Curiosidades
La historia real de la calçotada en Catalunya: todo empezó todo por un despiste
Su textura y sabor dulce convierten a esta cebolla en la protagonista del invierno en la comunidad autónoma
Hínchate a ‘calçots’ a precios populares: esta es la agenda de macrocomedores al aire libre de Barcelona
Cómo comer 'calçots' (instrucciones para forasteros)

Calçotada en Manresa (Bages, Barcelona). / Oscar Bayona / RG7

La gastronomía catalana es una de las más ricas y variadas de la península, fruto de la combinación entre los sabores del mar y la montaña. Se caracteriza por el uso de productos de proximidad y recetas tradicionales que han pasado de generación en generación.
Platos como el pa amb tomàquet, la escudella o los canelons forman parte de la identidad cultural de Catalunya, y su sabor no deja indiferente a ningún comensal.
Además, la cocina catalana destaca por su respeto al producto de kilómetro 0 y por la importancia de la temporada. Cada época del año tiene sus platos típicos, lo que hace que la gastronomía se encuentre muy ligada al calendario y a las celebraciones populares.
De enero a marzo
Comer bien no es solo una cuestión de sabor, sino también de compartir, reunirse con amigos y familia y mantener vivas las tradiciones del territorio.
Un claro ejemplo de esta cocina de temporada son los calçots: su temporada suele ir de noviembre a abril, aunque los meses de enero, febrero y marzo son los de mayor consumo.
Es entonces cuando están en su mejor momento, con una textura tierna y un sabor dulce que los convierten en los protagonistas de las míticas calçotadas.
Origen curioso
Durante su temporada, miles de personas se visten con grandes baberos para degustar, sin miedo a mancharse, decenas de estas cebollas tiernas y alargadas, sumergidas en la tradicional salsa romesco.
Además, su consumo tiene un origen muy curioso que proviene del despiste de un campesino.
La procedencia de esta tradición está en Tarragona, concretamente en el municipio de Valls, en l’Alt Camp. Allí, Xat de Benaiges, un agricultor de la zona, encontró dos cebollas grilladas en su huerto.
El protagonista de la historia
Benaiges decidió volverlas a echar al fuego para aprovecharlas, y estas se carbonizaron por fuera, debido al exceso de llama. A simple vista parecían incomibles, pero el campesino las peló para retirar la parte quemada y vio que continuaban estando tiernas por dentro.
Cuando las probó descubrió un sabor dulce y meloso, completamente distinto al de la cebolla cruda.
Entonces, Benaiges decidió perfeccionar el cultivo para facilitar el consumo de la cebolla, haciéndola alargada y no redonda.

Calçots en Manresa (Bages, Barcelona). / Oscar Bayona / RG7
Familias humildes
A medida que la planta crecía, el agricultor amontonaba tierra a la base del tallo de la planta, para cubrirla del todo y moldear su forma. De este modo, la planta se alargaba para salir a la superficie en busca de sol para hacer la fotosíntesis.
Este proceso, llamado calzar (calçar en catalán), es el que dio origen al nombre de calçot y a las posteriores calçotadas.
Antes de convertirse en una tradición popular, los calçots eran la comida de las familias más humildes, que aprovechaban las cebollas calientes para alimentarse durante el invierno.
La tradición popular
A mediados del siglo XX, la Penya artística l’Olla de Valls decidió organizar verbenas que unían cultura, gastronomía y arte. Año tras año publicaban un programa cultural donde ofrecían poesía, teatro y música en la calle acompañado de un gran banquete de calçots y salvitxada, la salsa originaria de la región.
La tradición ha seguido hasta nuestros días y cada mes de la temporada reúne a miles de amigos y familias alrededor del fuego, para degustar este sencillo manjar. Además, desde 2001 los calçots de Valls se encuentran custodiados bajo el sello de Indicación geográfica protegida, que garantiza la calidad y origen de esta cebolla .
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