En La Pobla de Lillet
Murcarols: el vermut que gustaba a Gaudí está a punto de cumplir 100 años
Esta bebida nacida del ingenio de un pastor del Berguedà mantiene la misma fórmula secreta en manos de sus descendientes
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Jaume Curtichs, dueño de Murcarols. / El Periódico

Murcarols es el mejor ejemplo del valor de las herencias vivas. Un vermut que nació en una montaña donde poca cosa sucedía y que, con el tiempo, ayudó a que el nombre de La Pobla de Lillet empezara a sonar más allá del Berguedà.
La historia comenzó en 1902 con el nacimiento de Josep Curtichs, el 'avi' Josep, como le gusta recordar a su hijo Jaume. Pastor de oficio y herbolario por vocación, aquel hombre de manos curtidas y mirada paciente había aprendido, de niño, la ciencia de las hierbas gracias a un maestro que le enseñó a recolectarlas y combinarlas.

Cartel histórico del vermut Murcarols / Mucarols
Con el paso de los años, entre montañas y rebaños, empezó a infusionar esas hierbas en vino blanco, creando lo que él llamaba el vino del pastor. Sin pretenderlo, había dado el primer paso hacia un hallazgo que marcaría la historia de su familia y de su pueblo.
Cuando los astros se alinearon
A veces, las cosas importantes nacen de una coincidencia. O de un momento exacto en el que la vida y la suerte se cruzan. La Pobla de Lillet vivía entonces un momento de transformación: el conde Güell acababa de instalar la fábrica de cemento Asland, que cambiaría la economía local, y el arquitecto Antoni Gaudí, invitado por él, visitaba la zona para proyectar los Jardins Artigas.
En medio de aquel renacimiento industrial y social, el vino del pastor corría de boca en boca. “A Gaudí le gustó mucho”, cuenta Jaume, con la certeza de quien ha escuchado la historia en casa desde siempre.

Un vermut típico de la bodega Mucarols / Mucarols
El éxito del vino fue tal que el 'avi' Josep decidió vender parte del rebaño y abrir una pequeña bodega en el pueblo, en la calle de Bergà. Años más tarde se trasladó a la calle dels Porxos, donde instaló una sucursal vinícola.
Receta mejorada con una hierba de Creta
Su distribuidor -botánico de profesión- probó aquel vino infusionado y quedó fascinado. “Esto no es vino, esto es vermut”, le dijo. Y le propuso mejorar la receta con una hierba de Creta, el díctamo. El resultado fue un vermut de una calidad excepcional. Y así, casi por casualidad, nació Murcarols, una de las etiquetas más antiguas y queridas de Catalunya, cuyo nombre se refiere a la casa familiar, Can Mucarols.
“El abuelo decía que la fórmula solo podía transmitirse por la sangre”, explica Jaume Curtichs, que hoy dirige el negocio junto a su hijo, Josep Maria, tercera generación de esta saga del vermut. “Nadie más la conoce, ni mi mujer”, añade entre risas. “Solo mi hijo y yo sabemos exactamente qué lleva y en qué proporciones.” El Murcarols se elabora con vino blanco de alta calidad y una mezcla de entre 60 y 70 hierbas aromáticas que varían ligeramente según la añada. Una receta sellada, más secreta -dicen ellos- que la de la Coca-Cola.
La antigua bodega, convertida en una animada vermutería
El vermut negro reserva, de 16 grados, es el más vendido. Macera dos veces en botas de roble americano con sus hierbas, y su base es una solución hidroalcohólica con uva moscatel. “No queremos que sea ni dulce ni amargo, eso es lo que nos gusta”, resume Jaume, convencido de haber alcanzado el equilibrio perfecto. El Murcarols existe solo en dos versiones -negro y blanco-, y con eso basta. No hay artificio ni modernidad impostada, solo la continuidad de una tradición familiar que ya roza el siglo.
Hoy, la antigua bodega se ha convertido en la Vermutería Murcarols, un espacio donde los fines de semana se llenan de vida. “Cuando la reabrí, pedí mantener la barra original y reservar un lineal para el vermut”, recuerda Jaume. Allí, entre madera y botellas, los visitantes se ponen las botas con tablas de embutidos y quesos del Berguedà, acompañadas de un Murcarols bien frío. Es un lugar donde se bebe historia, pero también gratitud.

Interior de la bodega vermutería Murcarols / Mucarols
La edad dorada del ritual
“El vermut vive una época dorada”, reflexiona Jaume. “Mucha gente joven ha decidido salir los fines de semana y compartir un rato en bodegas que han recuperado este ceremonial. Eso nos da vida”. Sin 'marketing' ni grandes campañas, Murcarols ha crecido gracias al boca-oreja. “Toda nuestra clientela se ha hecho aquí, probando. La gente lo ha amado a lo largo de 99 años. Y eso no tiene precio”.
Desde el calle de l’Església, 4, en La Pobla de Lillet, el Murcarols sigue su camino hacia el centenario, en 2026. “Esperamos llegar con ilusión”, dice Jaume. “Tenemos amor por el vermut y por la gente que nos ha acompañado. Solo podemos devolverles gratitud”. Hace una pausa, levanta la vista y sonríe: “Y sí, sigo convencido de que hacemos el mejor vermut del mundo”.
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