28 may 2020

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BARRACA Y TANGANA

Sin falta

Qué ganas tenía de que volviera la Bundesliga para no verla porque no quiero verla, no porque no pueda

Enrique Ballester

Saif Sane, del Schalke, lamenta un gol del Dortmund.

Saif Sane, del Schalke, lamenta un gol del Dortmund.

Hay gente capaz de hacer cualquier cosa porque hay gente capaz de creerse cualquier cosa.

Cuando iba al instituto, no pasaba un mes sin que alguien dijera que se había muerto Manolo Kabezabolo. Si no era Manolo Kabezabolo, era Robe Iniesta, pero alguno moría siempre por sida o por sobredosis, que supongo que eran las muertes que considerábamos dignas de estas estrellas del punk y del rock. Yo me lo creía, la verdad, porque lo veía verosímil, y ni tan mal: aquello me apartaba del exceso con la droga, respecto a la sobredosis, y las chicas ya se encargaban por su cuenta de alejarme de las enfermedades de transmisión sexual. Mi credulidad tendía entonces al infinito: también comenzaba cada temporada convencido de que mi equipo iba a subir. Creía al presidente, creía al entrenador y creía a los jugadores. Creía hasta a los periodistas, me lo creía todo, en la teoría. Apenas tardamos 11 temporadas en subir, en la práctica.

Pero empezaba cada año y ahí estaba. Ilusionado con los fichajes, renovando el carnet y planificando viajes. Por mi equipo era capaz de hacer cualquier cosa porque era capaz de creerme cualquier cosa. La vida es más fácil cuando crees.

Cuando iba al instituto y jugaba en un equipo, no había partido sin que se diera la siguiente situación. Un rival manejaba la pelota de espaldas a portería y uno de nuestros defensas le encimaba. El entrenador le gritaba 'sin falta'. Nosotros le decíamos 'sin falta'. Los padres desde la banda le ordenaban 'sin falta'. Pasaba un avión con una gran pancarta en la estela, donde se podía leer un bonito lema: 'Sin falta'. Nuestro defensa, evidentemente, terminaba haciendo falta. Y el entrenador se giraba al banquillo para blasfemar. Nosotros abríamos los brazos como inquiriéndole, pero hombre, te estamos diciendo 'sin falta'. Los padres se iban a almorzar al bar. Nuestro defensa se encogía de hombros y protestaba con la boca pequeña. Sabía que había hecho falta, todos lo sabíamos. Sabía que no debería haberla hecho, pero no lo podía evitar. La vida sería más fácil si no hiciéramos lo que sabemos que no hay que hacer, pero a menudo no lo podemos evitar.

Expectativa y realidad

Cada temporada la vida es más difícil y cuesta más creer. Ahora cada vez que mi equipo anuncia un fichaje creo que me van a estafar, no lo puedo evitar. Ahora pienso que moriremos todos menos Robe Kabezabolo, por compensar.

Ahora, como antes, todo es cuestión de equilibrar expectativa y realidad. O no. Tenía tantas ganas de fútbol, de volver a ver un partido de 'verdad', que a las 15.20 horas he conectado desde el sofá con la previa del Dortmund-Schalke. A las 15.24 me he sorprendido de conocer a tantos futbolistas. A las 15.31 ha arrancado el partido. A las 15.33 he empezado a aburrirme. A las 15.35 casi marca el Dortmund y me ha dado lo mismo. A las 15.37 el Schalke ha tirado una falta a la barrera y a mí se me ha dormido una pierna. A las 15.39 he podido por fin levantarme y me he ido. Qué ganas tenía de que volviera la Bundesliga para no verla porque no quiero verla, no porque no pueda. Qué ganas tenía de algo parecido a la vieja normalidad.