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Opinión | Obituario

Adiós a Carles Vilarrubí, el presidente que la ‘cuina catalana’ necesitaba

Fue un hombre de acción y un gran relaciones públicas que le dio un impulso vital a la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició

Muere Carles Vilarrubí, empresario y exvicepresidente del Barça, a los 71 años

Carles Vilarrubí.

Carles Vilarrubí. / EPC

Las instituciones corren el peligro del adormecimiento y la Acadèmia Catalana de Gastronomia i Nutrició (ACGN) no era ajena al ensueño. Y en eso que llegó Carles Vilarrubí y le dio el empuje que la sacó del duermevela. Moverse, moverse, moverse, moverse mucho, levantar el teléfono, hablar con este y con aquel. Convencer, y conseguir.

Vilarrubí era la persona idónea para el trabajo relacional: llegaba de un mundo –de varios mundos: el deporte, las finanzas, la política– donde la conexión y la persuasión son importantes.

Cierto que la gastronomía es lugar de encuentro –y también de desencuentro– y el presidente, listo y estratega, supo sentar a muchos en torno a la mesa: convenció a Carme Ruscalleda para que fuera vicepresidenta y abrió el organismo a los cocineros, a capitanes como Fina Puigdevall y Jordi Vilà, los dos últimos nombramientos como académicos.

Vilarrubí intentó que la ACGN no fuera un juguete de burgueses o el patio de recreo de los adinerados. El siguiente presidente –o mejor, presidenta, y pienso un nombre ya citado– tiene por delante ese trabajo de consolidación y de apertura necesaria a la sociedad.

En la web de la ACGN, el fallecido escribió: “La riqueza de la cocina catalana se percibe por la profusión de su práctica y por la diversidad de su conocimiento. La gastronomía catalana configura un entramado diverso que hay que atender, ordenar y coordinar. Necesita una reflexión estable y constante. Nuestra cocina reclama una necesaria puesta en común para constatar dónde estamos, hacia dónde vamos, qué horizontes nos esperan y qué prioridades tenemos”.

Porque el asunto, la columna vertebral, es la ‘cuina catalana’, la nueva y la vieja, en boca de todos y en la práctica de solo unos pocos. Se quejaba Vilarrubí del escasísimo número de restaurantes que en el rótulo escribían: ‘Cuina catalana’. No es que se muera: es que ha dejado de importar.

Vilarrubí era cazador y cada febrero organizaba una mesa redonda en torno a la cinegética, que finalizaba con una comida en La Venta, con viandas de caza, piezas abatidas por él mismo. Un hombre de acción, entonces. Y sin acción no hay reacción ni consecuencias. Moverse, moverse, moverse, moverse mucho, levantar el teléfono, hablar con este y con aquel. Convencer, y conseguir.

El año de Catalunya como Regió Mundial de la Gastronomia, en cuyo programa estuvo involucrado, acaba de la peor manera posible.

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