Jugar a fútbol sin saber quién es Pelé

Jugar a fútbol sin saber quién es Pelé
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Emilio Pérez de Rozas
Emilio Pérez de Rozas

Periodista

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Cosas de abuelos. Perdón de viejos, pues no soy abuelo, ni tiene pinta que lo sea. Algunos dirían, cosas de la experiencia. De la memoria. Otros, como mi amigo del alma Ramon Besa, diría “cosa que ya no le interesan a nadie, Emilio, todo está en Google”.

Puede ser. No digo que no. Hace tiempo que he descubierto, no solo relacionado con los jóvenes que se aventuran en mi profesión, perdón, como decía papá “oficio”, que les interesa mucho más los números de teléfono que almaceno en mi móvil que lo que archivo en mi memoria.

Ya nadie me llama para saber qué haría en tal o cual momento, cómo enfocar tal o cual información. A lo sumo, pide auxilio, ayuda, SOS, cuando no lo encuentran en Google o en las redes. Entonces sí, entonces, recibes llamadas pidiendo si, entre mis 2.541 teléfonos, hay el que el avezado júnior necesita. Una cosa he de decir: cuando le funciona, jamás me vuelve a llamar para darme las gracias. Tampoco se las debe dar a Google.

Perplejidad en el vagón

El caso es que el domingo, cuando regresaba en el tren de Avenida Tibidabo con ‘Anubis’, mi pinscher, de comer en casa de mi hermana Rosario, en la plaza Universidad, me senté frente a dos muchachos, universitarios ellos (o ese aspecto saludable y encantador tenían), que iban intercambiando información mientras jugaban, con sus dos excelentes y caros móviles, con una de esas mil aplicaciones de fútbol virtual, irreal, moderno, guay, divertido.

Pelé, en México-1970.

/ AGENCIAS

De pronto, uno de ellos hizo una pausa y le comentó al otro (lo tenía enfrente y ‘Anubis’ los miraba tan flipado como yo) que un tercer amigo acababa de adquirir a un nuevo jugador. “Sabes”, le decía el más impulsivo al otro, “que hay tres niveles de futbolistas ¿no?, los valorados en sus inicios, muy jóvenes, los establecidos ya en la categoría y los auténticos 'cracks', pues bien, Jorge acaba de comprar a uno que, supongo, debió ser la repera en su juventud, en sus inicios, pues le ha costado un pastón”. El otro puso cara de admiración. ¿Un júnior costando un pastón en el videojuego? “¿Y sabes cómo se llama?”, le preguntó. “Sí, me ha dicho que algo así como ‘Pelé’”. Algo así como Pelé...

Yo agaché la cabeza. Acaricie a ‘Anubis’ y pensé que hasta mi pinscher sabe quién es ‘O Rei’, pero estaba ante dos modernos, que jugaban a un juego (o algo así; ya no sé lo que es juego, play, ficción o circo de twitch) del que no conocían a su rey….y les daba absolutamente igual.

Enseñar al que no sabe

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Así que, con la osadía que otorgan los años, me atreví a decirles: “Perdón, se llamaba Edson Arantes do Nascimiento y ha muerto recientemente. Le llamaban ‘O Rei’ porque ha sido el mejor futbolista de todos los tiempos. El inventor de todas las maravillas que se han visto en un terreno de juego. Y, supongo, que, entre el grupo de jóvenes valorados por vuestro juego, debe ser tan caro porque se trata del jugador más joven de la historia (17 años, casi 18) que ha ganado un Mundial. A ese título, que fue en Suecia-1958, le añadió, enseguida, dos campeonatos del mundo más”.

Se miraron sorprendidos y me dieron las gracias muy, muy, efusivamente. “Hay que llamar a Jorge y contárselo”. Me pidieron mi móvil por si podían hacerme alguna consulta más sobre algún otro futbolista. Se lo di. No me llamarán. Está todo en Google.