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Nueva antigua moda

Tatuajes para olvidar una cicatriz

Especialistas en cirugía y tatuadores explican a sus clientes las ventajas e inconvenientes de los dibujos sobre la piel de césareas y quemaduras

Txerra Cirbián

Wang Ruoyu, de 37 años y madre de un adolescente de 16 años, feliz con su tatuaje del estudio Samurai de Shanghai.

Wang Ruoyu, de 37 años y madre de un adolescente de 16 años, feliz con su tatuaje del estudio Samurai de Shanghai.

Que el mundo de los tatuajes se ha extendido exponencialmente es una verdad como una casa: destacan, y de qué forma, sobre la piel de famosos de todo tipo, como las actrices Angelina Jolie y Scarlett Johansson, cantantes como Rihanna, Lady Gaga y Ricky Martin, y futbolistas como Messi, Neymar, Ramos, Alves y Beckham, por citar solo unos cuantos.

Pero aquí no hablamos de la historia del tatuaje, que en Barcelona tiene un pasado, ni de esa moda de las estrellas, sino del hecho de colorear la piel para ‘olvidar’ una cicatriz. Una posibilidad que hace unas semanas llegaba en forma de noticia desde China: el estudio Samurai Tattoo de Shanghai hizo una campaña para realizar gratuitamente un dibujo en el abdomen de jóvenes madres que habían tenido un bebé mediante cesárea, una técnica de la que se ha abusado en China.

ALY SONG / REUTERS  

Un artista del estudio Samurai de Shanghai mide la cicatriz de la cesárea de Wang Ruoyu, de 37 años, que fue madre a los 21.

El dueño del estudio, Shi Hailei, de 32 años, se inspiró en la artista brasileña Flavia Carvalho, que ofrece tatuajes a mujeres marcadas por la violencia doméstica. La fotógrafa Aly Song tomó centenares de fotos, algunas de las cuales ilustran este reportaje. Pero la cuestión era comprobar si esta idea también se está practicando en nuestro país.

Juanma Zoombie, un veterano artista de Logia Barcelona, un estudio donde se publicitan este tipo de tatuajes, afirma que esta “no es una práctica de ahora, sino de hace años”. Zoombie, que está cubierto de tattoos y lleva aros de madera en los lóbulos de ambas orejas, está adscrito a la línea ‘new school’, un estilo que imita al cómic. Lleva más de 20 años en la profesión y por eso suele encargarse de este tipo de clientes, que no son muchos: “cuatro o cinco personas al año” acuden a él para “disimular o tapar cicatrices de cesáreas, quemaduras o estrías”.

Hay más mujeres que hombres“, añade: mientras estos vienen con la idea de “me quiero tatuar y así aprovecho para taparme la cicatriz”, las primeras dicen: “No quiero un tatuaje, pero así me taparé esa cicatriz que me hace sentir fea”.

AUTOESTIMA

ALY SONG / REUTERS  

Wang Jing, de 46 años y con una hija de 20, espera a ser tatuada por el artista Shi Hailei.

En efecto, “una cicatriz es una marca que afecta a la autoimagen, a la autoestima de una persona”, explica el doctor Javier Herrero, cirujano plástico de renombre. “Y no digamos cuando existe la amputación de un pecho o una quemadura”, añade. “Y si esa persona se implanta una imagen personalizada y única, transforma una cosa negativa que no se ve (la cicatriz) en algo positivo que se ve (el tatuaje) y es bonito”.

El doctor Herrero recuerda, con un ejemplar en la mano de ‘Modern primitives’, un libro de V. Vale y Andrea Juno de 1989 sobre las modificaciones del cuerpo, desde los tatuajes hasta las perforaciones, anillados y escarificaciones, que “los tatuajes, en otras culturas y razas tenían un significado, un lenguaje con una base profunda, que en culturas primitivas representaban a su comunidad frente a otras”.

En cambio, en las culturas occidentales, lo que empezó como una moda, pasó a ser un lenguaje. “Si hace décadas un tatuaje era algo que llevaba un marinero de las Ramblas o un recluso en la cárcel, desde hace unos años tatuarse comenzó a ser un acto de transgresión, de ruptura con la generación anterior”.

CUESTIÓN DE PSICOLOGÍA

ALY SONG / REUTERS

El artista Shi Hailei tatúa el vientre de Shi, una mujer de 32 años, ante la mirada de su hijita.

Así, si antes “a los especialistas en cirugía estética nos llegaba gente para que les borrásemos tatuajes, ahora es una postura estética que empieza a implantarse en la sociedad, y cada vez se ve más gente muy o extremadamente tatuada”, detalla.

Y qué hace un tatuador cuando le viene alguien con una cicatriz así: “Hay que valorar varias cosas. La primera, aplicar la psicología”, explica Juanma Zoombie. Porque, “¿qué es más importante, la marca en sí o que, además, lleves un tatuaje para toda la vida, como solución emocional que, igual, tampoco ayuda? El dibujo puede disimular un poquito la cicatriz, pero sigue estando ahí y la gente quizá te va a mirar la zona aún más”, razona.

¿Y el cliente cómo responde? “Se quedan confusos. Cuando alguien quiere tatuarse, lo tiene claro. Le cuentas lo que tienes que explicar, las técnicas a emplear y se dejan aconsejar por nosotros, como artistas que somos. Pero con las otras personas, es más complicado. Les has de explicar que esas zonas son más sensibles, que pueden sentir dolor”.

SENSIBILIDAD AL DOLOR

ALY SONG / REUTERS

Grace Yuan muestra el tatuaje realizado sobre su cesárea.

Hay que recordar al lector que un tatuaje es un dibujo hecho mediante una aguja que inyecta tinta bajo la epidermis de una persona. Esos ‘pinchazos’ seguidos son más o menos dolorosos según la tolerancia de cada persona y dónde se realiza el mismo: las zonas menos sensibles suelen ser la parte superior del brazo, antebrazos, pantorrillas, muslos y glúteos. “Una cesárea, por ejemplo, se encuentra en una zona más sensible”, indica Zoombie.

El artista explica que hacer uno de estos dibujos puede ser lento, en función de lo que quiera el cliente “y lo extenso que sea el tatuaje, los detalles que tenga”. Los diseños florales son la mejor opción para una cesárea, por ejemplo “porque se pueden hacer más o menos grandes, con muchos matices de líneas, colores y cambios de tonalidades, que permiten disimular mejor la cicatriz”. Cuando se le sugiere si no sería más adecuado que actuara un cirujano plástico sobre esas cicatrices,  responde: “Ahí no podemos entrar nosotros, porque lo desconozco”.

UNA OPCIÓN ESTÉTICA

ALY SONG / REUTERS

Tatuaje sobre la cicatriz de la cesárea de Kiki, una joven de 25 años, madre de un niño de 5.

El doctor Manel Romaní, que fue vocal y vicepresidente de la Societat Catalana de Cirurgia Plàstica Reparadora i Estètica durante varios años, apunta que “hacerse un tatuaje sobre una cicatriz ni es bueno ni es malo; sino una opción estética”. Y aunque a él, personalemente, no le gustan –“llámeme antiguo, pero su imagen me recuerda otras épocas”—reconoce que “ahora los dibujos son mucho más artísticos”. Pese a ello, advierte que “un tatuaje, por muy chulo que sea, es para toda la vida”.

Y sabiendo este aspecto, “si tú quieres disimular una cicatriz con un tatuaje, recordando que es para siempre, pues adelante, es un tema estático que depende de la autoestima de cada persona”. En todo caso, recuerda Romaní que “una cicatriz siempre será una cicatriz; si en el posoperatorio se ha hecho bien, la cicatriz ha de ser plana y fina y tiende a disimularse con la edad; en caso contrario, mediante la cirugía estética se puede mejorar, adecentar, allanar, cambiar el color…”.

El doctor Herrero también apunta que “antes de emboscar la cicatriz con un tatuaje” prefiere  valorar una solución médica, y “si se puede eliminar o disimular quirúrgicamente”. Ahora bien, si esa persona le pregunta por los tattoos, reconoce que si se lo pregunta un paciente y este no tiene ningún problema ni contraindicación, está dispuesto incluso a “recomendar el tatuador más adecuado”.

En este sentido, Arturo Rivera, un joven tatuador del estudio Soul Hunter de L'Hospìtalet, recuerda que “últimamente trabajamos bastante sobre cicatrices de abdominoplastia”, esas operaciones habituales de reconstrucción de la pared abdominal para eliminar el exceso de grasa. Y admite que cada vez le vienen más personas para que les dibuje un tattoo en esa zona.

Polémica sobre la epidural

Existe una cierta polémica sobre la posibilidad de que un especialista se niegue a aplicar una inyección epidural sobre una espalda tatuada. 
El doctor Romaní ignora si existe "literatura científica seria sobre los tatuajes en la zona lumbar, que es la que se usa para las anestesias regionales, tipo epidural e intradural". En todo caso, "con la aguja podrías empujar moléculas de tinta hacia el sistema nervioso central, dentro del líquido cefalorraquídeo; y no sabemos qué efectos podría tener una molécula de pigmento allí dentro". Para él, "existe ese peligro", que en todo caso, "no es aplicable a un tatuaje sobre la cicatriz de una cesárea". "Hacerse un tatuaje en la barriga es igual. O en una mastectomía. No son zonas donde se suela aplicar una anestesia”, añade. Por su parte, el doctor Herrero apunta: “Que un anestesista se niegue a pinchar una epidural si se tiene un tatuaje en la espalda es una 'leyenda urbana'. Faltaría más. Me extrañaría mucho que alguno de los anestesistas que conozco no quisiera ponerla. No tiene ningún sentido”, afirma rotundo.

Temas: Tatuajes

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