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Visto en Twitter

La policía que denuncia el machismo de sus propios compañeros en comisaría

Sonia Vivas narra episodios de "compadreo" de otros policías con detenidos por violencia machista

Explica cómo se ríen de las víctimas, cuestionan sus testimonios o incluso las humillan

María Aragón

Un coche patrulla de la Policía Nacional.

Un coche patrulla de la Policía Nacional. / FERRAN NADEU

Sonia Vivas está harta del "compadreo" de sus compañeros policías cada vez que hay violencia machista por medio, incluso con los agresores. Risas entre ellos, cuestionamiento de las víctimas...Un sinfín de situaciones que han provocado que esta policía que trabaja en una comisaría de Palma se convierta en un icono feminista en su ámbito.

Pese a las dificultades y consecuencias que esto le ha traído durante los 14 años de profesión, Sonia no calla ante las injusticias que ve a su alrededor.

En los últimos días, con el auge de Vox y el cuestionamiento de la Ley contra la Violencia de Género, ha vuelto a poner el foco en lo que vive constantemente. Lo ha hecho a través de diferentes mensajes en Twitter donde ha puesto de manifiesto la necesidad de educar a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad en igualdad. 

La reacción no tardó en llegar, incluso por parte de compañeros de profesión. Algunos testimonios para darle la razón y narrarle más episodios similares y hablar de los que llaman "polimachitos insensibles".

En el artículo 'Cuerpos de inseguridad feminista y el aliento del cromañón', publicado por la propia agente en Diario 16, explica cómo ser mujer, feminista, lesbiana y policía en activo y hablar de este machismo le lleva a un lugar complejo. "En un espacio de confrontación casi peligroso en el que, debido a tus impresiones, las violencias de todo tipo comienzan a atravesarte".

En él, explica que esta identidad es patriarcal y "machista en esencia", por lo que "abre la veda para que los machirulos con placa apoyados por una milicia de desesperadas compañeras que no quieren bajo ningún concepto ser tachadas de feministas, comiencen a torpedearte con expedientes administrativos y procesos internos para lograr taparte la bocaza". Una sensación que, insiste, no trata de generalizar sino de hablar de culturas y pilares sobre los que se construye una colectividad. 

A raíz de este mensaje, ha ido explicando situaciones concretas que ha vivido en estos años de profesión. Como cuando sus compañeros cuestionaron si una prostituta podía ser violada. 

O cuando bromearon sobre la posibilidad de hacer una felación sin desearla. 

También narró la situación que ha vivido "mil veces" cuando una mujer es agredida y acude al cuartel. La humillación de la víctima, ponerla en el mismo espacio que a los agresores. 

En definitiva, está harta de esos corrillos en los que se pone en duda la versión de la víctima, algo que—dice—no sucede cuando están otros delitos por medio.

Y por último, hace un cuestionamiento: asegura que el delito más común por el que ha visto que se retira un arma es precisamente porque sus mujeres les han denunciado por violencia de género. Y pide datos al respecto.