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Cata Mayor

Si existe la donut ‘burger’, ¿por qué no el ‘mochi’ de fuet?

A mediados de mayo, el tuitero Alejandro Liam colgó en su cuenta de X una caja de la sección de fríos y un nombre desconcertante: ‘Mochi de tartar de fuet’

No nos gusta el chiringuito, sino la idea de chiringuito

De la ensaladilla guarra a la ensaladilla elegante

Un imagen de X de un producto de supermercado que no existe.

Un imagen de X de un producto de supermercado que no existe. / EPC

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Pau Arenós

Pau Arenós

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En el tiempo de las mentiras, la credulidad es el bidón de gasolina y el escepticismo, el soplido que apaga la cerilla.

A mediados de mayo, el tuitero Alejandro Liam colgó en su cuenta de X una caja de Hacendado de la sección de fríos y un nombre desconcertante: ‘Mochi de tartar de fuet’, con una imagen del arroz glutinoso abierto y desbordado por la chacina y, al lado, unas rodajas, el hermoso corte de la chicha y la grasa.

El ‘mochi’ era creíble y, lo llamativo, probable. Hubo casi 250.000 visualizaciones y unos centenares de crédulos. Porque aunque el producto no se comercializa, podría llegar a ser huésped de las neveras. La base de las mejores mentiras es que apuntan a una verdad.

Muchos usuarios se expresaron desde el asco y alguno recordó a los exquisitos que el gazpacho es una ensalada triturada, una simplificación que no se puede negar.

Si Ricardo Sanz (Kabuki Wellington) triunfó en su momento con el ‘nigiri’ de huevo frito con trufa, Hugo Muñoz (Ugo Chan) levanta con los palillos la ‘gyoza’ de callos a la madrileña.

¿Quién niega a un chef la posibilidad de una bola elástica y dulzona rellena de ‘llonganissa’, ‘bull’ o chorizo en buscado contraste? Un tartar contemporáneo es, precisamente, el de fuet, carne de TikTok y del personal temeroso de lo crudo. 

Un falso 'sushi' que no está en el mercado.

Un falso 'sushi' que no está en el mercado. / EPC

En otra broma con el mismo sentido, una bandeja con ocho porciones de ‘Sushi inspirado en arroz a la cubana’, piezas con la gramínea en el exterior (‘uramaki’), una salchicha, tomate y unos manchones de huevo. ¿Imposible? ¡De ninguna manera!

Con las atrocidades que se cometen en nombre del ‘sushi’ creativo, con montones de ingredientes mal avenidos, esta falsedad es, al menos, coherente.

Cuando en Los Ángeles, Ichiro Mashita, del restaurante Tokyo Kaikan, puso a rodar en la década de los 60 el ‘uramaki’ con aguacate, pepino y cangrejo, los ‘itamaes’ tokiotas sacaron los cuchillos, bien para apuñalarlo, bien para hacerse el harakiri. Son los llamados California Rolls, un atentado contra el buen gusto y un elogio del hacinamiento.

En el mercado hay aberraciones con público. Algunas de penúltima hora: el ‘sushi’ en un tubo rosa para comer por la calle como si fuera un helado, los churros redondos rellenos de helado y la demencial e imbatible donut ‘burger’.

El deseo por lo marrano ha pasado de la oscuridad doméstica a la luz pública: quien en secreto comía crema de cacao con embutidos puede mostrarse en sociedad sin vergüenza. 

En el súper sí existe el ‘mochi’ de coco y el de mango y el ‘dochi’ con sabor a tarta de la abuela. Si lo lees rápido, el resultado es tartar de abuela, algo aceptable entre los caníbales. 

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