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Misterio tras una lápida de la Primera Guerra Mundial: ¿Por qué estos dos soldados fueron enterrados juntos?

Un tuitero narra la bonita historia de amor de dos jóvenes que se truncó por la familia y la guerra

El relato ficticio atrapa a miles de personas en esta red social

María Aragón

Misterio tras una lápida de la Primera Guerra Mundial: ¿Por qué estos dos soldados fueron enterrados juntos?

Los misterios que parecen difíciles de resolver se han convertido en todo un género en Twitter, donde arrasan las historias con un mínimo de intriga. Esto lo sabe Guillem Clua, que ha retenido a miles de personas durante varios días para contar la enigmática historia de una lápida en la que se muestra el nombre de dos soldados fallecidos en distinta fecha.

Pertenecientes al Imperio Austrohúngaro, ambos fallecieron en la I Guerra Mundial. La tumba se sitúa en un cementerio alemán junto a la Iglesia de la Colina en Sighisoara (Rumanía), un lugar donde hay unas 30 tumbas simétricas con un nombre para cada soldado. Salvo esta excepción. 

Al verlo, automáticamente pensó que eran pareja, así que se puso a investigar. Preguntó a la mujer que vendía entradas del templo, quien respondió "amigos". ¿Qué clase de amigos?

Allí da con un museo en el que encuentra información de personajes de la épica, entre los que se encontraban los Muler, una familia de origen alemán a finales del siglo XIX y que tenían dos hijos, Adolf y Emil.

Emil tuvo que interrumpir sus estudios en la universidad de Munich para ir a la guerra.

No había más información de Emil Muler y ni rastro de Xaver Sumer. Parecía que hasta aquí había llegado la investigación.

Pero Guillem no tira la toalla. Las incógnitas son demasiadas para abandonar su misión, así que entabla una conversación con el señor del museo. Él le cuenta que es de Barcelona, y al hombre se le ilumina la cara. "Eres catalán". Afirmativo. Y le recomienda ir a comer a la "casa del catalán", Bastion. Y aquí la historia da un giro. ¿Qué tendrá que ver todo esto? 

No saben mucho más, salvo que en los 90 estaba prácticamente en ruinas y que se reformó. Arriba, en la sala superior, había unos cuadros amateurs. Uno llama su atención, en el que pinta una casa con la torre del reloj al fondo. Se le para el corazón.

Ahora entiende que el autor del cuadro, X. Sunyer, es Xaver Sumer. El nombre del cuadro, 'Emil's room', La habitación de Emil, lo decía todo.

Después de recorrer toda la ciudad preguntando a la gente si reconocía esa casa, dio con ella.

¿Vivirá alguien? ¿Conocerán la historia? 

Y aquí viene la bomba. La señora dice que la casa pertenecía a su familia. Estaba ante Dorothea Taschler, hija de Helmut Taschler y Maria Muler, hija de Adolf Muler (hermano mayor de Emil).

La historia comenzaba a encajar. Emil y Xaver se conocieron cuando eran adolescentes como muy tarde, una amistad que se rompió cuando Emil se fue a Munich en 1912 mientras Xaver se quedó en Sighisoara, donde echaba tanto de menos a su amigo que pintó su habitación desde fuera un año después.

La mujer se pregunta si quizás la familia de Xaver no tenía dinero para su propia tumba, una explicación que para nada convence a Guillem.

Acto seguido, pide subir a la habitación de Emil. Allí encuentra frescos y todo tipo de elementos antiguos. Dorothea le pide seguir a una habitación que no está destinada a los huéspedes del hotel, de donde saca una maleta con las iniciales EM. Dentro, un maletín con docenas de fotogafías de Emil. Había mucho trabajo por delante.

Fotos y fotos buscando a los protagonistas, hasta que por fin da con una foto de 1914 y firmada: Xaver Sumer. Por fin ponemos cara a los dos soldados.

Gracias a las fotos y los reversos, descubre que lucharon en destinos diferentes. Xaver en el norte, al frente de Varsovia, mientras Emil defendía posiciones transilvanas contra Serbia.

Pero la pregunta seguía sin resolverse. ¿Por qué enterrarlos juntos? Se niega a abandonar su historia y borrar de nuevo lo que vivieran juntos, así que no se da por vencido y vuelve a repasar todas las fotografías buscando el más mínimo detalle.

Había que fijarse muy bien. Tanto que casi ni se aprecia. ¡Ahí estaba el cuadro!

En la imagen estaba Hermann Balan, alcalde de la ciudad en los años cincuenta. Era amigo de Emil en el instituto, y probablemente también de Xaver. Llaman a la familia y se dirigen a la plaza de la ciudadela donde vive Alina Balan, nieta de Hermann. Encantada de ayudarle, le enseña la mansión, repleta de cuadros.

¿Cómo era posible que hubiese dos cuadros iguales? Uno en el restaurante, otro en la mansión... Pero la nieta matiza, para nada son iguales. Está pintado tres años después del primero, en 1916. Pintó muchos más, pero se perdieron. Ella conoce toda la historia. Palomitas.

Hermann notó que sus dos amigos se distanciaban de él y cuando descubrió el motivo se lo contó a sus padres, que no tardaron en tomar medidas. Herr Muler mandó a Emil a estudiar a Munich. La relación de todos se había roto por completo. Pero entonces estalló la guerra, y Emil volvió herido en 1915, en un estado muy delicado por una bomba de cloro, quedando postrado en la cama. Cuando Xaver se enteró, quiso verle.

Así que Xaver se plantó cada día bajo la ventana de Emil, donde esperaba que tuviera fuerzas para levantarse, mirar por la ventana y verle. Así que, mientras esperaba, pintaba el cuadro una y otra vez.

Xaver envió una carta a Emil, de nuevo con su firma en catalán, apenas unos días antes de que falleciera.

Hermann trató de disculparse, pero a Xaver no le valían sus palabras. Le propinó un puñetazo y le rompió la nariz. Entendió que su dolor físico no era tan profundo como el que habían sentido sus amigos, y se propuso solucionar la situación plantándose en casa de los Muler y pidiendo un último encuentro entre ellos. La familia se negó y le entregaron la carta para devolvérsela a Emil, pero se la guardó. En una visita, pidió perdón a su amigo y le leyó la carta en un susurro.


Emil pidió ayuda para levantarse y se acercó a las ventanas, donde miró por primera vez en años.

Esa noche, 12 de diciembre de 1916, Emil falleció con 22 años.

Xaver se presentó en el entierro, donde el cura interrumpió la homilía al verle entrar. Herr Muller lo agarró por las solapas y lo arrastró al exterior. Xaver suplicaba entre lágrimas que sólo quería despedirse. El padre lo lanzó al suelo le dio varias patadas.

Con Emil muerto, su vida allí no tenía sentido. Su única salida era la muerte. Volvió a la guerra. Inevitablemente fallece, pero en el certificado de defunción aparece una palabra muy clara: "Suicidio".

Se quitó la vida con 24 años, roto de dolor por la muerte del amor de su vida. Fue enterrado en Oradea con una cruz blanca. Había 300km de distancia entre ambas tumbas. 

A Guillem se hacía tarde, pero quería saber la respuesta a la pregunta inicial. ¿Por qué están enterrados juntos? "La respuesta ha estado delante de ti todo este tiempo".

Jamás se perdonó el dolor que había causado. La culpa le acompañó toda la vida. Finalizada la guerra y pasados los años, muchas ciudades hicieron memoriales para honrar a los soldados. El encargado era un alto funcionario llamado Hermann Balan. 

Cuando decenas de personas acudieron a ver el memorial, se encontraron con esta lápida. Herr Muler entró en cólera. ¿Cómo se atrevía a mancillar el honor de su hijo?

Con toda esta información, Guillem volvió frente a la lápida e imagina a dos jóvenes enamorados que se dan el primer beso, que entrelazan sus almas para siempre. Y él, se siente partícipe de un amor inmortal. Casi como en una plegaria, dice: "Vuestra historia ha sido contada".