Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Creadora de contenidos

Núria Domènech: la voz en catalán que está cambiando cómo descubrimos restaurantes

La creadora de @foodietourbcn ha convertido la recomendación gastronómica en un relato cercano, honesto y en catalán que conecta con miles de personas

Jordi Roca, el 'influencer' que susurra y tiene más de un millón de seguidores en Instagram

'Influencers' y restaurantes: publicidad encubierta, tarifas según 'likes' y una ley poco clara

La 'influencer' gastronómica Núria Domènech, en La Vermutería del Tano.

La 'influencer' gastronómica Núria Domènech, en La Vermutería del Tano. / Pau Gracià

Laia Zieger

Laia Zieger

Barcelona
Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Hay algo en la forma en que Núria Domènech habla de restaurantes que engancha. No es grandilocuente ni impostado. Es, más bien, como si una amiga -o una prima- te mandara un audio para decirte dónde cenar este fin de semana. Quizá ahí esté la clave de su éxito.

A sus 32 años, esta barcelonesa se ha convertido en una de las creadoras de contenido gastronómico más influyentes de Catalunya. Lo ha hecho, además, en un nicho tan concreto como el de las recomendaciones de restaurantes en catalán, donde su perfil de Instagram, @foodietourbcn, suma ya a más de 113.000 seguidores. Una cifra notable. Más aún si se tiene en cuenta el idioma y la especialización. Y, sin embargo, ella lo resume con una mezcla de pudor y sorpresa: “Aún me cuesta mucho ser consciente de que lo que cuento lo ve mucha gente”.

El giro que lo cambió todo

No siempre fue así. Durante años, Núria compaginó su interés por la gastronomía con una carrera más convencional en el mundo de la empresa. Estudió ADE y marketing y trabajó en multinacionales, mientras la creatividad quedaba en segundo plano. “Siempre he sido una persona con inquietudes, pero lo tenía bastante aparcado”, explica.

La 'influencer' gastronómica Núria Domènech posa en una mesa de La Vermutería del Tano.

La 'influencer' gastronómica Núria Domènech posa en una mesa de La Vermutería del Tano. / Pau Gracià

El origen de todo se remonta a 2014, cuando descubrió la fotografía y empezó a retratar platos en restaurantes con su cámara réflex. “Una amiga me dijo: ‘¿por qué no lo subes a Instagram?’”. Así nació @foodietourbcn. Sin estrategia, sin regularidad, sin expectativas. “Era un hobby. Escribía los textos en castellano. La gente empezó a seguirme, pero nada del otro mundo”. En pandemia rondaba los 20.000 seguidores.

La explosión llegó con los 'reels'

El salto llegó después, con la explosión de los 'reels' (formato vídeo corto en Instagram). “Nunca me ha importado hablar a cámara. Lo probé y pensé: esto me gusta. Me lo paso bien grabando, hablando y editando”. Eso fue el principio. Pero el verdadero punto de inflexión fue otro: el idioma.

“De repente me di cuenta de que yo hablaba en catalán y me sentía más cómoda haciendo presentaciones en este idioma. Pensé: voy a probar a ver qué pasa. Y lo que pasó es que sin problema. Todo lo contrario, la comunidad fue creciendo y creciendo”.

Ser como es, sin filtros

En un ecosistema donde la autenticidad se repite como mantra, Núria parece haberla encontrado sin buscarla demasiado. “Me di cuenta de que así es como yo me sentía bien. Y creo que lo que funciona en redes es cuando uno es como es, natural”. En sus vídeos -dinámicos, cercanos, entusiastas- no es un personaje. O eso dicen quienes la conocen. “Mis amigos me dicen que en los vídeos soy como soy”.

Ella lo tiene claro: “En mis 'reels' trato de recomendar lo que recomendaría a mis amigos y familia”. Y ahí establece también su línea roja: “Para mí es muy importante la credibilidad, por eso solo comparto sitios que recomendaría de verdad”.

Ingresos por publicidad

Su modelo de ingresos no depende tanto de restaurantes como de marcas y eventos. “Claro que mi sueldo sale de publicidad. Igual que todos los medios. De algo se tiene que vivir, pero eso no significa que las recomendaciones no sean verdad. Y selecciono mucho. No podría recomendar algo que no me convence”.

El crecimiento fue progresivo, pero sostenido. Las colaboraciones empezaron a llegar, primero de forma puntual, luego cada vez más estables. Hasta que hubo que decidir. “Llegó un momento en el que tuve que plantearme: o me dedico a mi trabajo o me lanzo”. Y se lanzó.

"Decidí volverme loca y plantarlo todo"

Hace poco más de un año, dejó su empleo en una multinacional. “Decidí volverme loca y plantarlo todo para que @foodietourbcn tenga la oportunidad de crecer”. Lo hizo con vértigo, pero convencida. “Quería apostar por algo que me gustara verdaderamente. Me gusta la interacción social con la gente, reunirme, hablar, contar historias. Ahora mismo estoy muy feliz”. Su entorno lo entendió. “Mi familia se lo tomó bien, porque veían que eso me hacía feliz y es algo que viene de lejos”.

Un “periodismo moderno” de bares y restaurantes

Núria huye del término 'influencer'. Prefiere definirse de otra manera: “No me gusta porque me parece presuntuoso. Lo que me gusta es crear contenido, una especie de periodismo moderno”. Uno que pasa por contar historias más allá del plato: quién está detrás, qué productores hay, qué relato sostiene cada proyecto. “Me encanta pensar que ayudo a restaurantes a darse a conocer. Transmitir su concepto, su historia, y mi amor y respeto por este oficio”.

También hay una dimensión social en su trabajo: “Hay una oportunidad de conocer a mucha gente con la que no habría coincidido”.

Cada vídeo, entre cinco y seis horas de trabajo

Publica entre dos y cuatro 'reels' por semana, además de 'stories' diarias. Cada vídeo le supone entre cinco y seis horas de trabajo. Visita unos tres restaurantes semanales por motivos profesionales, a los que suma sus salidas personales. Eso sí, pone límites. “Cuando estoy con los míos intento dejar el móvil apartado y disfrutar. No quería obsesionarme con datos”.

Su comunidad es mayoritariamente local, de Barcelona y Catalunya. Y eso refuerza el vínculo. “Creo que la gente se identifica conmigo, con cómo recomiendo las cosas. Son de mi rollo. Si te identificas con alguien, este tiene más credibilidad”.

"Lo que mejor funciona son rutas, 'recaps', 'rankings'"

Pero esa cercanía también implica “mucha responsabilidad, con el restaurante y con el público". "No recomendaré un sitio que no me ha gustado solo por dinero”. Por eso, directamente, no comparte restaurantes que no le gusten. “Prefiero no sacar nada. Todos pueden tener un mal día. No soy quién para juzgar”.

Si algo ha aprendido en estos años es a detectar qué interesa. “Lo que mejor funciona son rutas, 'recaps', 'rankings'”. Y, sobre todo, “los vídeos que más funcionan son los de sitios auténticos, menos conocidos. La gente está buscando cosas de verdad, alejadas de la gentrificación y de los grandes grupos”.

Celebrando el regreso de la cocina catalana tradicional

Su auge, reconoce, coincide con el regreso de la cocina catalana tradicional. “Veo una correlación”. Y lo celebra: “Mola encontrarse más 'capipota' o fricandó. Y no entiendo por qué la gente critica que haya más macarrones en carta. Al final es un plato nuestro, claro que está”.

Aunque no es excluyente. “También me gusta un buen 'sushi' o un restaurante indio. Es una riqueza la variedad que tenemos aquí. Eso es Barcelona”. Lo que sí le preocupa es la uniformidad: “El problema es cuando, por moda, hay diez 'smash burgers' por esquina y solo uno lo hace bien”.

Reconocimiento… y sorpresa

A veces la paran por la calle. “Es divertido cuando alguien me reconoce”. Incluso fuera de Catalunya. “Hace poco estuve en Pamplona y en un bar un chico me dijo: ‘Tú sales en Instagram, veo tus vídeos’. Me hizo mucha gracia”.

En los restaurantes, el impacto es tangible. “Es guay ver que les ayudas y sentir su reconocimiento cuando, tras tu recomendación, tienen más clientela”. Aunque no siempre: “Alguno incluso me pidió no dedicarle contenidos porque se veía desbordado”.

Trabaja sola

Hoy trabaja sola. Sin equipo. Se graba “con quien pille”: amigos, familia, incluso ella mismo. Y, pese a todo, mantiene la misma sensación que al principio: la de estar haciendo algo casi íntimo, casi pequeño. “Para mí, Instagram es una herramienta para compartir información y llegar a otros proyectos. Vivir de esto es un privilegio”.

Un privilegio que gestiona con los pies en el suelo. Porque, como repite, aún le cuesta creerlo: que aquello que empezó como unas fotos sin intención se haya convertido en la voz -en catalán- que miles de personas escuchan antes de elegir mesa.

Suscríbete para seguir leyendo