Cata Menor
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El sake de Rosalia que elabora la empresa Lov Ferments. / Pau Arenós

Lov Ferments es una empresa singular especializada en ‘kombuchas’ que crea bebidas alcohólicas que todavía no existen.
Embotellan sustancias que primero anidan en la cabeza de Robert Ruiz, cofundador de la compañía, y que después materializan en ediciones limitadas: una tarta sara bebible, un vermut tropical, un guarapo oloroso o el vino de la memoria de Arnau de Vilanova, inspirado en una receta del siglo XI. ¡Cómo olvidarlo!
En ese catálogo de rarezas, el sake de Rosalía, con dos características: juega con la ambigüedad y con la saliva humana.
Sobre lo segundo, los de Lov Ferments han recurrido a un método ancestral japonés relegado a las ceremonias en templos sintoístas y que difícilmente llega a los circuitos comerciales: "Desde el punto de vista occidental se ve como algo guarro, pero también un tomate necesita para crecer mierda de caballo”.
El sake se elabora con ‘koji’, “un hongo que convierte los hidratos de carbono complejos en simples”, ilustra Robert. Antiguamente, era la saliva la que hacía ese cometido gracias a una enzima que descompone el almidón. Saliva de muchacha, para mayor superstición.
“Hervimos el arroz [variedad marisma], se mastica, se escupe, al puré añadimos más arroz hervido y levadura”. El resultado es turbio, sin filtrar, un ‘nigorizake’: en la boca, es decir, en mi saliva, sabor a jerez antiguo y miel. Comparto fluidos e intimidad con Rosalía.
La idea primigenia era que la cantante participara en la trituración: “Se lo propusimos. No hubo respuesta. Había sacado ‘Motomami’, una unión de Japón y Occidente. El ‘koji’ más la levadura se llama ‘moto’…”. ¡Ah, qué ocasión perdida para el ‘wa’, la armonía!
Pero es verdad que se trata del sake de Rosalia porque quien puso la baba fue una amiga de Robert llamada, por supuesto, ¡Rosalia!
Que fueran mujeres, y vírgenes, añade, era una búsqueda (rancia) de la pureza. Le pregunto sobre el masato de Perú, la yuca fermentada: “En la América precolombina se hacía lo mismo con tubérculos o con maíz. Se encargaba a gente mayor que masticara y escupiera porque pensaban que con la bebida resultante transmitían su sabiduría”.
Este elaborador de singularidades preparó un líquido con su propia secreción: “Lo llamé el Beso de Robert, ¡pero no era tan atractivo!”.
En la línea del atrevimiento, pruebas con macarrones, ‘brioche’ y patata. O es chaladura o es amor. O ambas cosas: una chaladura por amor, y viscosidades.
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