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Los 10 consejos para educar en feminismo

Una tuitera rescata las claves para una educación en igualdad a través de los textos de la escritora y feminista Chimamanda Ngozi Adichie

Imagen icónica del feminismo.

Imagen icónica del feminismo. / ARCHIVO

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María Aragón

¿Cómo puedo educar a mis hijos en el feminismo? Te lo puedes haber preguntado en numerosas ocasiones, y en una sociedad donde estereotipos y formas tradicionales de educación se imponen casi sin querer, hay quienes han tratado de establecer unas pautas para enseñar a los niños a crecer en igualdad. 

La tuitera y feminista Yolanda Rodríguez ha tomado como referencia a la escritora y feminista Chimamanda Ngozi Adichie, autora de ensayos como 'Todos deberíamos ser feministas' y 'Cómo educar en el feminismo'. 

Yolanda hace un repaso de las diez cuestiones básicas para que los hijos crezcan en un ambiente de igualdad. 

En primer lugar, y como uno de los elementos más importantes, es que las mujeres deberían ser plenas por sí mismas, sin necesidad de considerarse madres o esposas, y sin tener que pedir perdón por tener plena autonomía a través de una carrera profesional.

Las frases que tienen como objetivo demostrar que alguien "ayuda en casa" o "ayuda a la mujer", en este caso refiriéndonos a los hombres, deben erradicarse. Las tareas del hogar y de cuidado de los hijos son comunes, cosas de dos, y en ningún caso la mujer carga con todo y el hombre "ayuda".

Especial cuidado con los roles de género, porque los niños crecen asimilando estos conceptos. Eliminar estas tradicionales decisiones en cuanto a ropa, color de habitación, tipos de juguetes que se le regalan o tareas que realizan en casa ayudaría a que los niños crezcan sin esos estereotipos y en un ambiente más igualitario.

Se es feminista o no se es, pero no puede haber un término medio. 

En tiempos de confrontación por casi todo, el lenguaje es esencial para comunicar. De nada sirve el feminismo si no se puede enseñar a los hijos la igualdad con términos que entiendan. Por tanto, mejor no utilizar la jerga que se pone en práctica dentro del movimiento, y sí unas ideas más claras para los menores.

Hay que enseñar a las niñas que no hay necesidad de gustar. No hay que resaltar constantemente su físico, su ropa, lo guapas que están, porque alimentará su idea de que debe estar así para gustar. Por otra parte, debe aprender a quejarse, a decir que no, y a utilizarlo cuando crea necesario. 

En cuestión de estereotipos, la autora incide mucho en la feminidad. La idea genérica de que las feministas renuncian a su feminidad y a su imagen es errónea y así lo tienen que aprender. 

Hablar de sexo es importante para las mujeres. El hecho de que hasta ahora fuera un tema tabú ha provocado que las prácticas sexuales entre los jóvenes se asemejen a lo que visualizan a través del porno. Niños y niñas deben recibir educación sexual, pero especial incidencia en ellas para que sepan decir qué quieren hacer y qué no. También en el amor, donde deben comprender desde pequeñas que el amor es mutuo, no desvivirse por una persona, y que está lejos de lo que conocemos como amor romántico con situaciones de control, celos o sentimiento de pérdida constante. 

Conseguir que los niños no vean rara la diferencia, sino todo lo contrario. Que sean capaces de entenderlo y de respetar a todo el que considere distinto. Que no solo no sienta rechazo, sino que ame esas diferencias. 

Por último, rodearles de personas fuertes y feministas, para que pueda tener feedback constructivo y positivo de sus referentes y ayudarle en ese crecimiento personal en búsqueda de la igualdad. 

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