Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Cata Menor

Dejar de comer anguila para poder comer anguila

De seguir el consumo, desaparecerán como ya se han esfumado otras especies por la presión humana

¿Te comerías una angula sabiendo que está en peligro de extinción? Una comida para abrir el apetito gurmet y el debate

La anguila y la angula: el pez maratoniano con dos vidas

Un 'all i pebre' de anguila cocinado en una barraca de La Albufera.

Un 'all i pebre' de anguila cocinado en una barraca de La Albufera. / Pau Arenós

Pau Arenós

Pau Arenós

Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Angula y anguila: son lo mismo en dos momentos de su ciclo vital, blancas o negras, diminutas o grandes, transparentes o compactas, de mordida crujiente o grasa. En peligro de extinción.

De seguir el consumo, desaparecerán como ya se han esfumado otras especies por la presión humana.

Las anguilas son un misterio sin resolver y a este ritmo de explotación jamás será revelado: la culebreante marcha al Mar de los Sargazos para desovar y morir y el retorno de las larvas a los ríos convertidas en hilillos en una navegación de miles de kilómetros durante años las hace tan extraordinarias como difíciles de reproducir en otras condiciones.

Cierto que hay un negocio de acuicultura, que necesita esos alevines que proceden de esas anguilas que han desovado y muerto en el Mar de los Sargazos que…

En agosto del 2025, el Consejo Superior de Investigaciones Científicas publicó un artículo con un título y un subtítulo que dejaban una piedra en el estómago: “La anguila, al borde de la extinción por su escasez y por el deseo humano de exclusividad. Un desmesurado alza de su precio está a punto de llevar a esta especie a su desaparición definitiva, según un equipo de la Estación Biológica de Doñana”.

Angulas a la brasa en el restaurante Kresala.

Angulas a la brasa. / El Periódico

El Consejo Internacional para la Exploración del Mar recomienda el cese de toda actividad en torno a la ‘anguilla anguilla’. Quien advierte no es el vecino que cacarea mientras le da a una caña con la violencia espumosa de la conversación viciada, sino la comunidad científica.

El Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico quiere declarar a la anguila "en peligro de extinción" y que forme parte del Listado de Especies Silvestres en Régimen de Protección Especial.

Se oponen las cofradías y la patronal de las empresas de acuicultura, que alegan en su favor las buenas prácticas pesqueras y la explotación controlada y denuncian el tráfico ilegal hacia China. De acuerdo con todo, aunque si la especie no se recupera –y no se está recuperando– no habrá nada que pescar. Nada. Cero.

Es posible que estemos ante los últimos días de la anguila europea, que forma parte de muchos platos con engreimiento creativo. La anguila ahumada como un ingrediente ‘cool’, probablemente desviado de las montañitas de ‘nigiris’. Lo japonés influye aún sin querer influir.

A mí me gusta la anguila, como anguila, he comido la suficiente anguila, dejaré de pedir anguila. En noviembre probé una extraordinaria cazuela de ‘all i pebre’ en La Albufera y hace un par de semanas como sopleteado ‘nigiri’ en un restaurante japonés. Será la última. Dejaré de comer anguila para poder comer anguila en el futuro.

La angula tiene menos problema social: el precio desorejado la hace de difícil aproximación y lo más probable es que el deseo nazca de la inaccesibilidad. Porque ¿cuál es el placer de comer esos filamentos más allá de la textura?

Si los caracoles fueran escasos, tendrían el mismo prestigio. Que la culebrilla necesite ajo, aceite y guindilla ya habla de las escasas prestaciones. Hay apetencia por la escasez y la exclusividad, una invitación a formar parte de algo superior.  

A los gurmets airados siempre les quedarán las fiestas secretas y el furtivismo y la posibilidad de añadir el estofado de ajolote y la barbacoa de pangolín al salvaje banquete.

Suscríbete para seguir leyendo