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CIENCIA & ARTE

Joyas con ADN, lo último para brillar por siempre

Una empresa de Mataró es pionera en España en encapsular el genoma para lucirlo en sortijas, pendientes y colgantes

Laura Estirado

Las cadenas de ADN forman una nebulosa blanquecina que se puede atrapar en una resina, primero, y en una gema después.

Las cadenas de ADN forman una nebulosa blanquecina que se puede atrapar en una resina, primero, y en una gema después.

A finales de los 80, la banda cántabro-bilbaína El Norte fue número 1 de los 40 Principales con aquella balada no apta para diabéticos -luego convertida en campaña publicitaria en el 92-, titulada Entre tú y yo [un diamante es para siempre], que decía así: "Esa chica enamorada / Que me mira y no se aclara / Es la chica de mi vida / Es el sueño de mi vida / Es el sueño que buscaba / Quise que me recordara / Y que nunca me olvidara / Entre tu y yo / Un diamante es para siempre / Entre tu y yo / Nuestro amor es para siempre". En realidad reivindicaban el que fue acuñado como el mejor eslogan del marketing del siglo XX.

En la década de los 50, a una de las jóvenes publicistas de la agencia de Pennsylvania N. W. Ayer & Son, la mad men -o mejor dicho, la mad womanFrances Gerety se le ocurrió la manera de relanzar el negocio del británico Cecil Rhodes en Sudáfrica, la empresa De Beers, con la famosa frase de "Un diamante es para siempre". Se trataba de asociar los pedruscos brillantes al compromiso matrimonial, una costumbre hasta entonces inédita. La idea hizo mella en el imaginario colectivo, si bien se basa en algo falaz, un mito. Resulta que los diamantes no son para siempre. Poco a poco, muy-po-co-a-po-co,  acaban transformádose en la forma más estable del carbono, el grafito; en la mina de un lápiz, vaya.

Agustí Arasanz, el biólogo y promotor de la joyería con ADN.

Reacción fascinante

Ahora al biólogo Agustí Arasanz se le ha ocurrido otra forma de hacer brillar por siempre a una persona, o a cualquier ser vivo. Desde hace un año impulsa en un nuevo concepto de joyería, innovadora y futurista, pero con muchos quilates de valor emocional. Después de trabajar muchos años en el Parc Científic de Barcelona, en el departamento de genómica, se le ocurrió la idea al comprobar la reacción de la gente cuando contemplaban por primera vez la fascinante forma en la que se presenta el ADN al hacerse visible. 

Desde el Tecnocampus de Mataró, donde se ubica la empresa Orygen, hace joyas con la esencia del ser humano, con la nebulosa blanquecina que contiene nuestro código secreto, nuestra herencia vital. Algo que, además, se puede regalar en forma de sortija, collar o pendientes.

La idea, morbosa para algunos y original para otros, es pionera en España, si bien hay competidores en Japón, Francia y Estados Unidos. Sin embargo, la forma de encapsular el ADN de Orygen es completamente nueva. 

También para mascotas

"Los clientes que tenemos son muy variados, pero básicamente son personas que buscan un regalo diferente, muy personal y que entienden el concepto. Además del mercado español vendemos a otros países, como México, Italia e Inglaterra", explica Mònica Alonso, cofundadora de la empresa. Ella también detalla que colaboran con una distribuidora veterinaria que vende joyas para guardar el ADN de las mascotas, y es un nicho que también les funciona muy bien, asegura.

Podría hablarse de una mezcla de "ciencia y arte", según sus creadores. "Lo que hacemos es juntar miles de estas cadenas de ADN para formar una nebulosa que encapsulamos en un medio, una resina, y sobre esta resina le damos calidad poniéndole cuarzo, topacio u otros elementos", explica Arasanz. El método, basado en la propia naturaleza, y en los fósiles conservados en ámbar, "mantiene en la joya el ADN estable y en buena calidad durante muchos años", asegura el biólogo.

Joyeros artesanos elaboran las piezas, en 12 modelos en plata y con cuarzos y topacios.

La experiencia comienza con la elección de la joya -tienen diferentes colecciones donde elegir pendientes, colgantes, anillos y charms diseñados por varios joyeros-, prosigue con la recolección de la muestra de ADN -basta un poco de saliva- , y culmina con la creación artesanal de la pieza y el envío al domicilio del cliente. Más o menos el proceso dura dos semanas, y los precios van desde los 150 a los 360 euros.

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