y de pavo adobadas con canela y pimienta con la que rellenaba un pan de pita tostadito en el que también metía lechuga, tomate, pepino y salsa picante. Antes se lloraba de emoción al comerlo; ahora, al añorarlo.
Queda el consuelo del libro que escribió en 2008 con su amigo el antropólogo Jordi Colobrans, ''El Cocinero de Damasco, cocina, cultura y recetas' (Zendrera Zariquiey).
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