01 abr 2020

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Visto en Twitter

Auriculares para niños: un profesor los receta como método para no criar "adolescentes cretinos"

En un hilo viral, explica cómo hay que poner límites y normas básicas para que aprendan a convivir en espacios públicos

Diferencia entre lo inevitable, como llorar, y lo permisible: "No vale con decir es que son niños"

María Aragón

Varios niños con tabletas. 

Varios niños con tabletas. 

"Es que son niños". La frase es repetida hasta la saciedad para justificar el comportamiento de los menores en público, pero hay quien la cuestiona y va al trasfondo: Educación. En un hilo viral en Twitter, un profesor pone de manifiesto la necesidad de romper con eso y enseñar a los menores conceptos básicos de convivencia para, literalmente, "no contribuir a criar niños cretinos que sean adolescentes cretinos".

Se refiere así al comportamiento de los jóvenes en el transporte público, por ejemplo, donde llevan los móviles con música a todo volumen como si no estuvieran compartiendo espacio con más gente que puede no estar muy conforme con ese ambiente. Por ello, pide reflexión a los padres e intervención para enseñar a los menores unas reglas mínimas.

Para empezar, comprando auriculares a los niños desde pequeños, enseñándoles a respetar el espacio de los demás.

Desde pequeños aprendemos a comportarnos, y ser ciudadanos cívicos es esencial para dicha convivencia, así que los padres deben poner su esfuerzo en colaborar en ir en esta línea.

De ahí que Juanito haga diferencias entre lo normal e inevitable, lo normal y deseable, y lo no normal y ni permisible. Matices que parten de la educación que se esté dando a los niños.

Por eso busca eliminar las constantes justificaciones. ¿Son niños? Efectivamente. Pero no son animales, y tienen capacidad de aprendizaje.

Partiendo de esta base, evitaríamos debates también en la vida adulta. La tolerancia, hacia cosas inevitables y lógicas de la edad, pero no hacia lo que es una cuestión educativa.

En definitiva, señala que hay responsabilidad y culpa para repartir cuando se produce un mal comportamiento en público. Y por eso, quita carga a la sociedad y apunta directamente con el dedo: los padres.

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