LA FÓRMULA DEFENSIVA DE LOS GRANDES

La moda en la Liga de jugar con tres centrales

  • Barça, Atlético y el Madrid, en menor medida, han popularizado el dispositivo de los tres defensas centrales

  • Koeman recurrió al sistema para mejorar «el juego sin balón» pero también ha elevado el nivel con la pelota 

Mingueza, Araujo y Lenglet, tres de los centrales del Barça.

Mingueza, Araujo y Lenglet, tres de los centrales del Barça. / EP

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La defensa de tres indica, por norma general, que un equipo alinea tres defensas centrales. A partir de esa referencia, se multiplican las posibilidades de combinación táctica. Empezando por las bandas, donde ejercerán los dos laterales, comúnmente llamados carrileros. Según las virtudes de esos futbolistas –si son defensas de toda la vida o son extremos reconvertidos-, y lo avanzados o no que estén respecto a los tres últimos, se podrá deducir el espíritu del equipo.

Los más modestos sitúan a esos carrileros a la altura de los centrales y la defensa ya no es de tres, sino de cinco. El Granada el jueves en el Camp Nou, sin ir más lejos. A continuación, cada entrenador en su equipo decide si coloca un mediocentro o dos, un mediapunta o dos o un punta o dos.  

El primero en probar las excelencias del 3-5-2 (con las variantes del 3-4-2-1 y 3-4-1-2) fue el Atlético, como si Diego Simeone estuviera cansado de hacer siempre lo mismo en la décima temporada al frente del equipo. Tal vez lo ensayara ante el Cádiz ante los inminentes enfrentamientos con el Barça, el Bayern y el Madrid. El resultado le complació, sólidamente instalado en el liderato, y lo ha mantenido en más de la mitad de los partidos apoyándose en la solvencia de Savic, Hermoso y Giménez y la capacidad ofensiva en las bandas de Trippier y Lodi o Carrasco.

Diego Simeone posa ante la efeméride de los 500 partidos dirigidos al Atlético en marzo.

/ EP

Pablo Machín y Òscar Garcia coinciden en las virtudes del sistema: sirve para defender y para atacar mejor

Estabilizar al equipo

La transformación del Barça se produjo más por la necesidad de estabilizar al equipo por la zozobra constante de los resultados, consonante con un juego muy irregular. Adoptó el 3-4-2-1 en Valladolid, pero tras el empate ante el Eibar en casa (1-1) lo abandona. Provisionalmente.

Lo recupera dos meses después en Sevilla, en la visita liguera (0-2) después de la derrota copera en la ida de la semifinal. “Queríamos presionar bien al Sevilla y jugar con mucha agresividad”, dijo Koeman, subrayando el buen juego “sin balón” de los suyos, uno de los déficits que de vez en cuando ha denunciado. Mejoró también el juego con el balón. Más que los resultados. Aunque se encadenaron 19 partidos sin perder en la Liga, el camino estuvo salpimentado con derrotas (la copera con el Sevilla, la Supercopa con el Athletic, el clásico).

Koeman apostó por los centrales cuando recuperó a Piqué y en ocasiones se atrevió a que uno de ellos fuera De Jong.  Utilizando a Dest y Alba como carrileros, disponía de superioridad en el centro del campo y una llegada decente por las bandas.

Koeman imparte órdenes a sus jugadores en el Barça-Getafe.

/ Jordi Cotrina

Zidane empezó el clásico con cuatro defensas y sumó uno más al retrasar a Valverde al lateral

El Girona de Machín

“Mi primer propósito para utilizar el 3-5-2 era el de cambiar cosas y consolidar al equipo para hacerlo fuerte atrás”, explica Pablo Machín, recordando su llegada al Girona en 2014. Era último a nueve puntos de la salvación. El técnico soriano, hoy en el Al-Ain de Arabia Saudita, mantuvo ese esquema hasta la consolidación del equipo en Primera y su fichaje por el Sevilla en 2018.

“Mi primer 3-5-2 era, en realidad, un 5-3-2 pero luego introduje más matices y diferencias. La ventaja de este sistema es que siempre tienes posibilidades de dar pases en diagonal, que es mejor que darlos en paralelo”, reconoce Machín. El tono distintivo lo marcan los carrileros por la altura que ocupan en el campo. “Es importante que hagan dudar a los laterales contrarios porque si estos salen de su zona, tus delanteros tienen más espacios”, explica. Además de la altura de los carrileros importa su naturaleza futbolística. “Para mí es básico que tengan desborde y centro”, añade, evocando la excelente labor que hacían Maffeo y Aday en las bandas.

Pablo Machín, en una entrevista con El Periódico.

/ Jordi Cotrina

La ventaja de este sistema es que siempre tienes posibilidades de dar pases en diagonal, que es mejor que darlos en paralelo”

Pablo Machín / Entrenador del Al-Ain

Maniobra camaleónica

También Zinedine Zidane sucumbió a la tentación de Atlético y Barça del trío defensivo (Militao, Varane y Nacho o Ramos). Una aventura relativamente breve, más condicionada por las numerosas bajas que por el convencimiento. Ante el Barça maniobró camaleónicamente. Empezó con una defensa de cuatro (Vázquez, Nacho, Militao y Mendy) que amplió a cinco en la primera mitad retrasando a Valverde hasta que se lesionó.

Nagelsmann es un devoto de los tres de atrás con el Leipzig: ya se verá si lo mantiene en el Bayern, que nunca jugó así

A diferencia de Zidane, Koeman había recurrido más veces a la formación de tres. Lo tenía más por la mano. Lo empleó con la selección holandesa. Y, además, su ayudante, Alfred Schreuder, lo domina desde que ejerciera de segundo de Julian Nagelsmann en el Hoffenheim de Alemania y de Erik ten Haag en el Ajax.

Òscar Garcia Junyent ve el modelo de los tres centrales desde el punto de vista de refuerzo ofensivo. “Primero: tienes una salida de balón desde atrás más limpia; luego, los laterales te dan mucha amplitud, con lo que es más fácil encontrar a los interiores por dentro”, relata el extécnico del Celta, que recurre a esa receta en situaciones específicas. “Todos los sistemas pueden ser buenos, lo más importante es la idea de juego”, observa, antes de incidir en su preferencia de que los carrileros "sean extremos reconvertidos porque atacan como delanteros y estarán más protegidos por los centrales al no tener la costumbre de defender por dentro”.

Òscar Garcia Junyent, en un partido al frente del Celta.

/ Salvador Sas / Efe

Prefiero que los carrileros sean extremos reconvertidos porque atacan como delanteros y estarán más protegidos por los centrales al no tener la costumbre de defender por dentro”

Òscar Garcia Junyent / Exentrenador del Celta

Antonio Conte domina la fórmula: la trasladó de la Juve al Chelsea y luego de vuelta para el Inter

La incógnita de Nagelsmann

Nagelsmann, el nuevo entrenador del Bayern de Múnich, es un devoto de los tres centrales. Ya se verá si implanta su dibujo en el Allianz Arena. En realidad, es un devoto de retocar el sistema partido a partido. Nagelsman ha dibujado a su Leipzig a partir de su tres columnas defensivas (Halstenberg, Klostermann y Upamecano); a partir de ahí, variaba la distribución de piezas y la altura de sus dos carrileros (Mulieke y Angeliño). El Borussia Dortmund lo utilizaba con Lucien Favre, pero no con Edin Terzic, su sustituto a raíz de una debacle ante el Stuttgart. El Bayern no juega nunca con tres defensas y el Eintracht de Frankfurt lo hace siempre.

El Chelsea pasó por Valdebebas con el tridente de centrales. Utiliza esa fórmula desde la llegada de Thomas Tuchel en enero. Desde el primer partido ante el Wolverhampton de Nuno Espirito Santo, que juega igual. Un efecto espejo que se trasladó al marcador: 0-0. El dispositivo reportó rápidamente al Chelsea uno de los beneficios que buscan los entrenadores: la seguridad defensiva. Tuchel lo corroboró: 16 de los 22 partidos culminaron con la portería a cero. Usaba el 3-4-2-1 con el Paris Saint Germain hasta que le echaron. Con tres centrales y distinta disposición ofensiva juega el Olympique de Marsella desde la reciente llegada de Jorge Sampaoli.

Militao y Varane saltan con Rüdiger en un duelo de centrales durante el Madrid-Chelsea de la Champions.

/ Javier Soriano / Afp

Tuchel, con el Chelsea, ha manternido la portería a cero en 16 de los 22 partidos

La moda pasó por la Premier

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Mikel Arteta lo emplea de vez en cuando en el Arsenal. Tres años estuvo como segundo de Pep Guardiola en el Manchester City en una época en la que los celestes se asentaban con Stones, Otamendi y Kompany. La moda pasó por la Premier porque lo utilizaban el Tottenham, el Chelsea de Antonio Conte y, ocasionalmente, el Arsenal de Arsène Wenger.

Conte sigue fiel al dibujo. Lo ha trasladado de la Premier a la Serie A. Del Chelsea al Inter de Milán, con el que se proclamará campeón de Liga con sus tres torres atrás. También las tiene la Juventus, pero Andrea Pirlo, en su primera campaña en la elite, busca el camino, angustiado por su mala situación.