a los 61 años

Muere Parrita, cantaor y rey de los 'tangos arrumbaos'

Residía en Rubí y ha fallecido en Terrassa, debido a un derrame cerebral que sufrió días atrás

Vicente Castro Giménez, ’Parrita’, en una foto del 2016. 

Vicente Castro Giménez, ’Parrita’, en una foto del 2016. 

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Rey de la ‘balada gitana’. Emperador de los llamados ‘tangos arrumbaos’. Seguramente en las últimas décadas no ha habido una sola boda gitana en la que alguien no se haya arrancado a cantar alguna pieza suya. Parrita era grande. Muy grande. Muchísimo más que un superventas de gasolinera. Intérprete mayúsculo. Ingente compositor. 

Figura capital de la música gitana. Y del flamenco, sí. Por más que certámenes y programadores culturales raramente contaran con él, gozaba de encendida admiración entre los más consagrados artistas del género.

Vicente Castro Giménez, ‘Parrita’, fallecía el lunes a los 61 años, tras un derrame cerebral sobrevenido en plena sesión de diálisis. Llevaba años plantando cara a serios problemas de salud. Como si de una rima del destino se tratara, el disco que tanto tiempo llevaba intentando terminar iba a titularse: ‘La ciudad de los abrazos’. Huérfanos de abrazos, en los tiempos que corren, y también de ese arte tan ignorado mediáticamente como venerado entre los suyos. Y bastantes más, de hecho la canción que iba a darle título tenía que ser un dúo con David Bisbal.

Cantando por los merenderos

Nació en el barrio valenciano de Nazaret. Iba a ganarse la vida pescando con su padre ya de adolescente y luego, para juntar algunas pesetas más, cantaba por los merenderos de la playa. Se plantó en Barcelona con 20 años y ya más adelante fijaría definitivamente su residencia en Rubí. Corría 1982 cuando se le abrieron las puertas de una discográfica, aunque fuese a costa de que quisieran venderlo como un émulo de Manzanita. Lo lanzaron incluso también con una versión de Cecilia, el ‘Dama, dama’. Sin embargo, muy pronto quedaría claro que no había venido a imitar a nadie. Es más, crearía con sus propias maneras una inacabable escuela.

De voz inconmensurable e inabarcable obra. Canciones y más canciones de su puño y letra. A raudales.  La más conocida por el gran público aquella que hizo para Niña Pastori que decía “Échame una mano, prima…”. Patriarca en el mejor sentido del término. Fraguó como nadie la mixtura entre los tangos y la rumba flamenca. Y otorgó carácter de raza a la balada romántica. Mucho más que simple acento flamenco o deje gitano. Porque Parrita sonaba jondo hasta cuando respiraba.

En los inicios de Rosalía

Detectaba al vuelo el nuevo talento. Fueron palabras suyas una de las mayores alegrías que tuvo Rosalía en sus inicios. Como la mayoría de la gente, él aún no la conocía. Y ambos participaron entre otras muchas voces en un disco impulsado por el guitarrista Manuel Algiva. Cuando a Parrita le preguntaron en una entrevista lo que más le gustaba de aquel trabajo, sin pensarlo dijo que era lo bien que cantaba aquella chiquilla llamada Rosalía. Ya en la cúspide, ella versionaría en sus espectáculos un trozo del clásico parritero 'Cositas del ayer' y hasta lo incluiría en su celebrada intervención en la gala de los premios MTV 2019.

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Valedor de infinidad de incipientes valores y no solo de su cuerda. Antonio Orozco siempre recuerda el espaldarazo que en sus inicios le brindó cuando era un dependiente del Pryca. Y por su parte, Parrita tuvo la bendición unánime del mundo flamenco más cabal. Grabó con muchos de los mejores. Incluso Paco de Lucía le invitó a cantar en su último disco.

Artista de artistas. Hace cuatro años cuando parecía plenamente recuperado, un Miguel Poveda entusiasmado cantaba junto a él. Y poco antes, en la misma sala Apolo, protagonizaba junto a Chiquetete Moncho el sensacional espectáculo ‘Gitanos’ cuyo posterior recorrido truncarían los acontecimientos.