Emblema de la ciudad
La Campana: las mujeres de la (¿mejor?) horchata de Barcelona
Este establecimiento familiar del Born, uno de los obradores artesanales dulces más antiguos de Barcelona, lleva 130 años con la misma receta
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Las mujeres de La Campana: Beatriz y Laura Ferrer flanquean a su madre, Maria Dolors Mira, nieta del fundador del negocio. / El Periódico

Puede que ni en València, cuna de la horchata, se encuentre una mejor. Desde luego, en Barcelona, sus fanáticos lo tienen claro. La de La Campana (locales en la calle de Princesa, 16 y 36), es la mejor. Echarle un sorbo es descubrir la horchata de verdad, de sabor intenso, nada empalagoso, la que solo se elabora con chufa (un tubérculo que aquí emplean de la DO Chufa de Valencia de Alboraia, considerada la mejor), agua y azúcar. Aunque aquí este último ingrediente esté sujeto desde hace unos años a variaciones de gustos y necesidades de los clientes, respondiendo a una tendencia general de demonizar lo dulce en contraste con una alimentación saludable.
“Somos un negocio de toda la vida. Llevamos desde 1890 con los mismos productos, y con la misma receta de horchata y de turrones, que son nuestras especialidades, por las que más se nos conoce, aunque cuando es temporada también elaboramos helados (hay cerca de 50 sabores en carta). Hemos evolucionando de forma pausada, natural, escuchando lo que quiere la gente y adaptándonos. Por ejemplo, activamos la venta 'online' cuando nos empezaban a pedir encargos lejos. También vimos que cada vez había más gente que demandaba horchata menos dulce. Ahora la tenemos sin nada de azúcar y con, dando la opción de mezclarlas según el gusto, para conseguir gamas más o menos dulces”.
Tercera y cuarta generación
La que habla es Laura Ferrer, una de las cuatro mujeres que dirigen actualmente La Campana, tercera y cuarta generación de la misma familia, o lo que es lo mismo, la madre y sus hijas. Una auténtico matriarcado en el que cuando unas hablan a las otras les brillan los ojos. Una admiración mutua.
“Yo solo he trabajado aquí, no conozco nada más. Este negocio lo fundó mi abuelo, le sucedieron mis padres y con 15 años me propusieron ponerme detrás del mostrador. Mi vida ha sido aquí y siempre me ha encantado. Eso he tratado de transmitirles a mis hijas, de hacerles ver este valor, que eso es tradición, es una joya. Eso no se puede comprar, y eso no se puede perder”, explica Maria Dolors Mira, la madre. ¡Vaya si lo ha logrado! Dos de sus tres hijas se dedican al 100% al negocio, y la tercera aporta su granito de arena combinándolo con otra profesión. “Todas y cada una tenemos nuestro sitio. Aquí venimos felices, nunca lo hemos percibido como una obligación. Eso es la extensión de nuestras casas, hablamos de La Campana en las comidas de los domingos, eso es nuestra familia”, explica Beatriz Ferrer. “Siento mucho orgullo de que mis hijas sigan con el legado familiar”, zanja la matriarca.
La innovación de los polvorones
Sin embargo, no todo ha sido un camino de rosas. “Claro que hemos pasado momentos difíciles. Pero siempre hemos sido luchadoras, trabajadoras, apasionadas y ante todo siempre hemos mantenido una calidad excelente en producto y servicio. Así aguantamos desde 1890”. Y con las mismas recetas y los mismos productos, a excepción de los polvorones, innovación reciente, que ya se ha llevado el premio al mejor polvorón de aceite de oliva por su receta más saludable, en la que han sustituido la manteca. “Lo dicho: escuchamos a la gente y aplicamos los cambios para adaptarnos. Esa ha sido nuestra aportación femenina al negocio”.
La historia de La Campana viene de lejos. De cuando Francisco Mira Miralles, auténtico genio y emprendedor en su Jijona natal, patentó un 'boixet' (máquina en forma de mortero para elaborar turrón) a vapor que permitía mejorar el producto final. En 1890 dio el salto a Barcelona con un primer local que, con la apertura de la Via Laietana, se asentó por fin en la calle de Princesa en 1922. “Era un lugar muy bueno porque el mercado del Born estaba al lado. Aquello era el centro comercial de la época”. También fue precursor en montar un chiringuito en la Feria de Muestras de Barcelona en 1949.
Turrones famosos
Sus turrones se empezaron a hacer famosos, congregando colas en vísperas de Navidad. “Son generaciones y generaciones que han venido aquí en busca del mismo producto de siempre. La tradición del turrón se mantiene. Incluso tenemos un cliente al que le hemos regalado una placa por llevar 100 años comprando nuestros productos sin fallar nunca”, explica Maria Dolors. Ese éxito, asegura la familia, se debe a una inquebrantable apuesta por la calidad impecable de los productos. “Que la gente perciba que vale la pena venir hasta aquí”.
A eso se suma un factor nostálgico: el establecimiento se mantiene igual que en sus orígenes. “Muchos clientes nos dicen que el barrio ha cambiado mucho y que, por favor, nosotros no cambiemos. ¿Qué se puede pedir más? Aquí muchos barceloneses tienen recuerdos de cuando venían a comprar los turrones antes de Navidad con los abuelos, de cuando sus padres les premiaban con un helado a la salida del cole…”.
En verano, le toca turno a la horchata, la joya de la casa. “'What is this'?”, pregunta un turista delante del cartel que pone de manifiesto los años de la receta de la casa. “Me gusta decir que es el súper alimento mediterráneo, porque la horchata tiene muchas cualidades sanas para el organismo. Es hidratante, refrescante, diurética, saciante, sin grasa... Es ideal para el verano. Y cuando es sin azúcar, encima, nada de calorías”, explica Bea, empeñada en que además de venderla, hay que hacer pedagogía. “Es la gran desconocida y desde el Mediterráneo habría que explotarla como un inmenso valor”.
"La horchata es muy señora"
¿Y ellas, que cayeron en la marmita de la horchata de pequeñas, siguen disfrutándola? Son rotundas: “Sí. ¡Nos encanta, igual que los turrones!”. Eso sí, solo nos gusta la buena horchata, la nuestra, que no nos cabe duda de que es la mejor. Usamos la mejor chufa, solo productos de calidad y, sobre todo, hay que tener en cuenta que la horchata es muy señora, se ha de beber el mismo día para ser fresca, rica, porque no tiene nada de aditivos ni conservantes.
Pregunta del millón: ¿Cabría alguien más en este equipo compenetrado? “Nuestra hermana, si quiere venir aquí al 100%, que sea mañana mismo. Pero nadie más. Este es un negocio de siempre, de sangre. Cuando toque relevo generacional, esperamos que sigan nuestros hijos. Ahora son pequeños, todo niños, y seguro que si entran aportarán otro toque a La Campana. De momento, ya estamos trabajando en ello, inculcándoles la pasión desbordante que nuestra madre en su día nos contagió”, bromean las hermanas, “y el orgullo y sentimiento de pertenencia a nuestros orígenes, en Jijona".
"Sentimos mucha vinculación con este lugar porque ha marcado nuestras vidas. Le debemos la historia de nuestra familia, sin duda”, explica Beatriz. Cuando hablan, se hace palpable la devoción por su establecimiento, su marca, sus productos, y por ellas como equipo. “Nosotras vendemos tradición e ilusión. ¿Qué hay más bonito que eso? Este lugar tiene magia”, dice la madre mientras echa un mirada cómplice a sus hijas. Y esta familia, aún más.
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