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EN LA DIAGONAL

Una apuesta segura

Los arroces y el producto a la brasa, claros protagonistas en el restaurante Puerto Chico

ALBERTO GONZÁLEZ / Barcelona

Una apuesta segura

Entre los siete millones de personas que cada año escogen España como destino turístico por su gastronomía (un 12% del total, según Turespaña), hay una perenne discusión: ¿Cuál de nuestras especialidades culinarias se lleva la palma? Entre los firmes candidatos a hacerse con el oro está el jamón (acompañado con su pan con tomate y aceite de oliva), la tortilla de patatas y, por supuestísimo, la paella. Y es que, aunque el arroz es uno de los productos más consumidos a nivel internacional, en ningún lugar se guisa con tanto acierto como en tierras ibéricas.

Son muchos los restaurantes barceloneses que han hecho de este ingrediente su principal 'leitmotiv'. Entre ellos está Puerto Chico (de los propietarios de Boca Grande y Boca Chica), en el número 405 de la Diagonal, que tras el éxito obtenido por sus arroces, ha hecho una clara apuesta por esta especialidad.

Arroz con verduras.

Entre sus recetas está el clásico de los clásicos –la paella valenciana–, pero también la paella marinera. Asimismo, el restaurante tiene dos especialidades alicantinas como son el arroz del señorito (con todo el marisco pelado para no tener que ensuciarnos los dedos) y el arroz a banda. El arroz de verduras, el negro (con la tinta del calamar), el caldoso de bogavante y la fideuá son otras de las variedades de la carta. Y, para acabar, dos melosos con cierta complejidad: el de rabo de buey (espectacular) y de setas y foie (para los más sibaritas).

Las directrices en cocina las da Àngel Marín, chef formado en las cocinas del desaparecido El Bulli (Roses), Torre Catalunya (Barcelona), el hotel El Jou (en Guardiola de Berguedà) o Las Rejas (Las Pedroñeras). Para los arroces secos Marín opta por la variedad bomba Illa de Buda, mientras que para los caldosos prefiere la variedad Marisma, ambos procedentes del delta del Ebre.

TECNOLOGÍA PUNTA

Otro de los puntos fuertes de la oferta de Puerto Chico es la cocina al Josper, esa reinvención de la parrilla vasca que desde hace un par de años vino a revolucionar el sabor a brasa. Así se cocinan los mejillones de roca, las navajas del Delta, los berberechos, las gambas o algunas grandes piezas, como el chuletón de ternera, el lomo bajo de ternera o la pieza entera de pescado.

Además, el establecimiento ofrece un gran número de platos para picar, desde las anchoas del Cantábrico, a los buñuelos de bacalao, los calamares a la andaluza, el pulpo con panceta, las alcachofas fritas, la 'esqueixada' o las croquetas. La lista de tapas es mucho más extensa e invita a compartir entre amigos o en familia.

'Cheesecake' al estilo Puerto Chico. 

Para ello, la sala exterior ha sido ampliada (tras reducir la barra) para acoger nuevas mesas. Al mismo tiempo, Al fondo del local, se esconde un reservado de aire clásico (destaca la increíble mesa y sus dos grandes chimeneas) para 70 personas.

En el local se respira el buen gusto de Lázaro Rosa Violán, el omnipresente interiorista, quien imprime sobre Puerto Chico un cierto aire cañí y cierto sabor a antiguo bar español (incluso con cierto aire andaluz). Los viejos carteles (anunciando ferias y espectáculos de la Barcelona del siglo XX), la decoración de los lavabos o el mobiliario clásico contribuyen a la autenticidad del establecimiento, cuyas mesas –los domingos al mediodía– estás más que disputadas.