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Una vieja tradición

El haba del roscón de Reyes: su auténtico origen

De amuleto de prosperidad en la Roma pagana a castigo navideño y origen del insulto tontolaba: la sorprendente historia de la legumbre más temida del 6 de enero

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Elaboración del tradicional roscón de Reyes en el Forn Núria,  en Barcelona, este lunes.

Elaboración del tradicional roscón de Reyes en el Forn Núria, en Barcelona, este lunes. / Europa Press / David Zorrakino

Neus Castellet

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Cada 6 de enero, millones de españoles se juegan algo más que un desayuno dulce al hincarle el diente al roscón de Reyes.

Dentro de esa masa esponjosa se esconde un pequeño tesoro… o una condena en forma de haba seca, que decide quién será coronado rey de la fiesta y quién tendrá que pagar el postre.

Lo que casi nadie sabe es que esa modesta legumbre arrastra más de dos mil años de historia: pasó de ser un amuleto de prosperidad a símbolo de mala suerte, y está detrás de uno de los insultos más repetidos del castellano: el famoso tontolaba.

De la Roma pagana al dulce de Reyes

Mucho antes de que el roscón se asociara a los Reyes Magos, en la antigua Roma ya se celebraban a lo grande las Saturnales, unas fiestas de invierno en las que se rompían las jerarquías entre amos y esclavos.

En esos banquetes se repartían tortas redondas de miel, higos y dátiles y, en su interior, se escondía un haba que, si aparecía en el plato de un esclavo, le convertía en rey por un día y le daba privilegios temporales.

En este contexto, el haba era un potente símbolo de fertilidad, abundancia y buena suerte para el año entrante, lejos de la connotación negativa que muchos le atribuyen hoy.

De generación en generación

Con el paso de los siglos, esa costumbre romana de esconder una legumbre en un dulce invernal fue adaptándose en la Europa cristiana, especialmente durante la Edad Media, pasando de padres a hijos, de generación en generación.

En diversas regiones se elaboraban panes y roscones festivos que mantenían el juego del haba: quien la encontraba era nombrado rey o reina simbólicos, disfrutaba de honores en la mesa y se convertía en protagonista del banquete.

El gesto conservaba así la idea de premio y buen augurio asociada a la pequeña semilla.

El haba entra en el roscón español

El roscón tal y como se conoce hoy en España llegó de la mano de la corte borbónica en el siglo XVIII, cuando Felipe V importó desde Francia la costumbre del 'gâteau des rois' (que se traduce como roscón de reyes), un dulce coronado con frutas escarchadas y relleno de sorpresas escondidas.

En la Francia de Luis XV se popularizó la idea de esconder una moneda de oro dentro del pastel, detalle que fascinó a la aristocracia y que pronto se extendió a otros ambientes.

Cuando la tradición se asentó en España, convivieron dos elementos en el interior del roscón: el haba heredada de los rituales más antiguos y la moneda, que acabó convirtiéndose en una figurita decorativa.

El roscón de la doble suerte

Durante décadas, encontrar el haba seguía asociándose al favor de la fortuna y a la promesa de prosperidad para el nuevo año.

En muchos lugares, la persona agraciada era elegida como rey de la fiesta, recibía una corona simbólica y quedaba dispensada de ciertas obligaciones durante la celebración.

El juego combinaba así el legado romano de las Saturnales con el calendario cristiano de la Epifanía, que fijó el roscón como postre estrella del 6 de enero.

De amuleto a castigo… y nacimiento del tontolaba

El giro en la simbología del haba llegó cuando el premio del roscón dejó de ser la propia legumbre y pasó definitivamente a la moneda y, más tarde, a la figurita que hoy se esconde en casi todos los pasteles.

A partir del siglo XIX, se hizo habitual que quien encontraba el haba asumiera la obligación de pagar el roscón del año siguiente, mientras que el afortunado que daba con la figurita era coronado como rey del día.

La misma legumbre que antes representaba riqueza se convirtió entonces en símbolo de carga económica y pequeño infortunio doméstico.

Burla al que le tocaba el haba

De este cambio nació la expresión "tonto del haba", aplicada en tono burlesco a quien tenía la mala suerte de quedarse con el haba y con la cuenta.

Con el tiempo, la frase se contrajo en el coloquial tontolaba, documentado ya en textos de comienzos del siglo XX y hoy totalmente integrado en el habla popular para referirse a alguien especialmente torpe o ingenuo.

La evolución lingüística terminó de sellar el cambio: el haba dejó de ser amuleto de prosperidad para quedar ligada al ridículo y a la torpeza.

La legumbre más buscada (y evitada) del 6 de enero

Pese a sus raíces paganas, a los siglos de reinterpretaciones cristianas y a los cambios de significado, el haba sigue siendo un elemento central del ritual del roscón de Reyes en buena parte de España.

Pastelerías y panaderías mantienen la tradición de incluir una legumbre y una figurita de un rey, acompañadas de una corona de cartón y, en muchos casos, de una tarjeta que explica las reglas del juego: quien encuentre el haba paga, quien encuentra la sorpresa reina.

Cada año, miles de familias repiten el mismo gesto de repartir el roscón con cierta tensión, oscilando entre la esperanza de ser coronados y el miedo a convertirse, por culpa de un pequeño bocado, en el tontolaba oficial de la reunión.