Punta de cuchillo
La novela de Carme

La vanguardia gastro tiene muchas caras y la de Carme Ruscalleda es amable. La maestra del Sant Pau se ha caracterizado por la búsqueda de lo bello, con platos en los que el sabor entra primero por los ojos. Existe una escuela feísta, con emplatados que parecen castillos en la arena después del paso de las olas.
Una propuesta experimental que tenía que caducar en su mes se ha convertido en un éxito de temporada: el menú de colores, que en primavera se amustiará para que florezca otro basado en la música de baile. La de esta mujer es también una cocina de las ideas, de los platos con argumento.
En mayo del año pasado, Carme quiso saber si se había hecho antes: «Un menú en el que el color de los alimentos sea la inspiración, el guion y el orden».
El resultado es de aplauso: jamás sacrifica el gusto por el juego. Y, como plus, ofrece algo inédito, otro modo de servir un menú degustación, formato en el que los platos están desconectados unos de otros. Del libro de cuentos ha pasado al novelón. Los capítulos que recordaré: fucsia, gris, verde, amarillo, naranja y azul. Quien quiera saber a qué corresponde tendrá que ir a Sant Pol de Mar.
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