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Un legado icónico

Lucie Pereyre de Nonancourt: de no querer saber nada de champán a ser embajadora de Laurent-Perrier, la marca de la familia

Lucie Pereyre de Nonancourt, cuarta generación de la estirpe que dirige la 'maison': "La marca va mucho más allá de nuestra pequeña familia"

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Lucie Pereyre de Nonancourt, representante de la cuarta generación de la familia que dirige la firma de champán Laurent-Perrier.

Lucie Pereyre de Nonancourt, representante de la cuarta generación de la familia que dirige la firma de champán Laurent-Perrier. / El Periódico

Ferran Imedio

Ferran Imedio

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¿Hasta dónde alcanza el peso de la tradición familiar? La pregunta surge durante la charla con Lucie Pereyre de Nonancourt cuando esta, cuarta generación de la estirpe que dirige la 'maison' de champán Laurent-Perrier, confiesa que cuando era joven nunca le interesó el mundo de los vinos y los espumosos. Es más, que en casa nunca le sugirieron o insinuaron que debía trabajar en la bodega. "Al contrario, siempre me dieron libertad para elegir mi camino", subraya.

Pero lo acabó escogiendo. Y eso que ella quería ser 'coach' de vida, alguien que "trabaja de forma proactiva con las personas para ayudarlas". "Vendría a ser algo así como una versión más a la americana de un psicólogo, que me parecía más aburrido en su despacho", puntualiza.

Lucie Pereyre de Nonancourt, en una de las viñas de Laurent-Perrier.

Lucie Pereyre de Nonancourt, en una de las viñas de Laurent-Perrier. / El Periódico

Hasta que un día acudió a una cata reveladora en Estados Unidos. "Me hizo cambiar mi percepción del vino, me hizo reflexionar y me enfrentó a mi propia ignorancia porque no sabía nada de este mundo". Tenía 23 años y comenzó a estudiarlo, "en cierta manera por orgullo", admite. "Me dije: 'Mi familia elabora champán y no sé muy bien cómo lo hace'". Le gustó tanto que olvidó la idea del 'coaching' y se formó, trabajando para Marqués de Riscal en Madrid durante un lustro (de ahí su excelente dominio del castellano). A sus 36 años, es embajadora de Grand Siècle, el champán más prestigioso de Laurent-Perrier.

Fundada en 1812

Una 'maison' que fundó en 1812 André-Michel Pierlot, antiguo tonelero y embotellador, que se instaló en Tours-sur-Marne como comerciante de champán. Su hijo, Alphonse, al no tener descendencia, traspasó el negocio a su jefe de la bodega, Eugene Laurent.

Al fallecer prematuramente en 1887, su viuda, Mathilde-Émilie Perrier, añadió su apellido al nombre de la empresa, que pasó a llamarse Veuve Laurent-Perrier. La hija de ambos, Eugenie Hortense, tuvo que venderla en 1939 al no poder superar las crisis derivadas de la primera guerra mundial y el 'crack' del 29.

La compradora fue la bisabuela de Lucie, Marie-Louise de Nonancourt, viuda y madre de cuatro hijos que pertenecía a la saga que elaboraba el champán Lanson y que quería tener una bodega propia. Fue su hijo, Bertrand de Nonancourt, quien le dio el impulso y el prestigio del que goza actualmente al tomar las riendas en 1948 y marcar la línea que ha convertido Laurent-Perrier en una de las seis grandes 'maisons' francesas: "Frescura, pureza y elegancia".

"Fue un pionero porque buscaba una bebida gastronómica, no solo para postres como hasta entonces", comenta Lucie. Así que se negó a hacer un champán muy azucarado como se estilaba en la época y se inventó el brut nature, una categoría que no existía. También apostó, cuando nadie lo hacía, por los depósitos de acero inoxidable para lograr una mayor frescura y pureza, los vinos de reserva para elaborar los mejores ensamblajes y los rosados cuyas uvas maceran con la piel.

Grand Siècle, el intento de recrear la añada perfecta

Y quiso recrear la añada perfecta con Grand Siècle, en el que ensamblaba tres añadas excepcionales cuyas características podían ser complementarias y las guardaba un mínimo de 10 años en botella para lograr la frescura eterna y la complejidad aromática que buscaba. Desde 1959, cuando se lanzó la primera edición, solo ha habido 25 más.

Hoy en día, sus dos hijas, Alexandra y Stéphanie, madre y tía de Lucie, respectivamente, llevan el timón de Laurent-Perrier. Llama la atención que el nombre de la 'maison' siga llevando los apellidos de aquel matrimonio cuando no tiene nada que ver su familia.

Los valores de la marca, por encima de la familia

La embajadora de Grand Siècle explica la razón de esta curiosidad -y de paso responde a la pregunta sobre el peso de la tradición familiar-: "Mi abuelo le dijo a mi madre que se negó a cambiar el nombre de la bodega por su apellido, De Nonancourt, porque la marca y los valores están por encima de la familia que la dirige. Y así pensamos: Laurent-Perrier no nos pertenece, ahora la dirigimos nosotros y debemos mantener la visión y el estilo que tiene, pero eso no significa que siempre vayamos a ser los propietarios; quizá algún día será otra familia quien la lleve, así que no hay que tener el ego y el orgullo muy elevados sino ser humildes y pensar que debemos mantener la identidad de una marca que va mucho más allá de nuestra pequeña familia".

Un discurso sorprendente en un mundo donde casi nadie renuncia al legado que pasa de generación en generación. Y que lleva a la práctica la propia Lucie, que piensa actuar con sus dos hijas de la misma manera que hicieron con ella: "Les voy a dar libertad total para que escojan su camino".

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